Hay victorias que matan

TOM PAINE

esde las guerras napoleónicas, la victoD Iria militar ha sido un mal negocio; en carne humana y perspectiva económica, para el vencedor. Aunque nunca haya exis tido una buena guerra, los conflictos bélicos son menos malos para los pierde: cialmente, si se rinde sin condiciones. Los casos de Alemania y Japón; exultantes triunfadores de la posguerra, confirman una regla ral que cuenta con el aval de dos siglos de experimentación. quien gene - gos; diez mil en Krasnoi, contra cinco mil; diez mil contra ocho mil en Beresina; veinte mil contra doce mil en Lutzen; veintiún mil contra once mil en Bantzen; ocho mil contra cuatro mil en Katzpach. Sus derrotas invierten la proporción: cincuenta mil franceses, en Leipzig; contra setenta y cinco mil adversarios; siete mil contra nueve mil en París (1814); cuatro mil contra siete mil en Toulouse.

Los muertos no mienten. Los vencedores de la Guerra del 14 tuvieron 4.799.900; los venci 2.650.000. La Segunda Guerra Mundial costó, en almas, los aliados vencedores, 36.236.275, por catorce millones Y medio al Eje vencido. La contabilidad necrológica; por batallas aisladas; permite comparar los funerales encargados a su por un mismo general. Las victorias de Napoleón sacrificaron 33.000 franceses, en Wagram, contra 25.000 enemidos, país

El general del imperio bizantino, Belisario, la más penetrante visión de la guerra que ha tenido un militar, lo sabía. <La verdadera victoria consiste en forzar al adversario a abandonar su fin con las menores pérdidas posibles. Obte nido este resultado; no se saca ninguna ventaja de ganar una batalla.> Nada, aparte de la derro dirá Wellington después de Waterloo; puede ser peor que una victoria. El Presidente Bush, inasequible a estas sutilezas, prefiere ga nar, en el Golfo, una batalla militar a consoli en el mundo, una solidaridad política. ta, dar,