LIBERTAD PERDURABLE

P asado el primer momento ineludible de estupor y dolor, el caos material de Manhattan, el desorden de las cosas habituales en Nueva York está decreciendo al mismo ritmo que crece el caos

Este lema no se dirige a los enemigos exteriores. Sólo se quiere hacer duradera la libertad que se tiene y puede perecer. Pero una cosa es la garantía institucional de la libertad futura, que los estadounidenses consiguieron con su maravillosa Constitución, y otra cosa distinta creer la fantasía de que la libertad sea o pueda ser una entidad perdurable. Lo perdurable es un atributo exclusivo de la eternidad. Precisamente aquello que la humanidad no puede procurarse porque, con ella o sin ella, existe desde siempre y para siempre. Es lo sempiterno. Lo perpetuo que perdura desde el hontanar hasta el fin de los tiempos.

mental en los centros políticos y militares de Washington, ante el modo de entender la agresión y de encontrar el camino de una respuesta adecuada. Pasado el segundo momento de indignación y anhelo de venganza inmediata contra los gérmenes del terror de Alá, sentimientos que se expresaron con palabras de guerra, sin enemigo al que atacar militarmente, comenzaron los balbuceos de la reflexión. Se empezó cayendo en el error de que el objetivo del terror no era la venganza, provocativa de reacción injusta, sino la libertad o la democracia en el país que las inventó como forma moderna de gobierno representativo. Se intentó corregir el error acudiendo a la idea certera de justicia, pero dotándola de un atributo que la hacía irreconocible: «justicia infinita». Este absurdo tuvo que ser rápidamente sustituido por otra consigna que parece más saludable, al entrañar necesidad de coherencia con la libertad, pero que en el contexto donde aparece denuncia de modo alarmante con su insania metafísica, un peligro inexistente de involución de las libertades en EE UU: «libertad perdurable».

Aparte de la creencia religiosa en la inmortalidad del alma, la unión de la eternidad a lo humano se expresó, en la aventura del pensamiento occidental, con dos metafísicas paganas: la del eterno retorno y la del eterno presente. Y sólo en esta última, incorporada al existencialismo dialéctico de Louis Lavelle, la libertad se unió a lo perdurable. «La eternidad no es nada si no es para nosotros un PERPETUO MIENTRAS». Lo cual implica que «debe ser elegida -aceptada o rechazadamediante un acto libre». La libertad perdurable, concepto distinto de la kantiana «paz perpetua», constituye una perversión ontológica que haría eterno el presente poder de EE UU, sin ser de libre elección universal. La «libertad perdurable», a causa de su in-definición y de su in-determinación, manifiesta de forma insidiosa la misma voluntad de dominio eterno, la misma potencia endiosada de la «justicia in-finita». Y denota más una angustia exis- la reacción ejemplarizante de EE UU.

tencial ante la nada (revelada de repente con el impacto de los aviones, aniquilador de la conciencia americana de poder todopoderoso), que una idea política sobre la necesidad de un «renacimiento moral» del mundo, mediante

Se enfatiza la perdurabilidad de la libertad porque se teme, sin causa, que el terror repetible la haga perecer. Pero no hay poder militar o económico capaz de amenazar las tradicionales garantías de la libertad en EE UU. El equilibrio entre seguridad y libertad seguirá siendo estable pese al temor de que se pueda romper, en menoscabo de la libertad, si se olvida la atinada advertencia de Benjamin Franklin: «Los que abandonan una libertad esencial por una seguridad mínima y temporal no merecen ni la libertad ni la seguridad». El riesgo es otro. Lo que está en peligro no es la seguridad vital ni la libertad interior de los Estadios Unidos, sino la esperanza de vida digna en la parte insumisa del Islam ante la libertad de acción represora de la única potencia exterior del mundo occidental.

Antonio GARCÍA-TREVIJANO

TECNOLOGÍA Y BARBARIE

¿Q ué ocurriría si en un grupo de chimpancés repartiéramos armas de fuego? Es un experimento cruel que, afortunadamente no han realizado los etólogos. Pero que corresponde analógicamente

a la situación que estamos viviendo los humanos. Hemos elaborado una poderosa tecnología, que ha desbordado viejos sueños y fantasías, pero nuestra organización social y los hábitos mentales dominantes han permanecido en una fase atávica. Anclados en la mitología de la lucha por la existencia y el dominio. Frente a la comprensión de la unidad de la especie humana, imantados por la división entre el amigo y el enemigo. Un amigo que más bien es un compinche en la depredación y un enemigo que no es sino «el otro», el que está fuera de la banda y el reparto del botín. Así nuestro inmenso caudal del conocimiento científico ha sido volcado hacia una tecnología no del desarrollo y la fructificación de de la vida, sino de la destrucción y el control de cuerpos y mentes. Con el hipócrita disfraz de un lenguaje que proclama la democracia, las libertades y los derechos humanos como los ideales que guían la política de las grandes potencias. Creo que estas duras reflexiones son clave para entender la crítica situación que la

GESTOS FUNDAMENTALES

C omo no me puedo creer que un político ignore la importancia de los gestos y más ejerciendo una actividad mayormente basada en ellos, sigo perpleja con el «no saludo» de Rato a Ramallo. Todo el mundo sabe, que tanto en la política como en toda relación social, los gestos son fundamentales. Con ellos se conquista o se pierde el favor del público, se traban amistades o se ganan debates. Alguien de la gran talla política del vicepresidente lo sabe mejor que nadie. Así que, conclusión: existió un motivo deliberado para negarle la mano. Por encima de si está bien o mal, lo interesante es conocer ese motivo, y más porque todo indica que está relacionado

veda y los observadores andan más atentos que nunca a los gestos. ¿Imaginan cuántas cosas se hubieran deducido si en vez de Ramallo hubiera sido Montoro (al que Aznar no sonrió) el ignorado?

Luisa PALMA

con Gescartera. ¿Qué ha debido ocurrir para que alguien como Rato se salte las formas en público justamente con el que fue vicepresidente de la CNMV y compañero de partido de años? Sea lo que sea, el caso es que se ha abierto la humanidad está actualmente atravesando.

jeres de la comunidad

Los hombres y mu- occidental se estreme-

voroso espectáculo de cen ante el cruel y pa-

los miles de cadáveres nas de los edificios de-

sepultados bajo las rui- rribados el pasado 11

Y aquí vienen a cuento las primeras reflexiones que proponía al lector. A lo largo del siglo XX, en lugar de afrontar la política de desarrollo humano planetario que la civilización científico-técnica hacía posible, se elaboró una enloquecida tecnología de la aniquilación. Desde la fabricación y lanzamiento de la bomba atómica hasta la carrera nuclear. La imagen de un enemigo, la Unión Soviética y el comunismo, servía de justificación para el negocio de los armamentos y la integración en el Estado de Guerra, el Warfare State, complementario del Wellfare State, de la ilusión del Estado de Bienestar, como escribió Marcuse. El planeta se convirtió en un polvorín. No sólo de armas nucleares, sino químicas y biológicas. Un vehículo, como en la película «El salario del miedo», altamente peligroso de conducir, a punto de estallar al menor error. Y ahora nos encontramos con todo este salvaje potencial descontrolado. Cuando los bobos anunciaban el fin de la historia en una planicie de aburrimiento cósmico, sobreviene un repentino despertar en la perplejidad, el terror, la ira. Antes se podía negociar para evitar el estallido del polvorín, ahora ha surgido un enemigo anónimo. ¿Es verdaderamente Ben Laden el responsable del ataque? ¿Qué pruebas hay? Nos explica el Sr. Bush que hay que mantener el secreto. Estamos presos en redes invisibles. Y se acaba de demostrar que el terrorismo es capaz de infiltrarse armado de simples cuchillos en esta tan sofisticada como frágil tecnología del mundo avanzado. Qué efectos terribles no pueden dejar de producir sus armas atómicas, químicas, biológicas en manos de fanáticos desesperados? ¿Nos resignaremos a vivir en este mundo sórdido? ¿Permanecerán las Naciones Unidas pasivas y sumisas a la política que nos conduce al abismo? Es hora ya de que salgamos de la barbarie y emprendamos el camino de una nueva civilización. Frente a la pasividad el llamamiento a la crítica y la rebeldía.

de septiembre en acción terrorista. Su dolor y solidaridad son tan nobles como naturales sentimientos. Pero la mayoría no los ha experimentado ni exteriorizado, cuando son los EE UU o la OT AN quienes producen en bombardeos o bloqueos muchedumbre de víctimas. Los primeros son los «nuestros», los segundos son «los otros». Incluso algunos sectores no verían con desagrado desencadenar una tormenta de fuego sobre países del Tercer Mundo, como réplica. En la mayoría, sin embargo, yo creo que domina el temor y la perplejidad. La perplejidad, el desconcierto de que están presos, aunque traten de disimularlo, alardeando de planes de combate, los propios líderes de EE UU. Habían ofrecido seguridad a su ciudadanía como elemento básico de integración en el «Estado Guardián» y ahora tal señuelo de la seguridad se les escapa. Y los hombres y mujeres más conscientes temen que dicho Estado se convierta en pura tiranía sobre una ciudadanía universalmente sospechosa.

Carlos PARÍS

O TRAS RAZONES