UTILIDAD DE ETA
E l fenómeno del terrorismo separatista no puede ser visto de la misma manera, ni sentido con el mismo horror, por todos los que lo condenan en su corazón o de palabra. La utilidad política del crimen, aun-
que sea indirecta o no buscada, merma o anestesia la sensibilidad de las personas más cercanas a la concepción del mundo donde se engendra. Y los sectores nacionalistas, incluido el español, no son ajenos por completo a los sentimientos cuya radicalización lleva al terrorismo.
lía de altos techos decisionales a nacionalidades culturales, como la extensión igualitaria de esas competencias estatales a todas las Comunidades Autonómicas. Nada ni nadie ha influido tanto como Eta en la configuración territorial del actual Estado español.
Los gobiernos vasco y catalán han conseguido carácter y concesiones competenciales que hubieran sido, y siguen siendo, inimaginables sin temor a la extensión del terrorismo en todos los escenarios nacionalistas.
La mera existencia de Eta ha determinado la flaqueza de la Transición ante los nacionalismos gobernantes, llegando a servir de coartada implícita, cuando no de pretexto expreso, a la noción represiva del orden público y de la libertad de pensamiento sobre conceptos tan básicos, por ser prepolíticos, como los de patria y nación.
Los Gobiernos de la Transición se han legitimado en la represión legal antiterrorista para abortar los movimientos involucionistas de la extrema derecha (23 F) o copiar sus ilegales métodos (GAL). Los nacionalismos gobernantes y los Gobiernos del Estado resultan objetivamente beneficiados por Eta, en tanto que factor justificante y estabilizador del consenso oligárquico que sostiene el sistema autonómico.
Del mismo modo que Franco prolongó la dictadura haciendo del comunismo la alternativa a su Régimen, lo cual exigía providenciarlo en todas las manifestaciones de la oposición democrática, dándole así un prestigio carismático, la actual oligarquía de partidos estatales y autonómicos se basa en la conveniente idea (para ella) de que sin Monarquía no habría más que separatismo y rotura definitiva del Estado.
Basta imaginar una situación sin terrorismo para evidenciar que ni Arzallus, ni Pujol, ni Suárez, ni Felipe González, ni Aznar serían lo que han sido, ni habrían podido gobernar de modo tan expeditivo. El concurso de méritos que hace durar a Eta no le corresponde a ella sola.
La unidad de España, un hecho involuntario e indiferente a la libertad colectiva de los españoles, ha sido elevada por la Transición a la categoría de voluntad política del Rey y de los partidos constitucionalistas.
Si a las consideraciones anteriores añadimos que el sistema de Autonomías trae su causa suarista de la igualación de todas las regiones con Cataluña y Euskadi
Una hazaña metafísica que sería imposible de concebir sin tener a mano el antiterrorismo como factor de legitimación de los gobiernos, y sin exagerar el peligro de separatismo como justificación última del sistema monárquico.
-por ciega obediencia a la fantasía dictatorial de negar la realidad de la historia española que ha diferenciado territorios por sus lenguas y culturas-, será injusto dejar de atribuir a la existencia de Eta tanto la rega-
Los matices de la ambigüedad de sentimientos ante el crimen terrorista, producida por la importancia de su utilidad política, se dejan ver en los distintos signos de su condena, desde la lamentación por la desgracia inevitable, o el rechazo puramente intelectual de las acciones sangrientas, a la desaprobación de los atentados contra personas insignificantes.
El grado de dolor por el asesinato terrorista se establece en función, inversamente proporcional, de la espúrias rentas del terror. Y ésta utilidad no beneficia en exclusiva al PNV.
Antonio GARCÍA TREVIJANO
ESPECIES A EXTINGUIR
A quella permanente embestida de la soledad royendo los intersticios de la razón como una quemadura se queda corta, con el aliento pútrido, comparada con esta horrenda demolición de la razón
democrática que se está perpetrando en nombre de la ideología antiterrorista. ¡Qué banquete del poder a cargo de la sangre asesinada el 11-S en Nueva Y ork y Washington! Decía Pablo Neruda, maldiciendo a un oscuro funcionario de Dios: «Otro plato de sangre para el obispo de Almería». Ahora se sirve en enormes soperas imperiales para concelebrar sin inhibiciones proditorias la liturgia de la venganza bautizada como libertad duradera. Soperas de sangre para el festín imperial de la conquista. De nuevo la oración del monje Bulloch ante el asesinato del pingüino hortelano a manos de Greatuk y frente a la condena del anciano Mael: «Cuidado, padre mío, pues lo que llamáis robo y asesinato es la conquista, fundamento sagrado de los imperios, origen de todas las virtudes y todas las grandezas. Padre mío, bendecid a Greatuk porque todo poder viene de Dios». Anatole France afinó más que Orwell. El gran pingüino de piel blanca y pelo rojo, cargado con su enorme maza
EL JAMÓN
L os habrá mas caros, más elegantes, más modernos, más sofisticados o más bellos; los habrá, incluso, pecadores, que hagan traspasar la línea del cohecho, los desfiladeros de la tentación y los arroyuelos de la honradez. De todos ellos habrá, pero como él, hasta hoy y por los siglos de los siglos hispánicos, el jamón es el jamón. Es el obsequio con mayúsculas, certero, definitivo, contundente; un clásico; un estilo que no pasa; un exacto nombre, redondo y rotundo, para un aroma, un sabor, un poderío, un todo inmarchitable. Es el símbolo imperecedero de nuestra manera de pagar lo que no tiene ni por lo que se ha co-
Te pueden regalar de todo, de cualquier precio y condición; gusto o disgus- brado precio, del obsequio, de la dádiva, de la merced y el agasajo. Es la imagen impresa, en la raza y en la lengua, del regalo.
to; envuelto, de diseño o en botella. Te pueden mandar hasta la luna y la Biblia en verso -los de márketing mandan cosas aún más raras- pero si en Navidades a uno no le mandan un jamón, es que no es nadie.
Antonio PÉREZ HENARES
asesina, supera al gran cerdo de «Rebelión en la granja», sin necesidad de insistir en la imagen estúpidamente peyorativa de uno de los animales más limpios y generosos del universo, arrojándolo de nuevo, con el diablo en su
Vamos avanzando. No hacen falta aliados, sino vasallos. Soldurios y gardingos en permanente actitud de séquito. Muñidores del Imperio, fraguadores de intrigas, grandes estómagos rumiantes, esbirros disfrazados de patricios, brigantes y bribones siempre dispuestos a cualquier patriada para calentar la verga imperial de los Greatuk de alto coturno, con el plus de peana del genocidio perpetrado en legítima defensa. Quedan otros por delante pero el séquito será el mismo. Y la conquista también. Ni Prometeo ni Antígona existen ya. Han sido destruidos por misiles cortamargaritas y bombas de napalm. Los publicanos han reemplazado a los republicanos. Hay que recaudar el impuesto del terror en nombre del antiterrorismo. No hacen falta ciudadanos. Sólo milicos del chusmaje dispuestos a la gran delincuencia internacional y al asesinato en masa.
sangre, por el precipicio de Gadar. ¿Por qué todo poder viene de Dios? Es Dios. El camino, la verdad y la vida. Y la mentira universal que aplasta con su maza las verdades plurales.
¡Incorregible Saramago! El mismo día en que nace con el esplendor del rayo pelúcido el nuevo santo Escrivá, encomendado a los arcángeles pínnicos de la santa coacción, dice muy serio que «los gobiernos son los comisarios políticos del poder económico» y que hay que responder a tres preguntas, casi tan difíciles de responder como aquella bíblica de «¿dónde está tu hermano?». El lusitano-lanzaroteño José pregunta nada menos: ¿por qué ocurre lo que ocurre?; ¿para qué ocurre lo que está ocurriendo?; ¿para quién ocurre? Son cosas que no deben decirse. Es como preguntar por los tiempos anteriores a Dios. La voz de ceniza de Saramago continúa exigiendo racionalidad democrática. «Hasta para descreer de la razón tenemos necesidad de la razón». En este tiempo hostil propicio al odio hay preguntas que no deben hacerse. Están amasadas en la esencia de una revolución a contravida. Tan abolidas como los árboles a los que sonreía de lejos Blas de Otero. También le gustaban los camiones grises «y muchísimo más los elefantes». Son especies a extinguir. Como la libertad y la justicia. Libertad infinita y justicia duradera. Así lo ordena el imperio y así deberá ejecutarse. El gobernador de «Las brujas de Salem» tenía toda la razón del mundo: «En el libro de la ley no está escrito que las sentencias de los jueces sean justas, pero sí está escrito que las sentencias de los jueces deben ejecutarse». Estas sentencias no son especies a extinguir. Juan Proctor y Rebeca Nurse seguirán, de por vida y de por muerte, condenados a morir en la horca. Aunque las brujas fueron expulsadas y abolidas, hay que seguir colgándolas. Loores hagamos al rey del festín.