El político posmoderno

TOM PAINE

OS personajes políticos; en las épocas sin L ideales; no son tan idiotas como parecen. JLa inseguridad profesional frente a la libre competencia, el deslumbramiento de la pe queña burguesía ante el boato del Estado, la colocación en el negocio público de los herederos y empleados menos dotados para la tión de los patrimonios privados; la frustración intelectual de los que han tomado contacto con la cultura superior, sin entrar en ella, empujan hacia la política a personajes secundarios que dan a la clase en que se integran ese idiotismo; no exento de cierta lógica, que hace inconfundibles a sus miembros. ges - hoy hace pasar por imbécil al que la usa fuera de su oficio. Pero en la política ha sucedido al revés. La modernidad aumenta el idiotismo. Hasta el punto de hacerle perder, con la posmodernidad, la conciencia de su identidad.

Todos los grupos profesionales conservan restos de su original idiotismo como reliquias del secreto técnico que motivó el reconoci miento de su necesidad y de su prestigio social. Los médicos, con su esotérico lenguaje, y los abogados, con su dialecto forense, simbolizaron en tiempos pasados esa útil pedantería que

Los políticos actuales, como los jueces y los actores mediocres, siempre están en escena El espectáculo de sí mismos los fascina a todas horas. Viven en un mundo de representación separado de la realidad civil exterior; en un espacio cerrado a los peligros de la inteligencia; cuando va unida a la integridad, y a los riesgos de los movimientos ciudadanos, cuando son autónomos. La conciencia le viene al desde el exterior. Es la persona-imagen la opinión ajena le permite ser. Como en la dialéctica de la servidumbre, necesita el miento de los medios para sentir, a sabiendas de su dependencia íntima, su personalidad mitidos . político que reconoci pú-