Guerra Santa

TOM PAINE

os mil setecientos años separan a MaD homa de Abraham. Pero el medio tribal donde nacen los profetas de Alá y de Je hová es bastante parecido. Patriarcado de pro creación y de guerra, Mahoma se rebela contra las Escrituras, contra el pacifismo del Nuevo Testamento; para enlazar directamente con el terrible dios de los ejércitos del Antiguo. La Guerra Santa, que no es un simple esfuerzo moral, como se dijo en <La Clave) , 9 fundamenta la expansión del Islam: Obligatoria contra los vecinos, la obligación se extiende a todo tiempo y lugar, a medida que se ensancha el te rritorio. <No sois vosotros quienes matáis, es Dios. Cuando encontréis a los infieles, matadlos hasta hacer una gran carnicería) (Corán) La Iglesia toma, con las Cruzadas, la iniciativa de la guerra; De ser un azote divino pasa a ser Santa. <El Caballero de Cristo mata en conciencia y muere tranquilo: matando; trabaja pa ra Cristoy (San Bernardo).

guiendo la guerra necesaria, para la defensa del territorio nacional, de la expedición voluntaria. Tomás de Aquino, menos moderno, intenta conciliar guerra y moral en la teoría de la guerra justa. Para Vitoria; la extensión del imperio no es causa de guerra justa. Pero, según Moli na, todas las guerras son justas, basta que cada beligerante esté persuadido. Fue el caso de las guerras de Religión: El obispo de Münster dijo: sión como el diablo) Se retrocedió a los tiempos del Deuteronomio: <Devorarás a todos los pueblos que tu Dios va a entregarte y no echa rás una mirada de piedad sobre ellos) .

Maimonides racionaliza el concepto distin -

Ante lo que se avecina en el Golfo, cabe preguntarse por el progreso moral de una civiliza ción que, en sus albores helénicos, tía a los Estados compromee beligerantes a no privar agua a las ciudades asediadas y que en su madurez occidental, define la solidaridad internacional por el grado de complicidad en una calculada matanza.