O TRAS RAZONES
EL FOREIGN OFFICE Y ETA
«H ay más posibilidades de resultar muertoherido en un accidente de carretera que por una bomba de Eta». Ha tenido que ser el Foreign Office británico quien defina el terro-
El Foreign Office dice la verdad al recordarnos la ínfima importancia cuantitativa del terrorismo civil. Al que solamente la hipérbole de la propaganda antiterrorista puede calificar de lacra social. En general, la huella mortal dejada por Eta con sus dos tipos de acción criminal es muchísimo menor que la de los accidentes de tráfico y los accidentes laborales.
LA JUSTICIA DEL TRUEQUE
rismo en su verdadera dimensión cuantitativa. Pues lo que afecta a un turista inglés no es distinto de lo que amenaza a cualquier español. Otra cosa es el asesinato de personas por su pertenencia a un partido o una empresa periodística. Aunque la propaganda antiterrorista los confunda en una sola calamidad social, el terrorismo difunde dos tipos psicológicos de horror que se propagan con arreglo a dos mecanismos sociológicos distintos, según sea la naturaleza indiscriminada o discriminada de las víctimas. Ambos tipos de miedo tienen, por sus móviles, causa política, pero sólo uno de ellos alcanza, por sus efectos, a la clase dirigente del Estado y la sociedad. La efectividad de este miedo concreto alimenta la inspiración y la constancia del terrorismo político. Mientras que el otro tipo de miedo abstracto y generalizado, provocado por los atentados indiscriminados, constituye el fundamento incierto y vacilante del terrorismo civil. La onda expansiva de su rechazo es tan universal que llega a resquebrajar la cohesión de Eta.
¿Cómo explicar la irresponsable torpeza de los que -desde el Gobierno, los partidos políticos o los medios de comunicación- hacen el juego a los fines del terrorismo, convirtiendo a éste, como él quiere, en la lacra social de España?
Ninguna justificación de tipo sociológico puede explicar que el terrorismo haya sido elevado a la categoría de lacra social y primera preocupación nacional. Lacras sociales son las secuelas de una insanidad o enfermedad colectiva. La delincuencia común es una lacra de la miseria y la incultura. ¿De qué enfermedad es lacra el terrorismo?
Las respuestas basadas en la intencionalidad homicida de los atentados terroristas, en contraste con la mera accidentalidad de las muertes ocasionadas por el tráfico de vehículos o por la siniestralidad laboral, dejan de tener en cuenta el hecho social de que los asesinatos comunes son también mucho más numerosos.
Los que usan la palabra lacra no saben lo que dicen, pero los que la meten en el lenguaje de las masas, desde posiciones de poder político o de dominio de la opinión, son conscientes de que con ella están introduciendo la idea inconsciente, y por ello imposible de evitar, de que el terrorismo de Eta es la secuela inevitable de
necesitaban tres semanas para consumar «legalmente» la entrega de Milosevic al Tribunal de la Haya. Lo peor es que el decreto reformaba la Constitución. Ésta impide entregar un ciudadano yugoslavo a cualquier jurisdicción o país extranjero. Y lo pésimo era que la Conferencia de Donantes se reunía a cuatro días vista para decidir si libraba doscientos cincuenta mil millones de pesetas a favor de Belgrado. Presupuesto ineludible de la libranza era la entrega de Milosevic que, por tanto, tenía que llegar a La Haya antes de que los donantes decidiesen serlo o no serlo. Si Belgrado quería recibir el dinero, La Haya debía recibir antes a Milosevic. Un trueque seco. Dinero por preso. Ni la Constitución ni el Tribunal Constitucional ni las leyes yugoslavas ni el decretillo del Gobierno serbio contaban para nada. El preso al hoyo y el vivo al bollo. Sin preso no hay bollo. Sin bollo, un hoyo de miseria incorporado a las terribles miserias de la destrucción de Serbia por los poliorcetas la enfermedad nacionalista vasca. Una de las causas de que Eta dure es, precisamente, su consideración de lacra del nacionalismo vasco. La propaganda electoral del PP y del PSOE en los últimos comicios descansó en esa
Salvo el respeto a las ideas respetables, nada hay en mi pensamiento que pueda servir de apoyo a la causa nacionalista. Pero padezco un sentimiento permanente que, junto a mi pasión por la libertad política, domina mi condición de hombre público: el desprecio a la falsedad y a la imbecilidad de las ideas de la oligarquía del Estado de partidos. Y es tan falso que Eta sea la lacra del PNV, como imbécil decirlo sin creerlo.
perversidad.
Se deben excusar los errores de la inteligencia. Incluso las falsedades nacidas de la incultura. Jamás las mentiras de la estolidez. No juzgo la acción policial, pues desconozco su intimidad, pero la política antiterrorista de la Transición, a la vez que sirve de aliento a los fines de Eta, legitima el fracaso de los gobiernos con el formidable estrépito de su estupidez.
Antonio GARCÍA TREVIJANO
LA BURBUJA FUTBOLÍSTICA
L a enloquecida carrera de los fichajes futbolísticos, que ayer alcanzó su récord con el fichaje del francés Zinedine Zidane por el Real Madrid, por una cantidad que ronda los 20.000 millones de pesetas, empieza a preocupar muy seriamente. La inflación en el precio de los futbolistas no se mide por progresión aritmética, sino geométrica. Una estrella vale el doble un año que otra en el anterior. Nadie parece vislumbrar los límites a tal dispendio, que hace que un futbolista de calidad valga por sí mismo lo que una emprsa con quinientos trabajadores. Pero lo que inquieta es que estamos ante una burbuja finan- ciera que no soñaron ni los bonos basura de la Bolsa. Es tal la competencia y tal la asunción de riesgos que cuando un club lanzado al mercado haga quiebra, más de una fortuna se puede desmoronar. Por eso, avisan los espías futbolísticos que todo tiene un límite, y que cualquier inversión de este nivel puede frustrarse por cuestiones accidentales. Y cuando se pinche el globo, los restos de algunos naufragios quedarán esparcidos por el manicomio en que se ha convertido un deporte que ahora no se sabe si ha dejado de serlo para convertirse en objeto de «brokers» y de especuladores.
Juan BRAVO
La voluntad del vencedor nuevamente convertida en Derecho. Sólo el poder puede definir lo que es justo o injusto y, por tanto, está por encima de las leyes. Los vencedores, también. Nada tengo a favor de Milosevic. Pero todo acusado tiene derecho a las garantías legales, penales y procesales y, por supuesto, a ser tratado en régimen de igualdad. Como decía Tomás Moro, «en aras de la seguridad jurídica otorgamos al diablo la protección de la ley». No puede ser comprada ni la extradición de Lucifer.
de la OTAN. Muchos dicen ahora que ese trueque seco es una victoria de la justicia. Comprar una extradición que va contra la Constitución y la Justicia del país que la vende es un luminoso servicio al Derecho penal internacional.
Dicen ahora los poliorcetas otánicos que ningún crimen de guerra o contra la humanidad debe escapar de la acción de la justicia. ¿Los suyos sí? ¿Las barbaries perpetradas contra el pueblo serbio también? ¿Y los genocidios cometidos en Irak, América Latina, Afganistán, Turquía, Birmania, Timor o Chechenia? Son preguntas que no deben hacerse. No es tampoco correcto preguntar cómo es posible que USA, con su fiscal Carla Del Ponte a la cabeza, sea el alma del Tribunal de La Haya mientras boicotea con toda su fuerza la creación del Tribunal Penal Internacional de carácter permanente creado en el Tratado de Roma y que, a falta de las necesarias ratificaciones, sigue durmiendo el sueño de los injustos. ¿Sólo justicia para los débiles y los vencidos? ¿Únicamente es criminal el que le peta al poder, nunca el poder por delincuente que sea? Leonardo Sciascia definía el poder como «ese gran delincuente impune». Y añadía: «Estamos rodeados de mierda y no se ve salida alguna al pesimismo». Sólo nos faltaba el número circense del trueque seco ente Milosevic y la donación de los donantes de Bruselas. Belgrado vende la extradición y Bruselas la compra. Belgrado la vende porque Bruselas la compra. Y Bruselas la compra porque Belgrado la vende. Un triunfo ejemplar de la justicia que complace al príncipe, que es siempre un excelente mercader. W.B. Yeats era un ingenuo incorregible: «Los mejores no tienen convicción / y sobra la intensa pasión de los peores». Son éstos los que tienen una convicción profundamente arraigada: el poder impone siempre su justicia y tiene el sagrado derecho a delinquir impunemente. No caben, frente a ello, sueños o evasiones. Maquiavelo lo dijo magistralmente: «Muchos se han imaginado repúblicas y principados que nunca se han visto ni se ha sabido que existieran realmente; porque hay tanta diferencia de cómo se vive a cómo se debe vivir que quien deja lo que se hace por lo que se debería hacer aprende más bien su ruina que su salvación». Los generales de la guerra y los príncipes otánicos saben perfectamente que el poder necesita imponerse por la violencia y que la paz que no está fundada en el peso de las armas conduce a su ruina. Por eso odian la justicia.
E l número de Milosevic no lo supera ni el gran Houdini. El Gobierno serbio atajó la tormenta parlamentaria y dictó un decreto que regulaba el procedimiento de extradición del ex presidente yugoslavo. Se