OTRASIRAZONES
PAISAJE MORAL
penas A bastado veinticinco años, sin memoria del inmediato pasa do, para que en este pueblo sin norte cambie por completo el paisaje moral de emociones y sentimientos . Mehan sus
nos trágico que ridículo; el entorno social ha ganado en cercanía de horizontes vitales lo que ha perdido en líneas de contraste ideológico. Es, desde luego, mucho menos sombrío y mucho más sórdido. Estando más libre de obstáculos exteriores y de temores intemos, presenta una mayor variedad para las sensaciones físimenor riqueza para el aliento de siones nobles del alma El afán de segu blemente en los corazones, gana todo lo que se pierde en esperanzas y proyecciones. Perspectiva de dinero, evasión y fama.
de ganancia, la famosa envidia de la clase mediaAcosa das por el furor de la ostentación y la ambición de nuevo rico que han traído consigo la reciente riqueza pecunaria de las autonomías regionales las siones atribuidas antaño, con poco fundamento, a los españoles, viven retiradas en los cotos reservados a la vida del espíritu (orgullo), donde aún germina y florece algún hermoso ideal de persona, en la desoladora planicie de la frustración social (envidia), donde se agostan y animutuamente como las ilusiones de cosecha en los barbechos. Ni el noble orgullo; por desgracia ni la vil envidia, pOr fortuna, pueden ser ya las pasiones dominantes en España. La vanidad y los celos han ocupado sus plazas en posición subordinada. Y una nueva pasión princi la emoción de corromperse, orienta todo el movimiento sentimental del pai saje moral, como la montaña y el mar or denan el curso de la vida en los valles y nos de paisajes naturales. quilan pal, los
Antonio GARCIA TREVIJANO
SEATTLE, FIN DE SIGLO
a cumbre -0 reunión más modestamen te-de Seattle ha venido a coincidir curiosamente con el fin de siglo y de mi lenio. Digo curiosamente porque dicho encuentro ~en el cual se han reunido
las diversas acepciones del vocablo <encuentrov desde la pura coincidencia físi ca hasta la del choque _ nos ha deparado una escenificación sumamente viva del momento que vivimos e incluso del siglo que se cierra.
analizado en ante riores artículos de los pesos pesados de la economía. En frente de ellos, en el agonismo que debe animar toda obra teatral, y reflejando la realidad de masas que han salido a la calle, para expre las
Y entre ambos agonistas, al servicio y sas fuerzas de policía, armadas hasta los dientes, la Guardia Nacional, agentes del orden ya establecido y del aún más duro se quiere imponer, es decir; del desor den desde el punto de vista de una racio nalidad planetaria; que acoja los intereses del conjunto de la humanidad y de la conservación de nuestro medio natural . que
Hace breves días en estas mismas pá ginas de <Otras razonesv escribía Joaquín Navarro un pertinente y bello artí culo sobre la <Basura quemada en Seattles. La basura es mucha, pero la hoguera aún demasiado pequeña. Yo propondría al lector que vea en Seattle una escenificación sintética del siglo que muere. Y, especialmente, de la galopada final del capitalismo; tras el desplome del <socialismo realv y de la ofensiva contra el Estado de Bienestar; hacia la voracidad depredadora. Una ofensiva apoyada la fuerza, cuando oye los gritos de protesta hace décadas, los fascis mos. Hoy la represión policial contem pladas en Seattle. Pero la obra podría Ilevar por título <El fracaso de la mitolo gía del mercadov. Y del pensamiento úni co, también. Ha sido un chispazo de lucidez popular; acompañado por el fracaso interno del diálogo ha confrontado a los mercaderes . Y esperemos que anuncie un despertar en e siglo que va a nacer. Fueron, que sar su protesta ante la destrucción huma na y ecológica que el cerrado dominio, cada vez más ambicioso; de las grandes empresas está produciendo.
Ha sido, en efecto; como una obra tea tral en que se representa el drama de nuestro tiempo. Sobre el escenario; tres actores que podríamos materializar como coros, pero también personificar en un personaje representativo. En lu gar, los grandes mercaderes que habían acordado reunirse para planificar su dominio del mundo y el reparto de benefi cios. Hay que insistir en que se trata de los grandes, poderosos mercaderes y sus delegados políticos, representados en la no del pequcño 0 mediano comerciante, también del productor; cada vez más estrangulado por la presión concentrada ~como he primer
EL JUICIO QUE VIENE
Lespía judicial de Juan Bravo le Ilegó €l otro día una interesante reflexión de una persona nada sospechosa de simpatía pOr los encausados en el de los entresijos del proceso; que le llenó de perplejidad. Dijo esta fuente no contamina da: <Con las pruebas que ahora existen; se podría pensar, con un altísimo número de probabilidades; que el veredicto podría scr absolutoriov . El dato dejó en cuadro al es pía, porque pensaba, como piensa media España; que los procesados estaban ya virtualmente condenados iSerá verdad, como esgrimen las defensas; que no una sola prueba consistente contra los acusados? No bay lo sabemos, pero lo que sí conocemos es la polvareda que montarían algunos si tal absolución se produjese. En todo caso; habrá confiar esta vez en el fino criterio y en la objetividad de los jueces para que del jui cio no salga, en un sentido u otro, una <dela Justicia como para permitirse que la sombra de la duda sobre una condena sin pruebas para congraciarse con un sector de opinión; 0 de una absolución no motivada para scr esgrimida en otras circunstancias escabrosas. En todo caso; es la primera vez que a Juan Bravo le de voz neutral la posibilidad de absolución; y eso es noticia que cstá quede Ilega
Juan BRAVO
iLos espectadores? Están en su ante las pantallas de televisión. Asombrados. Son la <mayoría satisfechas según la describió y bautizó agudamente Galbraith. Pequeños beneficiarios de di cho orden-desorden, a quienes miajas, bastante importantes, del reparto de plusvalía, que acumulan cuantiosa mente los organizadores de la fiesta. Se encuentran perplejos. iTal rebeldía en los propios Estados Unidos? ;No escuchan cotidianamente, olvidando los <homerrios, digna del Tercer Mundo, los altos índices de analfabetismo, que el bienestar y la economía son un éxito en esta modélica tierra? Si no pueden mirar el entomno inmediato, más allá de sus urba nizaciones, icómo pueden levantarse a otear el panorama del mundo? Es lo que han hecho los miles de sublevados que se encuentran en la calle. Han alcanzado la atalaya desde la cual se hacen patentes la miscria y la descsperación de la <inmen sa mayoríav lacerada por el actual sistema económico. hogar, Ilegan
Carlos PARIS
Las dos grandes pasiones que perfilan los contornos del paisaje urbano, la ambición del demérito a la distinción cívica y la mitomanía como signo de la libertad de expresión; han marcado tanto sus tra zos sobre el pespunte de las propensiones naturales a la degradación del carácter, que están a punto de convertirse; a causa de su ingrata invasión del espacio fami liar y educativo, en los rasgos caracterís ticos del panorama comienzos del siglo XXI Y, además, las pasiones derechamente delictivas, aquellas que sólo desplegaban sus silenciosas alas, para depredar cosas escondidas y depravar almas perdidas, a la puesta del sol de las conciencias, mantienen ahora a plena luz del día la vida de unos partidos pOr ser partes constitutivas de la NADA comparten; reparten e imparten TODO, al cobijo dcl astro frívolo de complacen-cias_ español que,
Las fuentes industriales del bienestar familiar arrumbaron hace tiempo el orde las clases nobles. El del espíritu murió en la postguerra civil y aún no ha levantado su vuelo. Y la reciente prosperidad en el amplio sector de los servicios ha mermado, con fáciles oportunidades gullo
Los escritores europeos del romanti cismo que visitaron España en el XIX, creyeron encontrar en €l orgullo pintoresco la cualidad distintiva y atrayente de los españoL. Pero nosotros descubríamos; en la rastrera envidia, el vicio nacional. El digno orgullo, esa rara virtud de la grandeza moral que disuelve el ligero vi cio de la vanidad y el tinte infantil del amor propio, se esfumó como sentimiento preponderante al par que la hidalguía arruinada, el bandolerismo justiciero y la vida del espíritu. Mientras que la envidia mediterránea, ese subproducto moral de la competencia en la miseria, sólo acceder a la categoría dc carácter nacional cuando la seguridad en medios de subsistencia estaba unida a los puestos en el Estado, a la influencia familiar y a la buena fama, sin que la responsabilidad profesional tuviera credenciales en la exi güidad de los mercados pudo os