Tradición de no beligerancia

TOM PAINE

Igunos de los escritores que piensan A han permitido ridiculizar, como falsa, la tradición de neutralidad de España. En una materia donde sól0 deberían hablar los hechos, los nuevos pontífices de la universalidad española toman por ilusión provinciana la creencia de que España, aparte los episodios coloniales en Marruecos, no ha participado en guerras ex teriores desde que el malicioso hundimiento del <Maine) sirvió de pretexto para que EE. UU. nos declarara, en 1898 una guerra que fue considerada por Paul Valery como la primera agresión de Éstados Unidos a Europa.

dejar abierta la cuestión de los motivos. La mayor parte de las veces es neutral quien puede, y no quien quiere. Es preferible 9 por ello, utilizar el concepto de no beligerancia. Carece de pretensiones morales y describe una simple situación de hecho.

La idea de neutralismo; al denotar imparcia lidad 0 indiferencia de sentimientos ante un conflicto ajeno; no es apropiada para definir si tuaciones como la de España durante la Segun da Guerra Mundial, donde el Estado y la gran mayoría de la sociedad se inclinan apasionadamente por uno de los bandos en lucha sin parti cipar formalmente en ella. La pretensión de neutralidad tiene además el inconveniente de

Sorprenderá saber a los <columnistas de a dosy que España es uno de los países europeos con menor índice de belicismo; a juzgar por el número de veces que ha entrado en guerra con otras naciones. Desde el año mil cuatrocientos han tenido lugar, en Europa, alrededor de tres mil batallas importantes. Los porcentajes de participación son, aproximadamente, los siguientes: Francia, el cincuenta por ciento; Aus tria-Hungría, el treinta y siete; Alemania-Pru sia, el treinta; Gran Bretaña y Rusia, el veinti cinco; Turquía, el quince; Países Bajos y Espael diez. Tal vez sea por nuestra margina ción geográfica, pero nuestra menor beligeran concentrada casi toda ella en las ambiciones imperiales de la Casa de Austria; está con sagrada por la tradición histórica. ña, cia,