Semillas de paz

TOM PAINE

ersonas inteligentes y sensibles, refugia P das en su elegante escepticismo; se extra ñan de que espíritus afines a los suyos no sepan, todavía, que defender ideas de paz sólo sirve para convencer a los ya convencidos; que nada se puede hacer contra las ideas bélicas, si están patrocinadas; como ahora; por los órganos que dirigen la opinión mientos ajenos, en ese monástico jardín donde respira a sus anchas la vida escéptica; no tienen respuesta a esta reflexión: cuanto mayor sea el escepticismo sobre la eficacia intelectual de las ideas de paz, en los momentos que ésta las necesita; mayor debe ser el número y la calidad una cuestión primitiva. Debemos proceder, en consecuencia, al modo de la Naturaleza. Es decir, con derroche.

Los que comparten los ideales de paz pero se encuentran; más allá de la guerra y de los sufri-

El polen que germinará en el semen que madurará en animal son prodigados, sin tino; en corrientes desordenadas para que, al margen de la fertilidad del medio; puedan prosperar en cualquier parte: Las semillas del pensamiento racional, a este nivel de vida 0 muerte, deben ser lanzadas también a barullo en alsitio de este para que, broten redil, pastoreado por la fuerza, ahí principios de humanidad y encuentren condiciones propicias a su desarrollo. flor, gún

Aunque tal pesimismo tuviera fundamento, y la mayor parte de la población instruida no necesitara argumentos para mantener sus bue nos sentimientos; la insistente propagación de razones para la paz tiene, al menos, una doble a los ingenuos contra el contagio de la propaganda beli gerante. Darles la seguridad social de que, nadando contra corriente y oponiéndose a la moestán; con la razón, en buena compañía. da,