O TRAS RAZONES
NOVEDAD DES-ATERRADORA
E n medio del dolor desesperado que sufren los ciudadanos y entre los negros presagios que se otean en el horizonte político de EE UU, surgió un inesperado rasgo de buena educación. Los medios
Ningún periodista o intelectual de prestigio ha protestado contra esta sabia medida, alegando la libertad de expresión y el deber de información, como ha osado hacer en este mismo diario un insensato demandante de aterramiento. El deber informativo es inseparable de la dicción de la verdad en el número de muertos y heridos. Pero no crea el derecho ni, en modo alguno, obliga a mostrar las imágenes de cabezas decapitadas, miembros amputados, cuerpos irreconocibles o bolsas de plástico con restos humanos. ¿Acaso no bastaba con imaginarlo para sentir náuseas del horror y sed de justicia inaplazable contra los culpables de semejante atrocidad? ¿Hay que añadir además imágenes que susciten fruición al sadismo o deseos ansiosos de venganza furiosa contra el mundo cultural del fanatismo religioso de donde emanaron, como ángeles exterminadores, los pilotos de Alá?
En atención a su complejidad, y para comprender mejor la naturaleza del acto de terror vengativo que ha sufrido EE UU, estoy publicando esta serie de análisis sobre la diferencia que separa los actos de guerra y los de terror, el distinto carácter del terror vindicativo y del reivindicativo, el diverso alcance del terror ocasional y del continuado, la consideración del reivindicativo y continuado como uno solo de los cuatro elementos constitutivos del terrorismo, la introducción por la prensa del elemento aterrador y la variedad de reacciones sociales frente al terror en función de las actitudes personales ante el
Los medios informativos se interponen entre los actos de terror y el conocimiento de los mismos por las personas alejadas del epicentro horroroso. Y entre el modo de comunicar la noticia terrorífica y las reacciones sociales que produce, se interponen las diversas actitudes de la gente ante el mal y las causas que lo ocasionan. Estas interferencias de factores sociales ajenos a las fuentes del terror, obligan a separar el acto terrorífico de las relaciones que lo integran, junto a todos esos factores, en el complejo y moderno fenómeno político llamado terrorismo.
informativos, al preservar la dignidad del pudor ante la muerte, han roto su demagógica tradición de sensacionalismo, no añadiendo a las imágenes de destrucción física y daños materiales las que causarían daño moral insoportable a familiares y amigos de las víctimas, y rabia irrefrenable en la población. Por vez primera en el tratamiento de las catástrofes sangrientas, no se ofreció en espectáculo público la ristra de cadáveres descuartizados y miembros deshechos, que poco a poco se extraían de la escombrera humeante a que se vieron reducidos soberbios edificios de vida laboriosa, en Nueva York y Washington.
INFAMIA DURADERA
M al momento para conceder el Nobel de la Paz a la ONU y a Kofi Annan. Ambos son testigos mudos de la tragedia cuando debieron ser punta de lanza de la paz. Ambos han sido ignora-
Todo lo nuevo es mal. La falta de estudios solventes en materia de violencia, terror y terrorismo, la vulgar confusión entre cultura y civilización y la novedad de lo ocurrido, obligan a la prensa a ser original.
difícil de entender, de saber y de valorar. Tiene el inconveniente de ser visto y juzgado mediante lo viejo sobrentendido, lo por de contado o consabido, lo consagrado por el valor moral o intelectual de las rutinas. A la novedad de un terror tan brutal como grandioso, los medios de comunicación han respondido con la novedad del humanismo, con la prudente reacción antisensacionalista y antiaterradora de la sobriedad informativa. ¡Qué ejemplo para España! ¡Qué lección para el porvenir de la política humanista contra el terrorismo! ¡Qué clara conciencia de la función aterradora que hasta hoy ha cumplido la prensa! No hacía falta esta prueba para confirmar mi tesis de que el terrorismo integra también factores distintos del terror.
Antonio GARCÍA TREVIJANO
dos y despreciados por USA. ¿Un Nobel de la Paz para los que con su pasividad y servilismo abonaron la agresión armada y todas sus terribles consecuencias para el pueblo afgano? ¿El máximo entorchado de la paz a quienes son cómplices de la guerra y sus tremendas miserias? El servilismo de Kofi Annan hacia USA no conoce límites. Ni tan siquiera una agresión armada a espaldas del Consejo de Seguridad de la ONU ha podido romper su actitud reverencial, digna del más sazonado mester de mayordomía. Ni las bombas inteligentes que asesinan a la población civil, ni los misiles humanitarios que destrozan instalaciones de la ONU y matan a sus cuatro colaboradores afganos, ni los artefactos que caen sobre silos de la Cruz Roja destruyendo alimentos y esperanzas, ni la segura perspectiva de medio millón de afganos que morirán de
COMO CRÍOS
«O se disculpa el Rato o no os ajuntamos y rompemos el Tribunal Constitucional y Consejo Superior del Poder Judicial». «Ni lo soñéis, so ''filesos''». «Y vosotros ''gescarteros''». «Y tú ''caldero'' pillón». «Y tu ''ramallo'' trincón».
otros a un Rodrigo le pegó un calentón de boca. Ni son tampoco las que colocan como asunto estrella del día un billete de avión y de «gañote» del portavoz socialista. Luego, sus señorí-
No son estas Cortes donde nos venden como bálsamo de Fierabrás el Pacto de la Justicia y luego, tras unos meses de zoco y cambalache, unos lo rompen como si fuera papel de envolver pescado porque entre los
Hubo una vez un Parlamento donde se hablaba, incluso bien y sin chuleta, de principios, de leyes y de Estado. Hubo una vez un Parlamento al que acudían los representantes del pueblo a debatir lo que a los ciudadanos interesaba. Desde luego no es éste que sufrimos.
pide la suspensión de los bombardeos. Es Mary Robinson la que plantea la petición como exigencia. Si continúa la guerra, no será posible que los alimentos y las medicinas puedan llegar al pueblo afgano. El invierno lo hará inviable y la matanza será gigantesca. ¿No se dijo que la guerra no era contra el pueblo de Afganistán sino exclusivamente contra los terroristas y el Gobierno talibán? Es siempre la gran mentira de los agresores. La misma que se utilizó para machacar Irak y causar la muerte de quinientos mil niños iraquíes. Madeleine Albright -otro campeón de la paz- dijo que la muerte de esos niños «mereció la pena». ¿También la merece el exterminio de Afganistán? Que responda Kofi Annan si es que para ello no tiene que interrumpir la penúltima reverencia ante USA. Primero bendice a los chacales de la guerra. Después pide que se suspendan los bombardeos. ¿Por qué no lanza bolsitas de alimentos y medicinas, ornadas con su nombre y su imagen, sobre el pueblo aterrorizado de Afganistán? Si lo hace Bush ¿por qué no él? Su infamia no sería superior a la de su jefe.
as, se enfurruñan cuando las gentes consideran al político como la última profesión en el ránking de honorabilidad y prestigio. Aún es mucho. En los patios de los colegios hay más sensatez y madurez que en ese edificio, con leones en la puerta y críos alborotados dentro, de la carrera de San Jerónimo.
Antonio PÉREZ HENARES
hambre con la llegada del invierno, ni el pánico de millones de seres humanos errando por el desierto con sus mínimas pertenencias, parecen conmover a este adalid de la paz. Sólo cuando conoce la concesión del gran premio
A Habermas le han concedido otro premio de la paz. El de los libreros alemanes. Mucho más modesto. Sin tanto plus de peana. «Hay que fomentar el diálogo entre culturas y religiones, entre la sociedad secular y la comunidad religiosa; hay que confrontar nuestras ideas con el fin de no fomentar la imagen del enemigo. Hay que dialogar con la cultura islámica y, aunque resulte muy difícil, con los propios terroristas. El diálogo es un instrumento en la lucha contra el terrorismo». Son reflexiones propias de un hombre de paz. De un pensador de raza que, ante la ignominia del 11 de septiembre y la iniquidad del exterminio de Afganistán, defiende la cultura de la libertad y advierte contra la degeneración que supone «un deseo mundial de mayor regulación», que tiene como pretexto la lucha contra el terrorismo. ¿Cediendo a sus presiones? ¿Claudicando ante sus objetivos? ¿Imitando sus procedimientos en nombre de la ley del más fuerte a la que inmediatamente se llama Derecho? ¿Llenando de impudicia la sangre asesinada por el terrorismo apocalíptico del 11 de septiembre? ¿Llamando «libertad duradera» a una brutal agresión contra un pueblo pobre, inocente e indefenso? No es posible clavar los ojos más allá de esta infamia que, al parecer, causa un gozo indecible en amplios sectores sociales. ¿Por qué no prueban el dulcísimo sabor de las bombas de racimo, que destruyen y matan mucho mejor que las antiguas? ¿Por qué no se dedican al «extraño rito de no ver nada más que un animal sin ojos que se arrastra»? Leopoldo María Panero lo propone como sustituto de mirarse a la cara o mirarse a los ojos. Así no se emponzoña la conciencia.