ETA, BANDALAJE TRIBAL

R esulta muy difícil de comprender que los terroristas tengan no sólo buena conciencia de sus acciones, sino alta opinión de sí mismos como personas. No pasa en la delincuencia común ni en el

crimen organizado. Sólo es comparable a la autoestima, abonada de tanta consideración ajena, de esos conocidos personajes que ordenaron asesinar y torturar en nombre del Estado. Llamamos pues asesinos a los que otros consideran héroes. Y nos preguntamos cómo es posible que personas de fuertes sentimientos familiares sean capaces de mutilar a otras familias que no interfieren la vida de las suyas.

O TRAS RAZONES

EL LAMENTABLE ESTADO DE LA NACION (II)

dora por doquier, y toda rutina comienza con una innovación. Sólo la locura osa eliminar la insignificancia.

na singular porque era lo común al grupo. Lo significativo del judío para un nazi, como lo de un español para Eta, es la intrascendencia de su existencia material en tanto que obstáculo espiritual a la trascendencia de lo ario o lo vasco. Ese abismo sentimental ya no es cuantitativo, sino de orden existencial. Por ser españolas, las víctimas de Eta no existen antes de ser matadas. De ese desprecio olímpico a lo español deriva la banalidad del mal, en los atentados que Eta ejecuta con total inconciencia de la crueldad de sus acciones y plena consciencia de la grandeza de las reacciones. Cuanto mayor sea la reacción española a la nimiedad de lo que hace, mayor será el orgullo de Eta de atribuirlo a la grandeza de quien lo hace. Sentimiento infantil y primitivo. Fantasía de bandalaje tribal.

L as empresas eléctricas amenazan con cortes de electricidad, que han preocupado seriamente a toda la industria ligada al turismo, pero que deberían inquietar no menos a todo el aparato informático del país y a las

En su origen etimológico, lo banal era lo propio de un bando, lo poco significativo en la perso-

Antonio GARCÍA TREVIJANO

numerosísimas personas que manejamos un ordenador personal. Ibería en huelga de pilotos y los aeropuertos mostrando un espectáculo caótico, que,. aunque haya sido tan llamtivo y aireado en Palma de Mallorca, no deja de resultar ya bastante habitual,. Las carreteras, adornadas por caprichosas rotondas, atascadas y en pésimo estado La inseguridad ciudadana en aumento y el terrorismo dando constantes golpes ante la ineficacia del Gobierno y la policía. El entendimiento del gobierno central en creciente deterioro con las nacionalidades históricas. Los jóvenes viviendo a salto de mata, o, más precisamente, brincando de empleo provisional al paro y desde él a otro empleo no menos efímero, o quizá al mismo, renovando su contrato provisional y autocreándose un ficticio nuevo puesto de trabajo. Muchas de nuestras ciudades como Madrid convertidas en algo invivible, pasto de obras inacabables que no sirven sino para deteriorarlas. .Los inmigrantes hacinados en inhumanas colas Y , sin embargo,

SABER HACER

D ecía el otro día el siempre fino y también malévolo (aunque él proteste) Pérez Rubalcaba que Luis María Ansón ha llegado ya a unas alturas donde no necesita que le den noticias, sino que él las da. Lo cual era verdad, entre otras cosas porque le estaba concediendo la «Razón de oro» al propio Rubalcaba y eso de que te den la razón, siempre gusta. Era un guiño simpático de Rublacaba en la cena en la que se le concedió el premio, o una ironía bien traída -en estos tiempos en que algunos que antes las practicaban les molestan cuando llegan a ministros- y eso que en aquellos momentos ni Rubalcaba, ni Ansón, ni el resto de los «very importants» presentes cono-

orujo, es evidente que la ministra de Sanidad ha fallado en dar la noticia. Así que para ella va un buen consejo: que se fije en quienes saben, como Ansón, cuyo mérito, alabado por Rubalcaba, contiene una rara y escasa virtud: no sólo da noticias sino que sabe darlas.

Luisa PALMA

cían el alcance real de la que había liado ¿adivinan quien? Pues doña Celia Villalobos, una vez más, porque la pobre es que tiene la negra. Sin entrar en si ha hecho bien o no en la retirada del aceite de sobre el Estado de la Nación: «Vivimos en el mejor de los mundos posibles» «España va bien». Además, como todo está privatizado, el gobierno puede lavarse las manos. Y la oposición, salvo Anasagasti y Llamazares con sus grupos, sonríe en alarde de cortesía..

suena la voz de Pangloss, el personaje de Voltaire, feliz en medio de las mayores catástrofes,. reencarnado en nuestro Presidente de Gobierno Aznar y nos dice, cotidianamente a través de las pantallas y en el Parlamento, en el Debate

Y es cierto que las cosas van bien y, quizá, que crecemos, pero no España, sino una minoría beneficiaria de las privatizaciones.. En mi anterior artículo, tras comentar los vergonzosos desaciertos de nuestra política internacional, me refería al despojo antidemocrático del Estado que las privatizaciones suponen. A la transferencia del poder a manos particulares, ajenas al control de la ciudadanía. Y ahora querría insistir en el deterioro de la economía pública y de la vida cotidiana, que la introducción de este poder, guiado, naturalmente, sólo por la lógica de su beneficio propio, inevitablemente genera.

Pensar en elevar la calidad y el nivel de vida de la mayoría de la ciudadanía en una sociedad dominada por la privatización es imposible. Hay servicios públicos y sectores estratégicos que un Estado responsable y democrático no puede abandonar en una sociedad industrial, por muy antisocial que sea su orientación. Y últimamente la privatización se está extendiendo nada menos que a las Fuerzas Armadas - centinelas, rancho- y de Seguridad. En este último terreno han disminuído los efectivos de 60.000 en 1986 a 46.000 en la policía y de 72.462 a 60.000 en la Guardia Civil. Al compás de este proceso se incrementa el negocio privado de la seguridad que mueve ya un billón de pesetas al año. Todo ello, según datos recientemente aportados por la prensa, Y las autoridades, como el Delegado del Gobierno en Madrid, nos recomiendan hacernos clientes de este negocio, si queremos seguridad. Lamentable, sí, Estado de la Nación desgobernada. Y lamentable oposición que no denuncia este estado de cosas...

En efecto, cuando se produce una privatización, el paso inmediato es la reducción de personal. Nada más rentable que disminuir los costes salariales, lo que Marx llamaba el capital variable. Las jubilaciones anticipadas son transferidas mayoritariamente hacia la seguridad social. Y el paso ulterior es el deterioro del servicio, al no disponer del personal necesario para atenderlo. Lo hemos visto trágicamente en los accidentes ferroviarios en Inglaterra, en la California amenazada por sombría noche, en el mismo paraíso de las nuevas tecnologías, cuyo desastre- señalemos de pasada- hunde las bolsas y los empleos, como en el caso de Alcatel. La irracionalidad del desarrollo económico es tal que recuerda lo ocurrido en el Africa subsahariana, cuando, por donativo internacional, se instaló un modernísimo hospital, cuyos aparatos no podían funcionar, pues se había olvidado un pequeño detalle: no existía tendido eléctrico en la zona.

Carlos PARÍS

Los crímenes terroristas repugnan más que la producción de víctimas civiles en la retaguardia de la guerra, porque no hay reciprocidad en la fuente creadora de dolor. Pero el crimen antiterrorista los supera en perversidad, porque introduce la reciprocidad que le falta al terrorismo para convertirse en lo que desea ser: un fenómeno tan humano como la guerra. Eta padece estas leyes de la psicología social y, para no ser pura asesina, declara a lo español una guerra que, no siendo bilateral, carece del mecanismo de sedación del horror.

En otros artículos he utilizado la expresión «banalidad del mal» en un sentido distinto, y más genuino, del que le dió Hannah Arendt en su informe sobre «Eichman in Jerusalem» (1958). Aunque banal sea lo insignificante, y lo rutinario haga banal lo que repite, no creo que la inconciencia de lo cruel provenga, en el terror de Estado y el terrorismo civil, de la insignificancia de la vida sacrificada o de la rutina burocrática del mal. Pues, lo insignificante, pese a su nadería en lo singular, nos impone su existencia abruma-

La guerra no elimina todos los sentimientos compasivos. Los limita al sufrimiento padecido en el propio bando. Con la paz, la anestesia de la compasión por el dolor del otro bando se desvanece de modo tan repentino como drogó al propio para llevar a cabo la matanza bélica con buena conciencia. Millones de conflictos a vida o muerte, hicieron sobrevivir a los cerebros tribales capaces de sentir, hacia el vecino, deseos alternativos de exterminio o de colaboración, en función de un interruptor colectivo. Se sabe que los ritos de guerra, las invocaciones de los sacerdotes y las danzas o paradas militares, cumplen esa función interruptora de la conciencia del mal que se inflige al bando rival. El valor de los héroes homéricos suponía un supremo desprecio a los sentimientos comunes de humanidad. El héroe tenía que ser tan inhumano como los dioses porque enfrente había otra parcialidad inhumana a la que vencer. Pero sin terror de Estado, sin guerra bilateral, el terrorismo no deja de ser una bandería carnicera, un bandidaje político, una banda armada sin bandera, una partida sin partido, un bandalaje de fantasía, un contrabando de muertes sin bando prohibitivo de vida a los contrabandistas.