O TRAS RAZONES

IMPOTENCIA Y TERRORISMO

S e cree que en el terrorismo está el último recurso de la impotencia de la idea nacionalista. Tal creencia no tiene mucho fundamento. En bastantes casos (Irlanda, Israel, Argelia) no ha sido el último, sino

LA BORRACHERA TECNOLÓGICA

el primer recurso de la idea de liberación contra la potencia ocupante. Y en otros (Palestina, Balcanes) no ha sido signo de impotencia política, sino militar. Algo cierto se barrunta, sin embargo, al relacionar terrorismo e impotencia del nacionalismo. El error surge de la generalización. Pues hay distintas clases de impotencia de las ideas, según su grado de potencial. La que sostiene al terrorismo no puede asimilarse, por ejemplo, a la que sustenta al partido comunista. Aquella es una idea-fuerza y ésta una idea-número. La evolución del comunismo, desde idea-fuerza a idea-número, lo ha llevado a su impotencia parlamentaria.

nacionalismo parlamentario.

Las grandes ideologías, al ser asumidas por los partidos de masas, padecieron un cambio similar. Esta transformación no ha sido estudiada por la ciencia política. Y es una de las causas de la ignorancia intelectual de la idea-fuerza que constituye el nacionalismo terrorista, a diferencia de la idea-número en que se ha convertido el nacionalismo parlamentario, después de la derrota militar de la idea-fuerza encarnada en el nacionalismo fascista. Esta ignorancia explica el error de Arzallus cuando dice que el PNV persigue los mismos fines políticos que Eta, pero por distintos medios. Los fines de una idea-fuerza jamás pueden coincidir con los de una idea-número, porque la moral de fines de aquella es incompatible con la de ésta.

Eta no es una idea sin moral, sino una idea-fuerza que hace de la conciencia nacional la única fuente de moralidad, al modo como el ejército lo hace en la guerra. Y no tanto porque su ideal nacionalista sea más fuerte que el del PNV, pero sí porque lo actualiza con el activismo de su potente conciencia sentimental de la nación vasca, destructora de resistencias. Mientras dure su creencia (alimen- tada por la catastrófica política de gobiernos y medios) de que está destruyendo resistencias, Eta no accederá a la conciencia de que es impotente para ganar la Independencia perseguida con la idea-número del

Las ideas-número (distintas de las ideas aritméticas de número) carecen de energía emocional para la acción y procuran su fuerza, fuera de ellas, en la adición de voluntades homogéneas que las porten o soporten. De este modo transforman su cualidad idealista, inoperante, en cantidad democrática operativa. La izquierda nacionalista, sin complejos fascistas, participa de la idea-fuerza de nación como voluntad nacional actuante a través del activismo de su militancia. No tiene sensación de impotencia. La derecha nacionalista emergente del antifranquismo se debate en la potencia impotente de la idea-número de nación, para llegar al derecho de secesión por mayoría electoral. La idea-fuerza de Eta tiene más consistencia ideológica que la idea-número del PNV.

Antonio GARCÍA TREVIJANO

sigue rodando ladera abajo como creciente bola de nieve; de modo que ha sido motivo últimamente de múltiples análisis. Pero habría que preguntarse, ante todo, por el sentido más profundo de esta crisis. Se suele argumentar al respecto que el lanzamiento de todo este sector tecnológico suscitó excesivas expectativas que ahora se derrumban. Mas esta fácil y obvia respuesta no hace sino replantear la pregunta. ¿Por qué y cómo se suscitaron tales expectativas? Y entonces se abre un arco de fenómenos cuya conjunción determinó y sigue determinando toda la mitología que vemos en crisis. En principio habría que distinguir entre los ingenuos e ignorantes, los que podríamos llamar «supersticiosos», encandilados por el misterio de la revolución que se anunciaba y de la cual no tenían idea y los interesados no inocentes, los astutos manipuladores. Entre los primeros se situarían ciertos políticos, obsesionados por presentarse como personas muy en la actualidad, así como los inversores, ya sea en ma-

LAS EVIDENCIAS DE PIQUÉ

E l ministro de Exteriores Josep Piqué ha dicho alto y claro lo que muchos españoles pensamos desde hace tiempo: que Marruecos tiene mucho morro. Evidentemente, no lo ha dicho así, sino con palabras sutiles subrayando la connivencia de la policía marroquí y las mafias que organizan las pateras. Tan es verdad lo dicho por Piqué que en menos de 24 horas obtuvo una reacción furibunda por parte de Rabat que suspendió una prevista reunión justamente sobre inmigración. Hay quien dice, que hay que ser diplomáticos en aras de las buenas relaciones entre España y Marruecos, pero para que lo sean, está claro que una de las partes no se puede lavar las manos diciendo, como ha he- lugar a los teóricos de las nuevas tecnologías, sociólogos, economistas, filósofos, a quienes se ofrecía la posibilidad de abrirse un futuro intelectual al convertirse en los gurus de este nuevo mundo. Se desplegaron, así, ideas como la de que entrábamos en una nueva era, la sociedad del conocimiento y que esta revolución dividiría a la historia y la sociedad. Las generaciones más avanzadas quedarían convertidas en analfabetas y los pueblos rezagados en su incorporación a este mundo técnico fuera de la historia. Hace poco he leído «si no recibes correo electrónico, no existes». Lo perverso de todo este discurso, carente de sentido crítico, es que mezcla importantes realidades con extremosas exageraciones. Es una especie de borrachera tecnológica. ¿La sociedad del conocimiento, de la comunicación como pórtico de una nueva era? Habría que observar bastantes cosas. En primer lugar, el ser humano no se reduce al conocimiento. Entre el «pienso luego existo» de Descartes -no digamos ya «existo porque recibo correo electrónico»- y el «como luego existo» de Ramón Turró, hay que reconocer la superior verdad de este último. O la de Hesiodo cuando define a los humanos com «comedores de pan». Y descendiendo sobre la actualidad considero que las vacas locas son mucho más peligrosas que los virus informáticos. Las industrias o las prácticas alimentarias bastante más básicas que las dedicadas a los ordenadores. Quizá tales consideraciones resulten demasiado burdas, para los exquisitos que no han pasado hambre, ni sienten solidaridad con los mil millones de humanos que la sufren.

bien con Marruecos. Al revés no se puede decir lo mismo, recuérdese sino lo que ha pasado con la pesca, por no remontarnos más atrás. Así que da gusto oír a Piqué, al menos que sepan que estamos perfectamente enterados.

Luisa PALMA

cho el Rey alauita, que las mafias de las pateras son españolas, cuando en las playas de Marruecos se alinean los inmigrantes mientras la policía mira a otro lado. ¿Es o no es tener morro? ¿Es esto un país amigo? España se ha portado siempre muy

E n mi anterior artículo «Un mito costoso» me refería a la profunda crisis económica provocada por el «fiascho» de las nuevas tecnologías y las empresas de telecomunicación. Y parece que semejante crisis terial, a veces enormemente costoso, o en acciones, seducidos por la propaganda. En el segundo grupo, el de los no inocentes, podríamos emplazar, primeramente, como es lógico, a los grandes empresarios del nuevo sector y, en segundo

Pero, además, no todo el conocimiento ni la comunicación pueden ser vistos en términos informáticos. Una cosa es transmitir informaciones y otra muy compleja y superior pensar, reflexionar. Una cosa es enviar un correo electrónico o «chatear» y otra tener un encuentro personal. La relación maestroalumno, la tertulia íntima, el viejo género epistolar cultivado con sosiego son las formas más altas y humanas de comunicación. La informática tiende a un lenguaje simplificado, condensado, escaso en matizaciones. Más apto para la orden y el control que para la apertura problemática del pensamiento. No olvidemos que sus orígenes están en las necesidades bélicas, en la cibernética surgida en la II Guerra Mundial, que con la energía atómica y los rnotores a reacción diseño gran parte de nuestro mundo tecnológico. Y la obsesión es la de la velocidad. La transmisión en «tiempo real», como tópicamente se dice. Pero también aquí brilla mucha mitología. El teléfono, el teletipo ya permitían dicha comunicación. De hecho la prensa y la radio, antes de que apareciera el internet venían informando con inmediatez de todo lo que ocurría en el planeta. Y más radicalmente hay que revisar la mitología de la velocidad. No olvidemos que Aquiles en las aporías de Zenán de Elea es derrotado por la tortuga.

Carlos PARÍS

Corresponde a Alfred Fouillée el mérito de la elaboración filosófica del «Evolucionismo de las ideas-fuerzas» (1890) y de «La moral de las ideas-fuerzas» (1908). Todas las ideas tienen energía, pero sólo algunas son, ellas mismas, una fuerza. Los estados de conciencia pueden llegar a ser factores reales de la acción, si la intensidad de la idea, la idealidad, se une a la revelación interior de una energía, de un potencia, de un puro apetito de hacer. En estos casos excepcionales, la moral de la idea-fuerza se vincula a la conciencia emo cional de potencia y resistencia. Y lo asombroso en esta confusión de conciencia y energía, presente en las formas extremas de egoísmo criminal, es que sea capaz de crear y jerarquizar valores objetivos opuestos a los de la moral de idea-número.