O TRAS RAZONES
NO HAY DERECHO DE SECESIÓN
L a reforma pedida por el PNV para dar cobertura legal a un Estatuto soberanista solamente se basa en el sentimiento de una ínfima porción del pueblo español. A menos que las vaciemos de todo sentido
LA GUERRA COMO NEGOCIO
inteligible, las voces soberanía y autogobierno, referidas a una parte integrada en un todo político, equivalen a Secesión. Una situación de hecho a la que jamás se puede llegar por la vía del derecho. No por mala voluntad de casi todos frente al sentimiento separatista de unos pocos, pero sí porque este sentimiento no es constitutivo de un derecho natural que los demás deban respetar como si fuera un derecho fundamental de la persona. Lógica y ontológicamente, el derecho de secesión es una contradicción en los términos. Donde hay secesión no hay derecho. Donde hay derecho no hay secesión.
ha de conseguir previamente, mediante el reconocimiento de las demás partes, la condición holística de un todo nacional y reclamar el derecho a separarse de lo dado por la historia como un todo existencial.
En las leyes ordinarias prevalece el derecho de todos los ciudadanos contra el de uno solo. En la norma constitucional de la democracia prevalece el derecho personal de uno solo contra el de todos. Y una Constitución que reconociera el derecho a la Secesión, que no es algo individual sino colectivo, no sería Ley incondicionada ni Norma garantista de la libertad constituyente. Pues lo constituido carecería del vínculo sustancial que hace de un todo compuesto una unidad estructurada y funcional, y no una mera unidad aditiva de sumandos. Esto se entenderá mejor con las nociones de todo y parte elaboradas en la filosofía, a las que se debe acudir para continuar la senda abierta en este periódico por el Sr. Sentís. Sabremos así qué clase de absurdo sostiene la creencia en el derecho de Secesión.
Cuando deje de ser obsesivo el tema del terrorismo islámico, continuaré mis análisis sobre la voluntad colectiva y la libertad política, respecto al vínculo sustancial que une de la misma manera a todos los pueblos de España, para demostrar que la Secesión como derecho es más irreal y absurda que la Independencia con sangre buscada por Eta.
Con justa causa o sin ella, con derecho o sin derecho, es indiscutible que España se constituyó en unidad política estatal, reconocida como sujeto en las relaciones internacionales, desde hace más de quinientos años. Excluida de esta reflexión la idea de que pueda fragmentarse en varios Estados por la fuerza de las armas o del terror, que es la tesis irreal, pero lógica, de Eta, se cuestiona si a España la puede dividir un derecho político de separación a favor de pueblos nacionales, sin guerra de secesión, que es la tesis de los dirigente del PNV.
Para andar por estos terrenos hay que caminar por el oscuro sendero que conduce al supuesto derecho de Secesión, iluminándolo con luces de la razón y fuegos del corazón diferentes de los que alumbran el derecho a la Independencia.
Pues son cosas y caminos contrapuestos que casi todo el mundo confunde. El derecho de Secesión es previo y distinto al derecho de Independencia. Éste pertenece a un todo que pretende liberarse de la dominación ajena y forzada. Aquél, a la parte que pretende liberarse de una unión propia y forzosa al todo. La parte que quiere separarse
Dicho reconocimiento será imposible mientras el todo -incluida la parte secesionista- no tome conocimiento social y conciencia moral de que ya no es, materialmente, el todo formal que sigue siendo. El derecho formal a la secesión no podría nacer más que del hecho material de la secesión. Y, pese al noluntarismo de la Transición, España traduce todavía un todo material que es.
Antonio GARCÍA TREVIJANO
que, una y otra vez, siempre por error, destrozan mezquitas, almacenes de la Cruz Roja, hospitales, escuelas, asilos e instalaciones de la ONU. Se proclamó la justicia infinita, luego la libertad duradera, contra el terrorismo y sus cómplices, no contra el pueblo afgano. Pero éste es el único agredido, la verdadera víctima. Aterrorizado, enfermo y moribundo vaga errático y harapiento por los desiertos afganos. A todo esto, sin la más mínima prueba de la conexión de Ben Laden y los suyos en la tragedia del 11 de septiembre. Ni una sola. Ni el más frágil indicio de que el Gobierno afgano tenga algo que ver. Ni la más ligera sombra de la implicación de tramas o urdimbres con base en Afganistán. Aseguran los expertos que un colegial de secundaria rechazaría las «contundentes pruebas» mostradas por Bush a
LA ESPECIE ASESINA
«L a especie elegida», tituló Arsuaga, pero creo que se refería más a sus queridos neandertales, la otra estirpe humana que ha existido y a la cual borramos, como primera medida, de la faz de la tierra. A nosotros nos cuadra más «La especia asesina». El homo sapiens, desde su recientísima aparición, apenas 180.000 años entre los 3.500 millones de años de vida sobre el planeta, ha logrado récords escalofriantes que nos hacen merecedores del calificativo.
dad contra sus propios congéneres.
Ha creado y almace-
Ha manipulado virus y bacterias que pueden acabar con buena parte de la población humana.
nado armas nucleares de destrucción masiva capaces de volar seis veces la propia Tierra.
Quizá estemos ya en ese tiempo. Conociendo al homo sapiens, es para tener miedo. Miedo por nosotros mismos. Miedo por la tierra entera.
Es un hecho científico, contrastado empíricamente en la historia, que toda arma acaba por ser empleada. Es sólo una cuestión de tiempo.
Antonio PÉREZ HENARES
Ha extinguido a centenares de otras especies animales y está a un paso de acabar con miles de ellas más. Ha alumbrado una civilización cuya agresión a la Naturaleza es tan terrible que amenaza con degenerarla de manera irreversible. Su violencia no sólo es extraespecífica sino también intraespecífica y dirigida con inusitada cruel-
yen lo poco que aún nos queda del viejo ideal de la democracia. Mucho más que bombas y misiles. Dicen que mutilar la libertad es una exigencia de la seguridad. El terrorismo de Estado lo es también.
Blair y demás acólitos y verbalmente comunicadas a nuestro sargento-presidente. Como en la cantata de Santa María de Iquique, se mata por matar. En nombre de la libertad y la democracia. Para colmo, leyes antiterroristas que destru-
Por encima de todo, los negocios de la guerra. El petróleo de Turkmenistán encontrará por fin, machacado Afganistán, su necesario oleoducto afgano. USA establecerá su dominio en la riquísima zona del Mar Caspio, sin impedimentos iraníes, afganos o rusos. Bush y Cheney son petroleros multimillonarios y lo serán aún más gracias a la guerra. La Carlyle, la sociedad privada más rica del mundo, está haciendo su agosto, poniéndose las botas con Bush, gracias a la guerra. La integran el ex-secretario de Defensa USA Frank Carlucci, James Baker -ex-secretario de Estado- y Fred Malek, director de la campaña electoral de Bush padre. Éste representa a Carlyle en el exterior, como agente de ventas. Doce mil millones de dólares de facturación anual. General Dinamics, Lockheed, Northrop o Raytheon están logrando contratos supermillonarios desde el 11 de septiembre. La Lockheed acaba de suscribir con el Pentágono, para las fuerzas armadas de USA y Reino Unido, el mayor contrato militar de la historia: tres mil cazabombarderos con un coste de 225.000 millones de dólares. Es el comienzo de una Edad de Oro para las grandes corporaciones armamentistas. Dijo el presidente Bush, al comenzar la agresión contra el pueblo afgano, que nunca gastaría misiles de dos millones de dólares por unidad para que alcanzaran tiendas de lona vacías e impactaran en el culo de un camello. Añadió sonriente: «Es para que no haya vuelta de hoja». Para que no sea posible la reconstrucción de Afganistán si no es como colonia norteamericana. Así se hace justicia con las víctimas de las Torres Gemelas y el Pentágono. Así se hace negocio con su sangre asesinada. Así se lucha contra el terrorismo internacional. Con un terrorismo mucho más poderoso e infinitamente mejor financiado y productivo. Todo Estado está siempre en guerra, más o menos latente, con la sociedad civil sobre la que se erige. Al fin y a la postre, la razón de Estado es el conocimiento de los medios adecuados para fundamentar, conservar y engrandecer dominio y señorío. El Estado reposa siempre sobre el terror. USA lo está demostrando más allá de cualquier duda razonable. Dicen ahora algunos británicos, alemanes o franceses que no ven claro el objetivo de la guerra. Al parecer, están desazonados porque cada vez es más palmario que se trata de un gigantesco negocio que nada tiene que ver con los asesinatos del 11 de septiembre. Saint-Just dijo ante la Convención: «Todas las piedras necesarias para el edificio de la libertad están talladas; con esas piedras podéis levantar un templo o una tumba». Mejor un templo funerario en que los asesinos cuenten dólares y muertos al mismo tiempo.
M ás de tres semanas de una guerra de exterminio. Bombas y misiles inteligentes exhiben talento y sensibilidad asesinando niños y enfermos, mujeres y hombres indefensos. Misiles y bombas de racimo