Maestros del amor
TOM PAINE
a del amor, siendo original en caL da individuo y en cada etapa vital de su 'existencia; tiene un menguado, común y monótono vocabulario para expresarse. Los poetas acuden a metáforas para la insufi ciencia verbal de sus místicos soliloquios. El teatro ha de escenificar el amor para la intensidad del sentimiento sea comunicada, entre palabras convencionales, por las pausas y siIencios de la acción dramática. Los grandes novelistas, los mejores intérpretes del asunto humano, son maestros en describir los ambien tes donde surge el amor, en catalogar elrico repertorio de sus obras y consecuencias, pero re siempre la misma secuencia de inspiración amatoria. Los filósofos; al despreciar la representación dramática del querer y del desear, se condenan a la impotencia. Las teorías del amor son juegos mundanos de conceptos. pasión suplir que piten nocen el amor 9 de oídas, por su patología Los primeros; estadísticos de confesonario, se interesan por el número de transgresiones de una norma externa al amor, por la culpa derivada del pecado original Los segundos, peritos en el buceo de la primera fijación, situándose entre la inhibición y la exhibición del amor, no saltan el umbral de la pulsión y descarga mecá nica de la energía erótica.
Quedan los curas y psiquiatras. Ambos co-
No debe extrañar, en este panorama tan estéril para la pedagogía de los amantes, que las jóvenes generaciones, atentas a los ruidos de las solicitudes exteriores; hayan renunciado a escuchar su propio corazón, único maestro en la materia, entregando el magisterio del amor a los más profanos; una conferencia de obispos; 0 a la multiplicación desordenada de sus proexperiencias iComo si de una acumula ción de culpas morales 0 de errores pasionales pudiera brotar el amor! pias