Manifiesto de cien intelectuales

TOM PAINE

os sentimientos humanitarios no impedi rán que las ' denuncias de <xenofobia) 'caigan en saco roto; a no ser que se vitali cen utilidad nacional de la <xenofilia). Especial mente en un que ha sacado rendimiento tu rístico de su tradicional generosidad con los fo rasteros; que ha enviado a SUS parados; como huéspedes laborables, a otros pueblos más industriosos; que ha alojado en otras patrias de su mismo carácter a multitudes emigrantes; que se ha visto privilegiado por el asilo extranjero a masas de compatriotas que huían de su inhóspito solar. país una ley histórica inexorable: el Estado, en los momentos de su creación 0 de su transformadad cultural con huéspedes afines; para dejar

ción, sacrifica intensos sentimientos de identi espacio de arraigo a extensos sentimientos de novedad nacional con poblaciones rivales.

El Estado no obliga para sentirnos europeos, a que desarraiguemos sentimientos tra dicionales de hospitalidad con quienes nos sen timos próximos como hispanos, del mismo modo que ayer nos impuso, como católicos, la expulsión de moros y judíos para que aragone ses y castellanos se sintieran españoles. Parece hoy,

De confirmarse esta hipótesis; caerían pOr tierra las explicaciones tópicas de la xenofobia, basadas en el temor a causas ajenas de culpabilidad, en función de chivo expiatorio de la desgracia propia. El psicoanálisis del inconsciente colectivo debe ceder la primacía a la razón histórica si ésta demuestra que la <xenofobiay no ha sido producto sentimental de los ingenuos; es decir, de los indígenas, sino sentimiento inducido en ellos por los procesos estatales de extranjerización de huéspedes entrañados; como el que inicia esta ley de extranjería para ex trañar de nuestro territorio la hospitalidad que debemos, por reciprocidad, a los hijos de nes nos la dieron. quie-