DEÍSMO EUROPEO
N inguna Constitución menciona los factores que determinaron el desarrollo del espíritu de unidad en la sociedad política que constituye. La pedantería de Giscard d'Estaing antepone a la Constitu-
ción de la UE un Preámbulo que, además de no tener valor constituyente, evidencia la ignorancia cultural de sus redactores. Aunque algún historiador genial tuviera la osadía de intentarlo, no podría sintetizar en unas pocas frases los elementos materiales y espirituales que, en 25 siglos de continuo acontecer, han formado la conciencia europea.
«La verdad de existencia, verdad de conocimiento». El hecho, y sólo el hecho, rige el conocimiento y conduce a la verdad. Su fiel discípulo, el famoso Pope, puso en verso la filosofía deísta de Bolingbroke, a quien dedicó este verso: «¡Ven ahora, mi amigo! ¡Mi Genio! ¡Ven al instante! ¡Oh maestro del poeta y del sueño!»
España y Polonia no piden la supresión de ese ridículo y falso Preámbulo. Quieren acercarlo a la realidad histórica incluyendo al cristianismo entre los componentes que menciona. Tal reivindicación, justa pero incompleta, desconoce que el proceso de secularización y separación del Estado, frente a la Iglesia, no lo desencadenó el ateísmo ni el cristianismo, sino un fenómeno espiritual que la Ilustración puso de moda en toda Europa. El deísmo. Una religión sin iglesia. La de la francmasonería de las Luces. La de Bolingbroke y Pope. La de Voltaire y los enciclopedistas. La de Lessing y la «Aufklärung». La que Robespierre hizo religión de Estado. ¿Se comprendería el espíritu europeo sin los deísmos francmasón, inglés, francés y alemán?
La oposición denunciadora de las mentiras y crímenes del poder, la ironía deísta de Voltaire, originó la función del intelectual europeo. El deísmo de Bolingbroke inventó la oposición parlamentaria como sistema. El de Lessing fundó la estética en la oposición sistemática a las convenciones del clasicismo. Lo que le llevó a separar la poesía de las artes plásticas, a negar la validez del teatro francés (Corneille) y a derivar de esta oposición la necesidad de fundar una poesía alemana y un teatro alemán. Schiller y Goethe lo escucharon.
Los estudiosos de la filosofía del poder y la estética saben que las ideas y valores de Bolingbroke y Lessing ocupan los estratos superiores de la sabiduría política y artística. En mi opinión, lo propio del espíritu europeo en la civilización occidental, lo que lo distingue del espíritu norteamericano, se debe al deísmo. Si el Ser Supremo no tiene poder efectivo sobre lo humano, lo humano no puede legitimar el dominio de unos hombres sobre otros. Esto justifica en las conciencias la oposición, incluso violenta, a todo tipo de poder no derivado de la libertad. Europa produce oposiciones disgregadoras, como la anarquista, que son inéditas en otros continentes. Ésa es su peculiaridad cultural y espiritual.
El deísmo de Bolingbroke elaboró el extraño concepto de oposición leal a Su Majestad, para hacer admisibles sus violentas diatribas contra la corrupción del partido gobernante (Walpole), confundido con los intereses de la Corona. De Bolingbroke procede la idea de que los partidos políticos «son intrínsecamente perversos». Pala- bras que se incorporaron, fuera del contexto liberal donde nacieron, a la propaganda fascista contra el sistema de partidos. El deísmo de aquel portentoso Lord, primer ministro desterrado a Francia, tomó esta divisa:
Sin el cristianismo es imposible comprender la formación del espíritu europeo, pero sin Locke, Hume y Kant, que fueron deístas, tampoco. No es lugar ni ocasión para tratar del deísmo, de sus sutiles diferencias con el teísmo y con la religión natural. Sólo reivindico aquí su papel principal en la filosofía y la estética propias de Europa. La separación de Iglesia y Estado, de Revelación y Razón, de Poder y Oposición, no son explicables sin el optimismo deísta.
Antonio GARCÍA TREVIJANO
TERRIBLES REALIDADES
N o hay que darle más vueltas. Los norteamericanos han perdido la guerra que provocaron en contra de la legalidad internacional. No tienen legitimidad ni para transmitir el poder a «sus» iraquíes. Nadie
aceptará la licitud de esa transmisión. Es como las raíces del árbol podrido. Todo el árbol está podrido. Sus frutas son venenosas. El pueblo iraquí no aceptará jamás la legitimidad de lo que decida USA. Hasta que se retire completamente del territorio iraquí, sin dejar ni un solo soldado, ni una sola estructura de mando, y sean otros países, bajo el mando de Naciones Unidas, los que transmitan el poder a un Gobierno provisional, incluidos los baasistas. Los usacos han perdido la guerra y han llevado a la derrota a sus aliados. Ellos también participan de la podredumbre de la causa. Tampoco sirven para otra cosa que para marcharse cuanto antes. Por primera vez ha dicho algo inteligente Ana Palacio. La situación es peor que cuando mandaba Sadam. Puede hacerse más terrible aún. Tienen que marcharse todos y cumplir sus obligaciones básicas. Entre ellas, pagar la reconstrucción de lo que destruyeron vio-
EL MEJOR ZAPATERO
más, perciben como un cúmulo de trágicas equivocaciones. Los hechos, día a día, con dolorosa contundencia, son aún más tozudos que él.
tido contrario que tanto le han erosionado, el mejor Zapatero, el del sentido de Estado y de la prudencia sin renunciar a las propias ideas y a los principios. A yer recobró, espero que para siempre, su mejor faceta. Este Zapatero sí que es un peligro. Para el PP , claro.
Fue el del martes en el Congreso, y después de muchos vaivenes en sen-
Antonio PÉREZ HENARES
G anó el debate. Así de sencillo. Supo dar con el tono y la forma, sensato, creíble y moderado, y supo darnos la razones. La responsabilidad de iniciar la guerra de Iraq no le es en absoluto atribuible, pero entiende que ahora no se puede dejar aquel país a su suerte. Si desatar la furia de un terrible avispero fue un disparate y la peor y más estúpida forma de combatir lo que ahora se dice combatir, el terrorismo, desentenderse ahora sería la culminación del crimen por parte de la comunidad mundial. Zapatero supo transmitir esa constructiva opción y ofreció su apoyo. Aznar no tuvo respuesta. Sigue encastillado, tozudo, firme en su convicción y decidido a seguir hasta el final por un camino que, por más que él no quiera verlo, los demás, y cada vez
lando las leyes internacionales y humanitarias. Manos sucias, fuera. Fuera también la borrachera de poder. La codicia del corazón y la impudicia de la sangre asesinada.
muertos. Más lo siento que los caimanes condecorados y los ministriles de cargo adosado. Mucho más. Han muerto en el vacío más insoportable, por una causa que se les presentó como no era. No se han podido acostumbrar con la muerte. Cerradles con urgencia. Que no vean por qué murieron. Que no se vuelvan a morir aún más espantados y asqueados de lo que murieron. Todas las guerras son enfrentamientos sucios entre poderosos y pobres. Todas se libran por codicia de riqueza, poder y territorio. Todas son deshonrosas e inicuas. No hay guerras honorables. Pero si, encima, se provocan pisoteando la legalidad internacional y el derecho humanitario, son criminales, genocidas y odiosas. Decir que, mediante una guerra genocida, se defiende la paz, la seguridad o la libertad es defecarse en el género humano. Humillarlo y ofenderlo. Decir que la imposición de la democracia será el resultado de una guerra es insultar a la democracia. Afirmar que es preciso luchar contra el terrorismo mediante otro terrorismo más intenso y brutal es un crimen contra la humanidad. Llamar terrorismo a defender el propio territorio ocupado por los agresores es una infamia. Cuando sólo vale la fuerza, cuando el Derecho únicamente sirve para bendecir al más fuerte y darle la razón en todo caso y permitirle decir que actúa en nombre del Estado de derecho, que invocan todos los Estados totalitarios y violentos, se está incitando al terror social e individual. Cuando la ley internacional es vejada y humillada por conspicuos representantes de la comunidad de naciones, estamos al cabo de la calle. En el mismo campo de batalla donde han muerto los pobres soldados de la «inteligencia» española. Parece una obra de Norman Mailer. «Espías en el campo de batalla». ¿Qué hacían allí? ¿Quién les había ordenado que pasaran por allí, sin defensa ni información, observados con odio por los ciudadanos iraquíes que los veían circular? ¿Ocupantes de un territorio ajeno y partícipes de una guerra que no era suya ni por asomo? ¿A muchísima distancia de su tierra y de la integridad y libertad de los suyos? ¿Dónde están los asesinos?
Comparto el dolor por nuestros militares
Se han muerto para siempre, como todos los muertos de la tierra, pero sus gemidos acompañan el frío de nuestra sangre. Gabriel Celaya lo decía muy bien hablando con Vicente Aleixandre. «Pero el hombre no existe / nunca ha existido, nunca, / pero el hombre no vive, como no vive el día / pero la luna inventa sus metales furiosos». Son metales enfurecidos por siete muertes inútiles y terribles que no merecía la condición humana de nuestros soldados. Metales que lloran gritando su dolor a todos los dioses que conocen.