LOS GRADOS DEL MAL
L as especies de maldad son más variadas que las de bondad. Los Códigos penales, como paletas de pintor ante los colores de la naturaleza, no pueden registrar todos los matices del mal.
Los crímenes que más repugnan a las conciencias civilizadas son los de los gobiernos. No hacía falta condenar a Barrionuevo para saber que las atrocidades de los Gal eran ordenadas por su jefe Felipe González. Este hombre descabellado de soberbia y de incultura, ha degenerado más la conciencia moral de la sociedad, en 14 años de hipocresía, que el miedo rastrero de los medios culturales en 40 años de dictadura. Incluso Fraga ha sido menos funesto para España que Felipe González. Pero hay algo todavía peor que el crimen político. Algo que lo supera en maldad y en cobardía: el indulto de los criminales políticos. La comprensión hacia ellos. El perdón. La misericordia con los empresarios del horror. ¿A qué puede obedecer sino a una sintonía con los móviles políticos del crimen de Estado?
¿Qué orden de sentimientos implica el indulto del crimen de Estado? Resulta obvio que no predomina la generosidad cuando se procura la humillación de los criminales adversarios y el perdón de su comprensible crimen. Se indulta al delito por la nobleza abstracta de la idea que lo
La barbarie de las monjas católicas, condenadas en Bélgica por genocidio africano, produce mayor repugnancia moral a causa de su motivación religiosa. Un sincero creyente no toleraría que el Papa solicitara el indulto de las que han asesinado en nombre de Dios. Es injusto que Felipe González se siga paseando por el mundo, como ficticio hombre de Estado, mientras que Barrionuevo, Vera o Galindo pasean, como reales criminales de Estado, en rueda de presos. Pero más injusto sería ponerlos en la calle para que la impunidad sea completa.
Clasifican los delitos por tipos y los penalizan por convención. La ética es una teoría de costumbres. No conciencia personal del mal. Los jueces, más sensibles a lo incorrecto que a los grados de maldad, representan la conciencia media de la sociedad. No son líderes morales. Las encuestas que ponen a los jueces en el más bajo escalón de los prestigios sociales no saben que así están humillando a la propia conciencia encuestada. Todo el mundo admite, los jueces también, que matar es peor que robar y que violar a una niña es muchísimo peor que a una persona adulta. Pero la sociedad no quiere saber, y los jueces tampoco, que matar en nombre del Estado sea una maldad infinitamente peor, y mucho más peligrosa para el cuerpo social, que hacerlo en nombre de Eta. Ni que extorsionar para un partido gubernamental sea mucho más vil que hacerlo para sí o para financiar el terrorismo. Por motivos ideológicos, la prensa y los jueces son víctimas de la baja sensibilidad de la conciencia española ante los grados del mal.
BALAS CONTRA PIEDRAS
N o me refiero en estos momentos a la Intifada, como el título de este artículo puede fácilmente sugerir. Trato de evocar el episodio, que muy recientemente hemos podido presenciar a través de las pantallas
de televisión, y de reflexionar sobre él. Uno de los manifestantes contra la cumbre de Gotemburgo avanza hacia la policía y arroja una piedra, lanza un segundo proyectil, y, entonces, al volverse, recibe un tiro en la espalda disparado por un agente armado y cae gravemente herido, debatiéndose entre la vida y la muerte. La brutalidad criminal de la respuesta policial es evidente, pero, además, es muy ampliamente significativa. Expresa la situación de un mundo en que el poder se impone con la contundencia de sus armas mortíferas, manejadas sin escrúpulos, a una disidencia armada de muy escasos recursos. Balas contra piedras en un enfrentamiento callejero, tormentas de misiles lanzados con impunidad desde inalcanzable altura, cuando lo que hay que reprimir es un pueblo rebelde a la dictadura globalizadora de las grandes potencias. Sean serbios o iraquíes. Y en el paroxismo de la búsqueda de la invulnerabilidad la fantasía del escudo antimisiles.
inspira. Se desprecia al delincuente por la concreta impericia con que lo ejecuta. En el fondo, sólo se condena el fracaso y se indulta la buena intención del delito. El que indulta piensa que él lo habría cometido mejor.
Se invierten los grados del mal, en los delitos políticos, porque se pone en la última escala de la depravación los actos ilícitos que se cometen por egoísmo. ¡Como si hubiera delitos altruistas! ¡Como si no existiera egoísmo en los Gal y Filesa! El enriquecimiento de un político, siendo odioso, es menos dañino para la sociedad que la financiación ilícita de un partido. Los subterfugios morales de las conciencias desviadas obedecen a otra ley mucho más general y poderosa.
Odia al delincuente descubierto porque ama el delito secreto.
La conservación del sistema aunque sea malvado. Shakespeare lo dijo en Macbeth: «Lo que el mal comienza sólo el mal lo afianza». El sistema que posibilita el crimen de Estado necesita indultar los criminales. Mejor su impunidad que cambiarlo.
Antonio GARCÍA TREVIJANO
AGUJERO NEGRO
que son agentes de la agitación «pagados». Es de suponer que probablemente no tan exquisitamente como los reunidos en la cumbre. Pero, sobre todo, lo que no se explica es quien les paga, Cuál es la identidad del misterioso financiador. Ya no se puede decir que detrás está el oro de Moscú. O que han sido dirigidos y organizados «desde las grandes estepas del Asia central», como pretendía el Ministro de la dictadura Lora Tamayo respecto a la contestación universitaria, proporcionando a tal contestación el sonoro fondo de la música de Borodin. Y parece que tampoco se ha llegado a decir, al menos por ahora, que eran subvencionados por el Ateneo de Madrid, durante el período en que lo presidí. Lo que resulta evidente es que ciertas cabezas se niegan -por cerrazón o por sometimiento indigno- a percibir algo evidente. Y consiste en que no hace falta sino convocar, a través de internet o sencillamente «boca a boca», a una pequeña parte de las multitudes insatisfechas por la torpe y criminal manera en que nuestra sociedad es gobernada, para concentrar una muchedumbre que denuncia y protesta ante una gestión tan incompetente como criminal.
A l hilo del abogado degollado en su chalet de Pozuelo todos nos preguntamos con estupefacción como es posible que el presunto asesino, el moldavo detenido, estuviera en libertad cuando sobre él pesan nueve delitos por robo e intimidación y, además, tenía un expediente de expulsión en suspenso a la espera de ser juzgado. Miramos la Ley y encontramos que establece tres requisitos para la prisión preventiva. El moldavo cumplía al menos dos: haber cometido delitos con pena mayor a tres años y existencia de riesgo de fuga, puesto que no tenía domicilio conocido. El tercer requisito es que el fiscal lo pida. ¿Lo pidió en este ca-
tado en paradero desconocido para la justicia y para la policía, cuando debía estar en la cárcel o expulsado. Así que algo no funciona. Por eso es una ofensa que políticos como Ansuátegui o incluso el Defensor del Pueblo (¿de broma?) recomienden la seguridad privada en urbanizaciones. Les pagamos todos y ellos nos dicen que estamos en la indefensión más absoluta. Lamentable.
Luisa PALMA
so? Al parecer no. No sabremos ya nunca si eso habría evitado el crimen, pero alarma que el moldavo haya es-
Cumbre tras cumbre, el espectáculo de la protesta callejera se reproduce. Así como los choques entre la policía y los manifestantes. Y también las condenas de estos últimos por parte de los medios de comunicación. Se llega a decir
En la crítica a las protestas se suele con hipocresía afirmar que resultan válidas y aceptables, salvo cuando se desvían hacia la violencia. Repliquemos con una primera pregunta: ¿serían noticia si no incidieran en ella? ¿Provocaría el desfile de pancartas y denuncias, coreadas acompasadamente, algo más que una sonrisa conmiserativa de los grandes prebostes? No les importaría, como han hecho en ocasiones, invitar a una taza de te a la cabecera de la manifestación ¿Qué eco encuentran las pacíficas reivindicaciones, tan supremamente justas, de los trabajadores de Sintel, mantenidas tenazmente, admirablemente, durante meses? ¿De qué repercusión y difusión gozó la pacífica marcha de las mujeres hace un año? Solo cuando la protesta ante la globalización se reviste de cierta violencia, tampoco excesiva, bien alejada del terrorismo, se convierte en noticia. E inquieta a los grandes dirigentes obligados a algo más ridículo que incómodo: llegar protegidos por túneles a su kafkiano castillo.
Pero aún más importante es otra pregunta. ¿Es comparable esta modesta violencia callejera con la gravísima y criminal que rige nuestra sociedad y de la cual son responsables, bajo su apariencia pacífica y majestuosa, los políticos y asesores técnicos que han diseñado este mundo? Un mundo en que diariamente mueren cuarenta y cinco mil niños de hambre. En que la violencia contra los pueblos empobrecidos, contra la naturaleza, contra los deposeídos, contra las mujeres es cotidiana y sistemática, mientras se fabrican los más sofisticados armamentos. Responde tú mismo, estimado lector.
Carlos PARÍS