O TRAS RAZONES
PARENTESCO NACIONALISTA
T ras la experiencia inolvidable de los nacionalfascismo, nacionalsocialismo, nacionalcomunismo y nacionalismo orgánico, nadie puede tener disculpa decente para ignorar que todos los nacionalis-
mos son primos hermanos, pues todos descienden de una misma cepa intelectual y de un mismo sentimiento. Incluso los que animan en la periferia el desarrollo de culturas lingüísticas que fueron aplastadas por el nacionalismo centralizador. Esto no quiere decir que siempre han sido perversos en sus expresiones históricas. Los del XIX, al ser libertadores, fueron progresistas y civilizadores. Los despertó la revolución de la libertad de los ciudadanos. Y pusieron en ella la finalidad de la Independencia nacional, frente al Estado ajeno que la reprimía.
píritu colectivo que los anima y dirige al modo de las vocaciones en las personas individuales, como creyó el idealismo alemán primero y el historicismo después, si se les reconocen derechos de autodeterminación cuando no son siervos, ya no hay obstáculo intelectual que impida hacer de las naciones sujetos inmorales de la historia para seleccionar las fuertes.
Los nacionalismos catalán y vasco también fueron progresistas y liberadores durante los tiempos de clandestinidad en que se opusieron a la dictadura, anteponiendo la libertad al sentimiento de nacionalidad. Nadie debe olvidar el concurso de la Asamblea de Cataluña y del PNV a la causa de la unidad de la oposición. Por eso me abstuve de criticar a los nacionalismos gobernantes, hasta que su cínico descaro, apoyando la corrupción de Felipe González a cambio de dinero y de competencias, pesó más que mi gratitud política y mi amistad con sus dirigentes. Hoy los juzgo con simpatía solidaria cada vez que son atropellados por el nacionalismo español, lo que sucede más de lo que se cuenta; pero también con franca antipatía política, cuando nos atropellan con sus discursos de soberanía, autogobierno o autodeterminación, que son más antidemocráticos que separatistas; y con imparcialidad frente a sus decisiones de gobierno que, dicho sea de paso, son menos discriminatorias de lo que cabría esperar de sus discursos.
El germen antidemocrático de los nacionalismos lo genera la mistificación intelectual de hacer de la nación una persona; de atribuirle cualidades, capacidades y vocaciones que sólo pueden tener las personas individuales, sean físicas o morales. Y ni las naciones ni los pueblos son personas morales. La asimilación de los pueblos a las personas, en sentimientos o en derechos, no puede traspasar el campo de la metáfora, la analogía o la poesía. Si no se respeta esta frontera, si se concibe a las naciones como organismos superpersonales, si se piensa que los pueblos tienen un alma o un es-
Spencer ideó el darwinismo social. Hitler y Stalin aplicaron el nacionalismo darwinista en forma genocida. Ningún tipo de nacionalismo, lo vemos en los Balcanes, puede vacunarse contra el germen de fobia democrática que lleva en su entraña. El vasco y el catalán, al hacer lo contrario, hacen lo mismo que hizo el español.
Antonio GARCÍA TREVIJANO
NERVIOSAS LENGUAS
E sto del antiterrorismo da para mucho. Para crear tribunales militares que juzguen a los extranjeros suspectos de terrorismo como reos de lesa majestad imperial. Para dar manos libres a la policía y a toda su
legión de sospechosos sin soportar intromisiones judiciales y garantías tediosas e intolerables para cualquier pretor que se precie. Para detener a los diferentes y a los discrepantes como potenciales enemigos que son, para enseñarles el fervor debido a la patria y a la uniformidad de los justos. Para pisotear la intimidad de las comunicaciones entre los presos y sus abogados, que suelen ser colaboradores y cómplices de sus clientes y prevalerse de las estúpidas beaterías sobre el derecho de defensa. Para otorgar licencia de matar y torturar a los agentes especiales, cuya frustración por la pérdida de esa vieja licencia está en la base misma del éxito de los terroristas y el descrédito del Estado. Para violar el ámbito personal y familiar de la privacidad, estufa de relajación y ocultamiento frente al escrutinio vigilante del gran her-
LA ESTRATEGIA DE LA SANGRE
S haron sabe que en la paz y en la mesa de negociación, los palestinos tienen la razón y nadie puede negarles el derecho a su tierra y a su Estado. Por eso Sharon buscó la guerra, la violencia y el terror. La sangre lo tapa todo. Desde el día que puso el pie en la explanada de las mezquitas esa fue su estrategia en su objetivo de liquidar la incipiente autonomía palestina. Para ello necesitaba al terrorismo islámico de Hamas y el Yihad Islámico y ellos acudieron presurosos a la cita. Ambos son complementarios y no pueden vivir el uno sin la muerte que trae el otro.
Unidos, con su imperial y sesgada vara de medir, sólo tiene ojos para sus propios muertos. No parece haber resquicio para la esperanza. Si para la angustia. Porque el Tashal aplastará, no hay duda, a
Palestina. Pero el mundo seguirá sangrando por esa herida que infecta a la humanidad entera. Ben Laden y Afganistán serán dentro de unos meses tan sólo una brutal anécdota. Pero, aunque Sharon convierta a Palestina en un gigantesco Auschwitz, la tierra seguirá ardiendo y perdida la esperanza los palestinos sentirán que sólo pueden ser muertos o terroristas.
Antonio PÉREZ HENARES
Ahora Sharon acaricia su meta. Los suicidas del jeque ciego están suicidando con ceguera desesperada a la propia Palestina. Le han abierto el camino de la sangre a Sharon. Arafat es ya un prisionero y un cadáver político. Estados
Para crear zonas especiales de impunidad a los espías y capataces del poder, creando jueces «ad hoc» que concelebren la orgía de la simulación necesaria para que el príncipe no parezca desnudo. Para repentizar el amueblamiento de cerebros erráticos que, de la noche a la mañana, se adornan con la retórica antiterrorista hasta el punto de parecer profundos en la reivindicación de la santa milicia del antiterrorismo más beligerante, a medio camino de la caza de brujas, las mazmorras del Santo Oficio y la mística de los cruzados.
mano. Para machacar a países completos con el pretexto de la legítima defensa de sus verdugos, que asesinan a la población civil como instrumento saludable de prevención general, disuasión universal y aviso a navegantes.
Es, al mismo tiempo, profesión, religión e ideología. Antiterrorista y nada más. No hay mejor coartada para la imposición del pensamiento único y la mentira universal. Para la persecución de las verdades plurales, del escepticismo y de la perplejidad. Para la criminalización de la inteligencia crítica, la imaginación creadora y el insobornable orgullo de los que sienten pasión por la libertad y la justicia. Antiterrorismo al canto y a cantazos. ¿Qué se han creído los tibios y los garantistas? ¿Hasta donde querían llegar con su moral licenciosa y su relativismo filosófico? ¡Orden, ley y patria contra ellos! Nada debe temer la gente de bien, los que no hacen otra cosa que integrarse en la manada y hacerla cada vez más compacta y pastueña. O las fugitivas cacas que le dolían al oriolano Miguel en los cojones del alma. O esos podencos de largas patas y ano alborotado que lucen sus cabriolas más serviles ante los poderosos de turno y opereta. Que se abstengan los libres y los justos, los que piensan con su propia cabeza, los que saben que la lucha contra el poder es el precio de la libertad y los que prefieren la dura dignidad al yugo y a la pompa servil. O los que no pueden consentir que el príncipe se convierta de nuevo en juez supremo para decidir quiénes son colaboradores o alfiles del terrorismo (¡sin haber sido declarados terroristas por decisión judicial!) para alancearlos, imponerles el sayón penitencial y situarlos en la picota pública, cercanos a la horca y al garrote vil. ¿Para qué jueces y demás protectores de los criminales? Si el maestro Bush crea tribunales militares que juzguen en secreto a los enemigos del Imperio ¿cómo no va a poder decidir nuestro Gobierno quién colabora con el terrorismo sin tener que recurrir a los jueces? ¿Son acaso algo más que comisarios togados del poder o nerviosas lenguas que lamen sus rodillas? ¿Acaso no es fin superior de cualquier justicia bien entendida la defensa de la seguridad del Estado y de la pastueña tranquilidad del ganado que pace, muge y trisca bajo la atenta mirada del príncipe? Pensar en que todo esto no sea así alimenta la hoguera de la melancolía y provoca un profundo escalofrío de la memoria. Si el mundo no tiene arreglo contra el terrorismo, apaga y vámonos.
Los movimientos nacionalistas resuelven su contradicción de sentirse superiores en valor cultural e inferiores en capacidad política, según sea la situación, de oposición o de gobierno, en que se encuentren. Mientras buscan el poder ven en la libertad igualadora de oportunidades la superación del complejo político. Si tienen libertad ven en el poder la sublimación de su complejo cultural. Por esta causa tan barroca, ningún nacionalismo puede ser democrático cuando gobierna. Las demás ideologías se sienten superiores por las ideas que comportan, pero no por el aprecio a la nación de las personas que las portan. No hay nacionalismo sin desprecio a los que no sienten la nación, que es patrimonio común, al modo privativo y exaltado de un buen nacionalista.