O TRAS RAZONES
ESPAÑA PENDIENTE DE UN HILO
E n la formación de las naciones clásicas -y España es una de las primeras, junto a Francia, Inglaterra, Portugal y Holanda- concurrieron factores tan heterogéneos o dispares tales como
EL CONSUMIDOR CULPABILIZADO
azares, necesidades, conciencias, religiones, derechos, deberes, lenguas, creencias, guerras, matrimonios, ambiciones, pactos, errores, traiciones, miedos y dejaciones. Salvo la propensión al dominio de la lengua y la religión de los Reyes feudales más poderosos, ninguno de todos esos factores dio a las poblaciones la oportunidad de consentir el hecho nacional. Lo voluntario y lo involuntario lo tramaron. Vascos, catalanes, castellanos, gallegos o murcianos, pertenecen a España como a la familia. Sin consentimiento. Y para contentarnos con lo inevitable, se inventó la creencia humanista en el destino.
P arece que los ciudadanos y ciudadanas de los países que se consideran desarrollados y en la iniciación de este siglo XXI, en opinión de las autoridades, estamos mal acostumbrados. Según las encuestas la mayoría se
No puede confiar en la dinámica de las instituciones, por la naturaleza del sistema electoral, con- tificial de las Autonomías, al que dio cuerda con los nacionalismos, antes de que sea demasiado tarde.
cebido para favorecer a los partidos nacionalistas. No puede recurrir al sentimiento natural de la patria común, pues lo tiró por la borda, junto con el bastardo nacionalismo español, para aliviar a la monarquía y a los renegados de la carga franquista, en su nueva odisea por las espumas de la libertad. No puede gobernar la nave nacional entre la Escila vindicativa del nacionalismo vasco y la Caribdis reivindicativa del catalán, porque la Transición fletó el Estado de Partidos sin calado democrático y sin lastre español. Ya sólo le quedan dos recursos: aumentar la represión y la desconfianza frente al nacionalismo vasco, como si todo él fuera separatista, y aferrase a la palabra tranquilizadora de Aznar y Zapatero. ¡La unidad de España pendiente del hilo verbal de dos hombres!
Antonio GARCÍA TREVIJANO
halla contenta con la perspectiva de manejar una moneda como el euro, aunque se anunciaba tan poderosa y se ha quedado tan baja respecto al dólar, y su cambio con la peseta hace casi aparecer los irracionales, que tanto inquietaron a la escuela pitagórica, griega, pero, quizá, no llegamos a estar clamorosamente entusiasmados. Y de un modo vicioso aspiramos, además, a cosas tales como la luz eléctrica, difundida ya en el pasado siglo, pero ausente en la mayor parte de la historia humana, el calor hogareño con que hacer confortables las costosísimas cuevas que habitamos en las urbes y queremos tener agua corriente en el grifo, sin necesidad de ir a buscarla a la fuente, entonando alegres canciones. Tres cosas que, de repente se han hecho problemáticas. En primer lugar los cortes de luz en la Comunidad Valenciana, en Cataluña -donde en Barcelona se ha llegado a una interrupción de cinco horas en el suministro- en Murcia y en esta capital del Reino, que es Madrid. Según los pesimistas volvemos a los años cuarenta, en que, sien-
ENMENDAR EL MAL
L a frase pertenece a Bush, George, en referencia a los atentados del 11 de septiembre. Y es, sin duda, un loable propósito, pero poco más. Porque en realidad el mal, así, de verdad, con mayúsculas, nunca tiene enmienda, remedio, reparación. Cuando actúa, su impronta permanece, irremediable. Cuando ataca a toda una sociedad, caso de Estados Unidos o el nuestro propio con los terroristas etarras, la justa reacción del cuerpo social necesita de un plazo largo y, aunque lo intente, es difícil que pueda restaurar el daño ya hecho. Este monstruo de mil cabezas actúa de muchas formas y, así, nos quedamos atónitos con lo que pasa en Israel o con las increí- ocurre en que nos situamos «al nivel» -según el extendido barbarismo- de California, paraíso de las nuevas tecnologías, que no hace mucho, y también a consecuencia de las tan glorificadas privatizaciones, pasó por una importante crisis de suministro eléctrico. Mientras los españoles y españolas gritan, como Goethe en el lecho de muerte: «Luz, más luz», voces críticas comentan con indignación el hecho de se haya obsequiado por el gobierno a las compañías eléctricas con un billón de pesetas, extraídas, naturalmente, del bolsillo de la ciudadanía en concepto de costes para «liberalizar» el sector, aumentar la «competencia» tan benéfica míticamente y el resultado sea éste. Pero la Directora General de Energía ya nos ha explicado que todo se debe a la «elevación de nuestro nivel de vida». Con lo cual los cortes se convierten en eufórica glorificación. ¡Qué bien vivimos que nos quedamos sin luz!, podremos exclamar. Y el ministro Sr. Rato ha declarado, muy serio, por la televisión que semejantes cortes «no perjudican a los consumidores, ni a las empresas». Al parecer la energía eléctrica se convierte en un capricho. Quizá ha sido un error en la historia de los seres humanos recurrir a ella, cuando su ausencia no acarrea perjuicios.
ro, ojo, que nadie está libre del mal y, que se sepa, al único que podía enmendarlo le matamos hace unos 2002 años. Mañana conmemoramos su nacimiento. O a lo mejor ni eso. Entre tanto atasco de tráfico, lotería, espumillón, Papá Noel, compras, regalos, copitas y fiestas navideñas, ¿alguien se acuerda?
Luisa PALMA
bles, desesperadas y dolorosas imágenes que nos llegan de Argentina. La ineptitud, la soberbia, la corrupción, el engaño y el creerse más de lo que uno es, les han llevado al borde del abismo. Pe-
La Revolución francesa, y en menor medida el ejemplo de la guerra de Independencia de las colonias inglesas en América del Norte, cambiaron el escenario medieval de donde emanaron las que podemos llamar con propiedad naciones renacentistas. El principio universal de la libertad descubrió a los pueblos que ellos podían determinar su destino en lugar de padecerlo. Y construyeron las naciones románticas (Alemania, Italia) con la voluntad nacional y la política rectora del reino más pujante (Prusia, Piamonte).
La transición española liquidó el Régimen de Franco y, con él, el nacionalismo de Estado que lo sostuvo. Pero la aterradora ignorancia de todas las fuerzas convergentes en el consenso creó la insoportable contradicción nacionalista en que se fundamenta el actual Estado de las Autonomías. Nadie pensó en las graves consecuencias que se derivarían de la naturaleza romántica del nacionalismo catalán, pretencioso constructor de su nación, y del carácter tercermundista del vasco, pretencioso liberador de la suya. El consenso creyó con ingenuidad que ambos designios, basados en la ideología fascista de nación como voluntad de poder destinada a vivir en lo universal, lo que no es posible sin vida estatal independiente, quedarían frenados o equilibrados con la igualdad territorial heredada del nacionalismo franquista. Y el aprendiz de brujo no sabe, ahora que presiente el desastre, cómo parar el juego ar- do tan prolongada la ausencia de electricidad, en lugar de «apagones» el fértil ingenio popular inventó las palabra «encendiones» como expresión de la insólita y fugaz aparición del flujo eléctrico. Conforme a los optimistas, empero, lo que
Pero, aún más importante que la luz es el suministro de agua corriente. El último fin de semana en la Sierra de Madrid se produjeron dificultades a consecuencia de las bajas temperaturas. Anteriormente el Ayuntamiento en algunos pueblos era responsable del servicio y los vecinos podían dirigirse a él para resolver los problemas, pero ahora las competencias han sido transferidas al Canal de Isabel II. Y ponerse en contacto con esta entidad produce otra original sorpresa que añadir a las que vengo comentando. Al teléfono responde una voz femenina muy agradable y bien modulada. Más o menos dice, cortesmente: «Aquí el Canal de Isabel II, tenemos mucho gusto en ponernos a su servicio, nuestro horario es de lunes a viernes de nueve de la mañana a ocho de la tarde». Y , seguidamente, cuando el ansioso de agua quiere tomar la palabra, corta la comunicación, dejándole como único resultado el recuerdo de la dulce voz. Me explican gentes introducidas en los entresijos de la Comunidad de Madrid, que ahora el Canal, dependiente de la Comunidad, es utilizado por ésta para diversas operaciones ajenas al suministro de agua y ya no tiene tiempo y medios para atender a la que era su importante función. Pero esta situación todavía se deteriora más, si el consumidor llama al servicio de butano y se encuentra, en los últimos días, sin el consuelo de ninguna respuesta oyendo patéticamente su propia llamada sin que nadie, como un dios sordo a nuestras oraciones, se digne descolgar. ¿Habrá que llamar al teléfono de la esperanza? Menos mal que vamos a enviar, por fin, tropas a Afganistán, donde por cierto están bastante peor, y ello enorgullece a nuestro gobierno, en línea con Mr Bush.
Calos PARÍS
Las dos guerras mundiales (la segunda fue una prolongación de la primera) liquidaron los ideales románticos que, al concebir a las naciones como voluntad de poder, las habían conducido al reparto colonial del mundo entre imperios nacionales y a la idea nacionalista del Estato. Las dos potencias vencedoras crearon un organismo internacional en la ONU para reconocer el derecho de autodeterminación de los pueblos colonizados. Y con resistencias pasivas, guerras de liberación o apoyo de las potencias de los dos primeros mundos, nacieron los Estados sin Nación del tercero.