Guerra del amor al sexo

TOM PAINE

n lema de publicidad estatal ha sido U considerado <casus bellis por la jerar eclesiástica en la tradicional mica del amor con el sexo. La ética del amor dad la cruzada contra una cultura dominante que, se los obispos, atrata de legitimar la separaquía gún

No es la cultura dominante, ni la naturale za, sino la propia Iglesia, la que legitima la se paración de sexo y amor al prohibir la unión de ambos. Para llevar a cabo esta disección del amor respecto de su base natural, la Iglesia tuvo que transformar la dietética del cuerpo y la economía sexual del paganismo que sólo ilegitimaba la incontinencia sin atender a la naturaleza del acto 0 al tipo de relación amorosa en una verdadera deontología del amor, que sólo da licencia profesional para ejercerlo al matrimonio dispuesto spadecerv el placer como consecuencia, no buscadel acto reproductor . da,

El pliego de condiciones que regula la administración de este singular monopolio está concebido, y celosamente vigilado por la autoridad del confesionario, para impedir la unión de sexo y amor en el matrimonio. Los griegos, que atribuían a estas cuestiones mucho menos importancia, se habrían ruboriza do con los manuales de confesión y las largas listas de actos eróticos de los penitenciales. Para conseguir la separación de sexo y amor ha de ser destruida la unidad del acto de Afrodita. De los tres elementos que componen el amor sólo el de la conjunción define lícitamente a los . cónyuges. La pastoral cristiana trata de eliminar a los otros dos. Al deseo, con la idea revelada de la naturaleza caída del ser humano. Al placer, con la idea utilitaria de la lugar en el amor matri monial para una estrategia del deseo ni una táctica del placer. Es natural reivindique estos juegos con la que sexo recomponer, emboscadamente, esperanza de dida del amor. la unidad per hay