O TRAS RAZONES
ANÁLISIS DEL TERRORISMO
D ada la irracionalidad de las reacciones que provocan los atentados terroríficos, y dado que las puertas de la mente sólo se abren desde dentro, me he abstenido de analizar el fenómeno terrorista.
Los análisis de la policía, por la propia naturaleza de su función, nunca sobrepasan el terreno de la táctica. Y se sabe que no hay táctica eficaz sin estrategia inteligente. Para afrontar adversidades complejas, y la del terrorismo lo es en sumo grado, la visión a largo plazo resulta el más corto camino.
Intentar someterlo al examen de la razón no sólo era inútil, sino peligroso. Corría el riesgo de que hacer entender al terror, a fin de combartirlo en el único terreno donde puede ser derrotado, sería para los energúmenos de los sentimientos adueñados de los medios, y la mentalidad incultísima de los gobiernos, una «comprensión» justificativa o disculpatoria del crimen. Si no explicaba el fenómeno por sus causas, tampoco me sumaría al coro de la impotencia condenándolo por sus efectos. No cabía hacerme ilusiones con una opinión enloquecida que pedía a la jerarquía eclesiástica una condena moral del asesinato, a los políticos un rosario de insultos a los asesinos, y a la sociedad civil, la víctima, unas imponentes manifestaciones de clemencia al verdugo. ¡Qué atinado se vería con tal espectáculo de masas hinojosas ante el poder que ellas le daban! Emprendo ahora el análisis del fenómeno porque las puertas de la mente de LA RAZÓN, con el viento de la desilusión electoral, se han abierto desde dentro.
El error de los Gobiernos consiste en no someter la táctica inmediata, que llegó a ser aberrante en el caso criminal de Felipe González, a una estrategia de fines políticos de gran calado cultural donde la disolución del fenómeno terrorista comande la eficacia a corto plazo de la acción policial y judicial contra los agentes de lo terrífico.
Nada parece haber cambiado en los factores que determinaron los resultados electorales en el País Vasco. Sin embargo, aunque se condicionen mutuamente, no son inconmovibles por separado. El factor nacionalista, confirmado en su posición, no tiene por qué cambiar ante la permanencia en sus posiciones del factor Aznar y del factor terrorífico.
Carezco de información responsable sobre los métodos actuales de la policía para poder enjuiciarlos con solvencia. Pero me basta la que tengo sobre los modos judiciales de atajar las instrucciones penales, sobre eso tan borroso que se llama «entorno» de Eta, para saber que, contra, su finalidad, la propia Audiencia Nacional se está convirtiendo, con el desequilibrado Garzón, en escuela de fomento del «animus» terrorífico.
Eta es la invariable que se integra en una ecuación que todos definen erróneamente como problema vasco. Esta confusión bloquea la salida y lleva al disparate de anclar el terrorismo en el nacionalismo.
AGONÍA DE MAYO
L as últimas noticias son absolutamente normales. El Gobierno prohibirá las asociaciones profesionales de militares y guardias civiles. Es tan liberal que reinventa la ley chapelier para favorecer los de-
rechos de colectivos tradicionalmente protegidos del mal de la libertad. Emergencia policial en Manchester por la violencia racial provocada, según dicen, por desplantes y denuestos conservadores en procura de apoyos electorales entre la población más decente y blanca del Reino Unido. Grupos neonazis alancean a inmigrantes asiáticos y la policía apalea a los primeros y a los que se manifestaron a favor de los segundos. Jospin rechaza el modelo Schröder de una Europa federal y propone una Europa de estados-nación a la medida del genio jacobino pero sin llamarla Europa de las Patrias. Aznar decide perdonarle la vida al pobre Schröder y condescender con la ampliación de la UE y el veto germano a la libre circulación por la misma de los trabajadores de los nuevos países miembros. El V aticano, siempre fiel a sí mismo, sitúa «fuera de la iglesia» al arzobispo Milingo por buscar y encontrar, como el Efraim Ca- porque los medicamentos son más caros que su vida. Noticias normales y tristes, como las que Gabriel Celaya nos contaba en «Las cartas boca arriba»: «Se casan con notarios nuestras adolescentes / se ríen en mis barbas los hombres de negocios / la brisa sólo es brisa, no un ángel extraviado / y Dios, allá en su cielo, sigue siendo un Dios mudo». Noticias sin espolón ni cresta enhiesta. Novedades de asfalto en el cielo y detritus en la tierra. Bush intenta mantener su escudo a la desesperada, abrazándose fraternalmente al genio de Chechenia. Dirigentes del PNV exigen la destitución de Egibar como portavoz de la formación nacionalista porque su perfil no se adapta a las nuevas circunstancias. ¿O sus circunstancias no se adaptan a los nuevos perfiles? Vendrán más años malos y nos harán más ciegos y no nos importará que alguien se lleve toda la luz y no quepa esperar nada del alba.
Si lo que dice Ar-
Aznar se ha dejado llevar por Arzallus cuando, sin saber que es imposible, dice perseguir los mismos fines de Eta, pero de modo pacífico.
zallus fuera posible sería imposible que la iniciativa política
Eta selecciona y concreta las primeras. Los medios de comunicación animan y dimensionan las segundas. Los gobiernos de la opinión, o sea, los gobiernos sin opinión, se guían por los sentimientos instintivos de las masas.
dejara de estar en manos del terrorismo. Que no son sólo las de Eta. Pues el terrorismo, y es mi punto de partida en su análisis, realiza una conjunción social de carácter estable en la relación que establece entre acción terrorífica, concebida en un mundo político cerrado, y reacción de rechazo en una sociedad abierta a intereses distintos de los políticos.
Y no toman medidas inspiradas en la estrategia requerida para la disolución del terror en una nueva situación original que no desprecie al sentimiento nacionalista.
Antonio GARCÍA TREVIJANO
RESPIRA EL ZAPATERISMO
S e respira satisfacción tranquila en el equipo del cambio tranquilo de Zapatero. El espía de Juan Bravo en Ferraz les ve sonrientes a los cachorros de González, ya más nietos que hijos del líder carismático. Piensan, y no les falta razón, que el rejón que le han metido a la par al Gobierno y a sus esclerotizados barones con la propuesta de reforma del Impuesto sobre la Renta ha sido de libro. Se ven con la iniciativa en la mano, y saborean ya los votos de las clases medias asalariadas que están hartas del estilo confiscatorio del actual IRPF, que más que redistribuir la renta, sólo frena la energía de la sociedad al desincentivar el mérito y el trabajo. Les da igual que les lla- men ultraliberales o discípulos de Reagan. Ellos van a ganar y, además, en la medida de lo posible, a defender sus principios, más éticos que ideológicos. Pero, además, baten palmas con el impacto en la opinión pública de los pactos de Estado, donde se ven vencedores morales, y se encuentran cómodos por su posición de puente en el País V asco. Saben, por supuesto, que queda mucho camino por recorrer, pero que las resistencias interiores ya sólo son fantasmas de la noche de los muertos vivientes, aunque ellos no lo sepan. Y piensan que con un par de golpes como el del IRPF, el Gobierno puede temblar como las hojas de los chopos que caen en invierno.
Juan BRAVO
bot de O'Neill, el mensaje que Dios le envió en esta primavera en forma de bella y docta coreana y matrimoniarse con ella observando el rito Moon. Dos niños mueren ahogados en Barcelona, pero muchos más mueren por SIDA
Pero falta la gran noticia. La más esplendorosa. El único faro de luz en una actualidad opresiva y deprimente. El Pacto. De Estado. Por la Justicia. Hay que decirlo así, por separado, no vaya a ser que el deslumbramiento nos ciegue para nunca jamás. Ni elección judicial ni elección parlamentaria de los doce vocales judiciales del Consejo. Todo lo contrario. Las síntesis hegeliana del nuevo milenio. El poder judicial propone y el legislativo dispone. Es la verdadera separación de poderes. El arte de juzgar está de enhorabuena y la Constitución espermatorrea de júbilo. Magia del consenso que supera el realismo mágico de la trilogía paraguaya, de los pasos perdidos o de la cándida Eréndira y su abuela desalmada. Treinta y seis candidatos propondrán los jueces con el temblor del Big Bang en la escollera de la toga y el rocío provisorio de sus mejores puñetas. Los oligarcas seleccionarán a los doce mejores entre los mejores. La créme de la créme. La gala de la carrera y la flor de la jurisdicción, mimadas por nuestros padres conscriptos, a los que tanto esfuerzo exige legislar para el gobierno del hirsuto carpetovetónico, ahíto de sangre de Caín y alma de esperma apelmazado. El arte de intrigar a una banda ya no sirve para nada. Ahora, a dos. O a cuatro. Al fin y a la postre «nos estamos muriendo por los cuatro costados / y también por el quinto de un dios que no entendemos». Otra vez el dichoso dios de Celaya, que ni tan siquiera lo dejó disfrutar con Amparitxu. ¿Qué pensarán de ello Schröder, Aznar, Jospin, Prodi o el tío Berlusconi? Sin conocer sus pensamientos, seguiremos al borde de la nada. Sus caminos, sus ideas y sus proyectos son imprescindibles para cualquier paso atinado de hombre o mujer sobre la Tierra. Decía nuestro hermano Claudio: «Si tu la luz te la has llevado toda / ¿cómo voy a esperar nada del alba?». Entre ellos y nuestro consenso de cada día se han repartido toda la luz posible.