Felipe matamoros
TOM PAINE
a guerra mundial <en el golfo Pérsico L reúne, como todas las guerras, los elementos constitutivos de una gran fiesta popular. Rompe la rutina de lo cotidiano. Agrupa a gentes habitualmente distantes. Convoca a forasteros: Prepara la destrucción y de rroche ostentatorio de bienes lentamente acumulados. Tira la casa por la ventana. Da licencia a lo moralmente prohibido. Exalta la desmesura. Pregona el comienzo y el final. Convierte la zona, terminada la fiesta, en un basurero res del combate, sin más emoción que la de ver el espectáculo 0 la de calcular sus costos; no lugar para el heroísmo ni; en consecuencia, para la consagración de sus dirigentes: hay
Pero falta en esta gran fiesta, hacia la que peregrina nuestra <flamante Armada), el requisito de la simetría emocional. La exaltación pa triótica el contagio de mentalidades propicias al sacrificio sól0 están presentes en los que se entregan a la lucha sin retaguardia de seguri dad para sus pueblos. En las naciones que orga nizan las emigraciones transitorias a los luga- descu bierto; en los países occidentales que no tienen la vocación ní los medios de asegurar <un orden mundial, la debilidad mental política de blica emocionada expedir hombres materiales deciden y para la muerte, por cuenta ajena, bajo la irresponsabilidad per sonal con la que despachan los expedientes ad ministrativos. Juegan, como niños, a la guerra. Mueven barquitos: Aprenden geografía: Olvidan historia. Es inevitable que suS ridículos gestos bélicos den a la expedición militar contra Irak, dentro del vacío emocional de el tono cómico de las fanfarronadas nerías en una pequeña fiesta de y bravuco matamoros . pú-