O TRAS RAZONES
CONSULTA AL PUEBLO VASCO
H ay personas que se erigen en líderes de opinión no porque tengan el hábito de pensar mejor que de ordinario, ni porque mediten lo que van a decir antes de que las palabras lleguen a su boca, si-
LOS INMIGRANTES EXPULSADOS
no por la potencia del altavoz que usan para acallar voces más razonables. A diferencia de EE.UU., donde la calidad de las opiniones suele ir a la par de la influencia cultural del medio que las publica, los diarios triunfantes en los paises que las dictaduras mutilaron de cabezas erguidas, toman como modelo de sabiduría su propio criterio de arrastracueros. Cuanto más a ras de tierra, cuanto más rastreras sean las opiniones mayor será su eco en una sociedad y unos círculos de poder anclados en el oportunismo diario. Lo pone de relieve su modo medroso de tratar el referendum de autodeterminación sugerido por el lendakari.
La libertad y la democracia no pueden resolver lo absurdo. Y tan absurdo sería preguntar a los vascos si quieren ser nada tiene que ver con los hechos de existencia no dependientes de la voluntad.
o dejar de ser españoles, como a castellanos o andaluces. Lo que tiene sentido en una persona singular, deja de tenerlo en los pueblos determinados por la historia antes de que la libertad tuviera un rol que jugar en la formación de las naciones. Lo que ha sido unido por la fuerza de los hechos, solo el hecho de la fuerza lo puede desunir. Y para separar al País Vasco del resto de España hace falta más fuerza de la que puede desplegar el terrorismo. De las urnas no puede salir jamás la Independencia de Euskadi, pues en ellas no entrará la cuestión sin victoria del separatismo en una previa confrontación inconcebible. El lendakari olvida que, salvo en las revoluciones de la libertad, un referendum no se convoca para resolver conflictos de poder, sino para legalizar lo ya resuelto por vías de fuerza o compromiso entre poderes.
Antonio GARCÍA TREVIJANO
apresadas violentamente por la policía. ¿Qué han hecho o que pretendían hacer? Me pregunta un espectador ingenuo. ¿Estaban poniendo bombas? ¿Robaban y practicaban el pillaje? No, le respondo querían simplemente trabajar. Ganarse el sustento en condiciones misérrimas. Y una vez más me vuelven a las mientes las palabras tremendas del teólogo Hinkelanmert: «Hoy día ser explotado es un privilegio».
se encuentra la kafkiana administración. La ley de extranjería que sus hipócritas críticos en el Parlamento se esfuerzan por aplicar a rajatabla en la práctica. Felices en su despótica, inhumana concepción del poder, a pesar de llamarse de izquier-
¿Es el fin de la aventura esta captura y expulsión de los inmigrantes? Ciertamente no. Volverán la mayoría de ellos a intentar el asalto a la fortaleza, jugándose la vida en las aguas del mar. ¿Qué se pretende con la expulsión? Hacerles retornar al hambre y la miseria de que han huido. El deber de un soldado prisionero es escapar del campo de concentración, el sueño permanente del preso la evasión. Aquí, aún más apremiantemente, la huida es un imperativo vital. Y el problema que no resuelven leyes de inmigración, ni policías, será permanente mientras se mantengan las actuales condiciones de abismal desigualdad.
Pero en nuestros días afrontamos una nueva situación. Las recientes tecnologías han liberado, aunque sólo parcialmente -no caigamos en mitos- la necesidad y la importancia de la fuerza de trabajo humana. Y sobre todo la función productiva del capital ha sido relegada por el más mezquino mercantilismo. Se reduce la producción para mantener los precios. El trabajo se convierte en delito y se multa a quien produce demasiado. El capital se orienta hacia la especulación; la droga y su comercio pasan a ocupar lugares decisivos en la economía mundial. Y el mayor esfuerzo productivo, las grandes inversiones en la política presidida por Bush se dedican a fabricar armamentos y erigir el escudo antimisiles. Industrias que exigen menos puestos de trabajo y. produciendo inflación, deterioran la economía general, beneficiando sólo a una minoría.
das. Y los «papeles» convertidos en un arma mágica para la supervivencia. Naturalmente en estas circunstancias no deja de haber desalmados que aprovechan la situación para aumentar la explotación de los trabajadores inmigrantes, convirtiéndoles en esclavos.
H emos visto las imágenes instantáneas en la primera plana de los periódicos. En las secuencias de la televisión se ofrecía el desarrollo del penoso espectáculo con todo dramatismo. Gentes de color huyendo desesperadamente,
Y, además, estos perseguidos, como comentaba en mi anterior artículo, han cometido un grave delito: haber nacido y haber visto la luz en el paisaje asolado del Tercer Mundo, expoliado por el Primero. Tienen la piel de un color distinto al nuestro. Al del hombre blanco que ha dominado hoy día el mundo. Y entonces se les niega el duro «privilegio» de la explotación. Lo más paradójico es que su trabajo resulta tan útil como necesario. La Unió des Pagesos se lo ha ofrecido. A pesar del paro hay lugar para estos trabajadores. Pero entre el puesto de trabajo y quien se ofrece para él
INFORMAR AL PARLAMENTO
E l Parlamento italiano está puntualmente informado, a través de los servicios secretos de ese país, que, cada seis meses, remiten a los representantes del pueblo un dossier en el que se analizan las posibles amenazas internas y externas, entre ellas la del terrorismo.
Y le comentan a Juan Bravo que en España se debería realizar algo similar. Los servicios secretos y los de información los pagamos todos los españoles y deben desarrollar su labor con las necesarias cautelas para que no trasciendan sus investigaciones. Sin embargo, y esto no es nada nuevo, el secretismo sirve muchas veces para esconder ineficacias que no suelen estar originadas en la incompetencia de los agentes y de sus mandos directos. No. Se deben a políticas mal diseñadas, a falta de estímulos e, incluso, de liderazgo, entendido éste en todos los sentidos. El Parlamento español y, en la medida de lo posible y conveniente, el pueblo a que representa, deben recibir informes puntuales de esos servicios.
Juan BRAVO
En el último informe, cuyo contenido ha trascendido esta misma semana, se apuntaba que el próximo otoño se va a intensificar el terrorismo en Italia, en especial el provenientede la extrema izquierda y el anarquismo.
Absurda no sólo cruel y salvaje es la civilización que vivimos. Aunque Descartes pensaba que gracias al desarrollo del saber y de la técnica «podríamos gozar sin esfuerzo de los frutos de la tierra» la realidad hasta nuestros tiempos ha sido la del trabajo de hombres y mujeres, también de niñas y niños, que han levantado nuestro mundo. Inclinados sobre la tierra, hundidos en las minas, laborando al calor de los altos hornos, luchando con las olas del mar. Sin semejante esfuerzo el trabajo intelectual, que ha aumentado fabulosamente nuestro poderío hubiese sido estéril. Y ambos trabajos, aunque en grados y condiciones muy distintas han sido dirigidos y apropiados por una minoría
El mundo de la producción y el consumo encoge, así sus fronteras. Mientras la humanidad crece demográficamente y el cerrilismo de Woytila impulsa tal crecimiento, sus posibilidades de desarrollo en el conjunto planetario son cada vez menores. El futuro es caliginoso para la mayoría, pero para el Tercer Mundo resulta trágico. Sólo nos salvará la solidaridad de las mentes lúcidas del Primer Mundo y el despertar del Tercero a la rebeldía.
Carlos PARÍS
En general, los medios informativos son contrarios a esta consulta, pero tienen miedo de parecer antidemócratas o, lo que es peor, españolistas si se oponen frontalmente a ella. Y al criticarla en aspectos coyunturales (no es el momento, hay que definir el censo, no es constitucional, Eta continúa matando, debe extenderse al pueblo español), la están aprobando como tema pendiente. Sea por complejo de culpabilidad franquista, interés empresarial, miedo a la amenaza terrorista o ignorancia de lo que es libertad y democracia, los diarios más vendidos no se atreven a contrariar de frente a los partidos nacionalistas diciendo NO, para siempre, a la celebración de esa consulta antidemocrática.
No sería serio que se sometiera al pueblo la decisión sobre la existencia o la inexistencia de Dios. No parecería sensato que decidiera, para España, ser península occidental de Europa o cabo finisterre de Asia. Como en el mito de Perceval, las historias de España, Francia, Inglaterra y Portugal han sido respuestas a preguntas que nadie formuló antes de contestadas. No quiero decir que la historia de España sea su referendum, ni que la existencia nacional sea un plebiscito diario -eso fueron memeces de Renan, Ortega y Primo de Rivera derivadas de sus ideas nacionalistas de nación, como proyecto subjetivo y sugestivo de vida en común-, pero sí afirmo categóricamente que la libertad
Tal referendum no podrá hacerse ahora ni nunca. Y no por temor a que la respuesta pueda ser contraria a la unidad de España, cuestión de puro cálculo en una relación entre factores variables en el tiempo (lo que obligaría a repetir la consulta hasta que la ganara el separatismo), pero sí porque la pregunta, por cuestión de principio, supone una afrenta al ámbito de acción de la democracia y al sentimiento histórico de lo español. Pues la ignorancia y el disparate están, precisamente, en el hecho de preguntar lo que, a todas las luces de la libertad política, es impreguntable, porque es indecible.