Comentarios liberales
EL IRRESPONSABLE
L AS constituciones españolas suelen ser albergue de paradojas y posada de despropósitos pero no dejan de establecer algunos principios legales de necesaria y estricta observancia. Así, en la vigente de 1978, se establece la irresponsabilidad del Rey, por las razones y circunstancias que concurren en su magistratura. Pues bien, probablemente ningún español, cuando la Constitución daba
desde el poder, según el podrido sistema de los partidos turnantes.
Probablemente González, en
sus primeros vagidos, dio ma- yores pruebas, necesarias e innecesarias, de responsabilidad como el Rey. Ninguno tampoco tenía mayor responsabilidad moral al eximírsele de la legal, y por ello cabe tanto felicitarle como felicitarnos, porque sin el sentido de la responsabilidad, es decir, de saber perder un poco cada día, en brillo, en poder, en apariencia, en luces, no hubiera sido posible sacar adelante oscuramente, mediante maniobras sordas y dificultosas, un cambio de régimen sin derramamiento de sangre ni mutua petición de responsabilidades, con las depuraciones consiguientes.
su casi sublime, por oceánica, ignorancia, se ha sentido heredero de los fundadores de la República de 1931. No sabe, el pobre diablo, que sus argumentos son ni más ni menos que los utilizados por don Miguel Primo de Rivera para acabar con el sistema constitucional que, aun lleno de defectos, dio a España el mayor período de estabilidad y prosperidad en mucho tiempo, concretamente desde 1874, en que Cánovas consiguió reconducir por lo civil el pronunciamiento de Martínez Campos. de
Finalmente las depuraciones llegaron, pero la limitación constitucional de la irresponsabilidad en España a una sola persona ha estado en vigor hasta hace poco. El miércoles 8 de febrero, Felipe González Márquez asumió en exclusiva esa irresponsabilidad y la arrojó al rostro, entre atónito y cariacontecido, de la soberanía nacional, sita en las Cortes. González declaró solemnemente que él fue quien acabó con el antiterrorismo de Estado que manchaba la vida nacional y la trayectoria internacional de nuestro país desde 1975 -tesis hasta ahora sólo sostenida por Jon Idígoras para intentar manchar al Rey de España en el «caso GAL»hasta 1986, año en que por fin remató tan difícil tarea, tanto que le costó toda una legislatura. Pero además denunció que sólo él impide la vuelta a la inestabilidad política «del primer tercio de siglo», cuando los aventureros de la política, a lomos de la «prensa adicta», conseguían con facilidad la disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones
Es una casualidad nada casual que también entonces el desarticulador de la legalidad constitucional -con la culpable pasividad del monarca, que le costó el Trono- dispusiera del respaldo incondicional de los representantes de la burguesía catalana, cuyo comportamiento en este siglo ha oscilado.generalmente entre el golpismo y el separatismo, siempre dentro de una sostenida incapacidad para asumir sus responsabilidades en la conducción de los destinos españoles.
Quienes escudándose en la «gobernabilidad» y la «recuperación económica» atacaban la antigualla de los partidos turnantes y la libertad de Prensa, consiguieron durante algunos años mantener la ficción de que con cierta prosperidad -más cierta a mediados de los años veinte que de los noventa- podía comprarse la indignidad política nacional. Por aquel entonces escribía Manuel Azaña que era menester aguantar una democracia con todas sus imperfecciones para no soportar una dictadura perfecta. Tampoco lo fue la de Primo, porque ninguna es eterna. Aunque Berenguer -tan actual- siguió tronando contra la «vieja política», la «prensa irresponsable» y esas cosas contra las que truena el único irresponsable hoy. en el poder, que no es precisamente el que protege la Constitución. de
Federico JIMÉNEZ LOSANTOS
productos que se contrate de acuerdo con las condiciones existentes.
ZIGZAG
Estado de la Nación
Antonio García Trevijano ha publicado en el diario «El Mundo» un articulo del que, por su interés, reproducimos el siguiente párrafo:
«Frente a la fuerza.de unos pocos partidarios, convertidos a causa de su corrupción en gobernantes conservadores, no puede alzarse la debilidad de todos. El prestigio dei poder, desprovisto de autoridad, se ha desvanecido. El de las instituciones se mantiene a ras de suelo con la burda propaganda de los editores del poder. El pueblo desprecia a la autoridad. Pero la vota para hacerse la ilusión de que no la teme. Los adultos renegaron de su pasado. Nadie confía en el porvenir. La juventud perdió las creencias de sus padres, sin dejar sus miedos y prejuicios. Heredó sus ignorancias y repudió sus entusiasmos. Salvo en raras iniciativas civiles, 1 el egoísmo imbécil desplaza, como la mala moneda a la buena, al egoísmo inteligente. La falta de oportunidades llega al extremo de privar a las nuevas promociones de la oportunidad misma de corromperse. La izquierda disimula, con demagogia y utopías de programa, su traición a la democracia política. El paro, la delincuencia, el terrorismo y la subvención se unen a la incompetencia educativa para cegar las fuentes de la energía civil que necesitaría la transformación de la sociedad política. Los nacionalismos destruyen la Nación. La política financiera y presupuestaria, a remolque de decisiones foráneas, imposibilitan toda estrategia industrial. Y la alternancia deja intacta la política económica derivada de la rendición de Maastricht.»
Del consenso al sosiego
El sosiego es la adulteración felipista de la idea del consenso. Los Pactos de la Moncloa perseguían la garantía de la paz social para poder realizar la transición política. El Gobierno felipista invoca ahora el horaciano espíritu sosegado del sabio para encubrir sus chapuzas políticas. El presidente del Gobierno tiene un modo muy personal de utilizar las pa- labras al servicio de su ambición política. Así la noble virtud del sosiego se convierte para él en una actitud que sirve para garantizar la permanencia de González en la Moncloa al precio del silencio cómplice de la oposición, y todo ello con el pretexto de no perder la coyuntura favorable para superar la crisis económica. En la memoria de los españoles está fresca la muy sosegada manera con la que el PSOE se opuso a la UCD, en una época tan sosegada que sólo se vio amenazada por un intento de golpe de Estado que, gracias al sosiego de González y Guerra, se pudo superar. El sosiego felipista es la nueva versión de la patente de corso.
Zozobra democrática
Si hacemos caso al ministro de Economía en su respuesta al presidente de la CEOE, José María Cuevas, las elecciones serían un elemento de incertidumbre que crearía más problemas de los que resolvería. Habría que añadir así un nuevo concepto a la teoría política: la zozobra democrática, para designar aquel estado de incertidumbre, inseguridad y perplejidad que se produce entre los ciudadanos cada vez que son llamados a las urnas y que encuentra su sosegado correlato en la olímpica serenidad de las dictaduras.
El PP de Guipúzcoa
El asesinato de Gregorio Ordóñez va a producir felizmente unos resultados no deseados por los cobardes pistoleros que lo perpetraron. En sólo una semana, se han recibido en la sede del PP de Guipúzcoa 200 solicitudes de afiliación. La cifra es más significativa si se tiene en cuenta que el PP cuenta con unos 444 afiliados en San Sebastián y 721 en Guipúzcoa. La reacción del pueblo vasco permite aventurar un triunfo del PP en la capital donostiarra superior aún al obtenido en las elecciones europeas del año pasado, en el que fue el partido más votado. Ojalá a este avance le acompañe el hundimiento definitivo de la coalición proetarra Herri Batasuna, brazo político y no menos armado de la banda mafiosa.
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