Guerra y deporte
TOM PAINE
a eliminación de la guerra, según se cree, dejaría de satisfacer el instinto de agresi vidad, el amor a la rivalidad, a la compe tición; a la victoria; que inclina a los hombres a buscar el bien propio en el mal ajeno. Lo per verso puede aparecer virtuoso; y la guerra útil, si confundimos el instinto infantil de juego, necesidad biológica del individuo, con el instinto primitivo de guerra, propio del grupo social.
de guerrillas porque expresa la unidad del instinto bélico-cazador de la tribu primitiva:
El deporte no es un simulacro inofensivo una forma liberal de la guerra, 9 como creía Santayana. La superación de los límites que la naturaleza marca a las personas, finalidad del deporte individual; no tiene cabida en la competi ción bélica, en la agresión de grupo. El Gran Federico enseñó a los ejércitos que no se dejar al individuo, abandonado a sí mismo; a su propia iniciativa. El deporte de la caza desarropodía
El deporte asociativo; pese a la necesidad de tácticas y estrategias contra el equipo contra rio; no persigue; como la guerra, la destrucción 0 la inutilización de las capacidades competiti vas del rival. La excelencia del resultado presupone la posible adversidad en una próxima revancha. Colocar el placer de la victoria en el infortunio del derrotado es, por ello, un tipo de sentimiento que los deportistas abandonan; gustosos en el corazón de sus patrióticos diri gentes y en el de las masas que no participan en la lucha. Se exagera, además, con la agresividad social de los partidarios de un equipo deportivo. Sigue siendo un juego de niños que canaliza; con riesgos limitados de violencia, timientos primitivos de hostilidad colectiva hacia formas civilizadas de convivencia. sen-