Jaime Ostos y Antonio Muñoz Molina

TOM PAINE

or fin se puede alabar, en esta España de P sumisión y consenso, el valor del disenti miento individual. No es de extrañar que las manifestaciones de gallardía, en un pueblo que ha dimitido de su inteligencia y de su VOluntad colectivas; provengan del mundo artísti CO La insensibilidad general, ante las conti nuas agresiones del poder a la conciencia moral y a la verdad, ha tenido que ser rota por pro fesionales del sentimiento y de la excelencia li teraria.

Un torero y un novelista de sabores antiguos, cada uno a su modo, han desafiado a la moda. El pundonor de la estética denuncia, por sí sólo, la falsedad permanente de lo que se espectaculariza. Que se trate de una fiesta de toros 0 de una fiesta militar en el fondo; lo mismo. da,

Jaime Ostos, en el festival taurino de Marbe y Antonio Muñoz Molina, en el festival pe riodístico de <El Paíss , sin vestirse de luces, sin buscar el aplauso, sin ceder a la corriente mansa, sin de puntillas;, se han puesto simplemente de Se han erguido sobre sus talones para dejar hincada, sin proponérselo, la ejemplaridad de lo auténtico. interponiéndose entre la cara del peligro y el engaño; ha evidenciado; con relámpagos de seriedad, e abismo que separa el arte de torear del deporte taurino, siempre arriesgado; y a veces gracios0, de articular pases a cuerno pasado. Otro; desarmando a la clase dirigente de sus muletillas de engañar, ha colocado a los intelectuales, sus vergüenzas belicistas descubiertas, frente a la responsabilidad de sus manifiestos por la OTAN. Ila, pisar pie. Uno,