La democracia, asunto de_ propietarios

TOM PAINE

uienes celebran; como fin de la historia, lel derrumbamiento de las sociedades de (proletariosy están suponiendo que ha termmnado la lucha de clases en el mundo civilizado. No porque haya alcanzado la utopía s0cialista de una sociedad sin clases, sino en el sentido; perseguido por las grandes revoluciones atlánticas de finales del XVIII, de haber llegado a la sociedad de una sola clase, la sociedad de lucha de una conciencia de clase social expropiada; sino como fruto de impacientes aspiraciones propietarias de una conciencia de catesocial integrada. goría

Para los postrimeros de la historia; las masas populares han revolucionado los Estados sin sociedad civil, reivindicando con las libertades políticas el derecho a la propiedad privada? para instalarse instantáneamente en la misma conciencia que la clase obrera se ha forjado; en largo proceso de aburguesamiento. La sociedad de una sola clase implicaría su división en dos categorías de propietarios: actuales y potenciales . Las tensiones Y conflictos, subsi guientes en las sociedades avanzadas, no deben ser ya considerados como producto de la

Este cínico optimismo neoliberal pone entre paréntesis la compleja historia de los últimos ciento cincuenta años, para enlazar; simplemente, con el optimismo ingenuo de los precursores de la democracia. Pero si bien es verdad que éstos la concibieron; en sintonía con Rousseau, como la sociedad política de una sola clase, de propietarios, también lo es que, en oposición a los liberales, limitaron la propiedad de grandes medios de producción para no privar a nadie de independencia económica. Al decir de Jefferson, <la dependencia engendra servilismo y banalidad, sofoca el germen de la virtud y prepara las herramientas (Notas sobre Virginia,1791.) Las democra cias neoliberales no pueden legitimarse, por esta razón, en la tradición de sus precursores democráticos .