(Acordó con el Presidente que era mejor dedicarse al partido)
Estética personal y ética social de la dimisión política
TOM PAINE
a renuncia a una función L atribuye y honor en una sociedad 'hedonista, produce sobresalto. La elegancia del desprendimiento espontáneo y tempestivo abre, en los demás, una reflexión sobre las maneras miserables de juzgar las conductas ajenas a que están habituados. La dimisión de un cargo político, por el solo hecho de que se ponga en duda la incapacidad para la indignidad de quien lo ocupa 0 su capacidad para seguir ocupándolo contra el parecer de la opinión dominante; introduce en la conciencia social un rayo de esplendor que ilumina de repente, como relámpago en la no la fealdad de una existencia sórdida amparada en las sombras. Una dimisión ejemplar mete en lo chabacano el preludio de terror que encierra la belleza. Produce admiración por que primero asusta y luego reconforta. La dignidad de la dimisión, como movimiento instintivo de la propia estimación, que es el mienzo de la racionalidad moral, cobra una distancia abismal frente a la mezquindad de quienes, al sospechar sin fundamento, dejaron poder che, de respetarse a sí mismos. La dimisión políti ca, en esas orgullosas condiciones, promueve la ética social desde la estética personal. Es una verdadera catarsis. Una purificación del ambiente.
La dimisión de Alfonso Guerra, hecha a destiempo; con cálculo de conveniencias de poder personal, contra un largo intento de per manecer obtusamente en el cargo, promueve la degeneración de las costumbres políticas al añadir la inelegancia del remedio estéril, su refugio en la dirección del partido, a la gravedad de una enfermedad moral incurable, la de mentir, que sól0 deja de ser peligrosa cuando se la recluye en su retiro doméstico; en el foco original del contagio germano.
La dimisión del vicepresidente del Gobier no, un acto tan sórdidamente preparado como el que la hizo obligatoria desde hace un acentúa la indignidad de quien utiliza el esperpento para atemorizar a la vulgaridad que 1o aplaude, a la ordinariez moral de los que no exigieron su dimisión, cese, cuando mintió al Parlamento que lo interrogaba. año,