O TRAS RAZONES
IRREFLEXIONES DE AZNAR
C omo en todo ser humano no dedicado al cultivo de la inteligencia racional, ni educado en el amor a la verdad, la vida mental de Aznar se forjó bajo el dominio familiar de sentimientos reacciona-
rios. Uno de ellos, común a los partidarios de la dictadura de Franco, se alimentó con la propaganda antifrancesa de aquel Régimen nacionalista. Esa vil propaganda le ha hecho creer la falsedad que hoy declara a un periódico norteamericano: «Desde 1800 las decisiones de España en política exterior han estado subordinadas a Francia y eso, ahora, ya no es así».
Azores, no dependerá más de la política internacional francesa, tendrán una trascendencia inmediata, pues además de ser ofensivas para Francia dañan gravemente la causa de la unidad europea y de los intereses económicos de España.
Aznar se confunde. Lo que pudo ser verdad con la dinastía borbónica en el XVIII, dejó de serlo en el XIX y sobre todo en el XX. ¿Ignora acaso que la conciencia nacional emergió, amparada por el Reino Unido, en la guerra de Independencia y que la revolución liberal, la de Riego, fue aplastada por el Duque de Angulema en nombre de la Santa Alianza? ¿Desconoce la posición antifrancesa de España (Donoso Cortés) durante la época marcada por las revoluciones del 48 y la preferencia por una Corona alemana (Prim) tras la caída de Isabel II? ¿No sabe el origen español de la guerra franco-prusiana ni lo que representó el krausismo y la Institución Libre de Enseñanza para la educación de la clase gobernante?
Confundido con el antiliberalismo, desde 1912 hasta hoy la política exterior española ha estado orientada por un sentimiento antifrancés. Incluso durante la II República. Cuando en plena ascensión del peligro fascista en Italia y Alemania, Edouard Herriot visitó Madrid (1932) para estrechar la relación franco-española, Azaña lo entretuvo hablándole del Greco mientras la extrema izquierda vociferaba contra el imperialismo francés. Azaña pensaba que la política exterior se heredaba de un régimen a otro y propició contra Francia, que se oponía a la invasión de Etiopía por Mussolini (1935), la iniciativa de Salazar en pro de una Alianza Triangular entre Portugal, Inglaterra y España. Y no se necesita refrescar la memoria de los treinta años que transcurren desde la muerte de Hitler a la de Franco. La francofobia se justificó en el constante apoyo de Francia a la causa de la libertad en España y al amparo concedido a los refugiados españoles.
¿Acaso no conoce la causa antifrancesa de la política colonial en África, las simpatías germánicas de Alfonso XIII (incluidos Benavente y Pío Baroja) durante la guerra europea, la traición de la policía que comunicaba a los submarinos alemanes las rutas de los barcos españoles torpedeados, la admiración de los intelectuales por la República de Weimar, la política exterior de la II República, el germanismo de la filosofía dominante?
Si, para adular la francofobia de Bush, el presidente Aznar quiere mentir sobre la política exterior del pasado de España puede hacerlo impunemente. Sus palabras resbalan sobre la realidad de los hechos históricos, aunque los historiadores y los medios de comunicación no quieran ridiculizarlo. Pero sus imprudentes y gratuitas palabras sobre la política exterior del futuro, asegurando que la posición de los gobiernos españoles, a partir de su caída del caballo europeo camino de las
Hemos de agradecer a la diosa Fortuna que Aznar se haya caído del caballo y cambiado de rumbo espiritual poco antes de subir a la gloria del firmamento norteamericano en el carro de fuego iraquí. Si el 11 de septiembre, su ardiente Pentecostés, hubiera ocurrido antes, habríamos visto donde habría puesto a España con una política exterior basada en el pretexto antiterrorista. Una misión a la que Aznar no renunciará, como acaba de decir, esté en el paraíso del mundo anglosajón o en el de sus añorados luceros.
Antonio GARCÍA TREVIJANO
EL ESTADO FASCISTA
E ntre la originaria manifestación de la derecha en su forma aristocrática, tradicionalista y enfrentada a la Revolución Francesa, que comentaba en mi último artículo, y su desembocadura capitalista y burguesa se ha
cruzado un singular fenómeno en la primera parte del siglo XX: la aparición de los fascismos. Conjunto de movimientos que históricamente rechazaron su inclusión en la derecha, proclamándose revolucionarios Y , que, sin embargo, se han convertido en la imagen de la derecha más pura e incluso en el apelativo con que se vitupera a las posiciones derechistas, cuando éstas adquieren un carácter extremoso.
romper los mecanismos de la democracia formal, manipulándolos. Los fascismos, en cambio, desprecian la democracia. «El mejor destino de las urnas es ser rotas». Y en la II Guerra Mundial las democracias burguesas se vieron abocadas a luchar contra un fascismo al que habían hecho numerosas concesiones.
No obstante, el fenómeno fascista, en el sentido más preciso, se enmarca por una circunstancia y unos límites temporales muy claros. No se puede comprender sin la crisis económica y política, también psicológica y cultural, que conmociona la sociedad europea tras la I Guerra Mundial, en la cual y en el seno de una intensa lucha de clases han emergido las revoluciones comunistas, Ante ellas puede verse en el fascismo una poderosa arma utilizada por la derecha burguesa para
PROPUESTAS PESADILLA
L o más divertido de la semana ha sido el episodio Ibarra con su propuesta, vista y no vista, sobre la cuota del 5 por ciento a los nacionalismos. Ibarra ha dicho una verdad que comparte el 95 por ciento de los españoles, al igual que su calificación de que los citados nacionalismos son una «pesadilla». El problema de su propuesta es que, tras cederles el brazo entero en la transición, ese remedio ya no se puede aplicar. Pero Ibarra le ha dado un susto a esta dirección del PSOE, que en Cataluña les ha entregado los dos brazos, los ojos y parte del hígado a los radicales. Ibarra siempre ha sido muy notable, aunque Bono no le va a la zaga. No ha hecho ninguna propuesta, pero su insulto al «premier» británico nos descubre que tiene otra cara menos «Bono» de lo que algunos creen. Mientras, estamos todos en ascuas sobre cuál será el
ro, en fin, el caso es que más que notables, estos chicos resultan «sobresalientes», en la plena acepción de la palabra, pues están que se salen. Se habla de si Rajoy es previsible o no previsible, que está muy de moda, pero lo más interesante de Rajoy es su dominio del «tempo». Él va a su paso, con serenidad, y anuncia sus propuestas cuando lo tiene previsto, sin alterarse por las palomitas de maíz que explotan en el PSOE.
Luisa PALMA
siguiente «notable» en proponer, porque lo de la foto de Zapatero con Botín con pretensión de vender que su coincidencia quiere decir algo, sólo puede ser una broma, o una idea «sebastiana». Pe- combatir la revolución comunista y destruir el movimiento obrero, Y de hecho no ha dejado de cumplir esta función, haciendo el «trabajo sucio» que convenía al orden capitalista Pero la derecha burguesa ha sido capaz de mantener su poder sin
Los ideales de la Ilustración, en efecto, son denostados por el fascismo, aunque Horkheimer y Adorno hayan adivinado un sutil hilo de comunicación entre ambos movimientos, La aspiración es crear una nueva sociedad por vía revolucionaria. Y como clave de ella, frente a la racionalidad moderna y los valores burgueses, se glorifican los valores heroicos. Se exalta la violencia y la guerra es cantada como la más alta realización de lo humano, según proclamaba Rommel. No ya como mero medio para servir a los intereses económicos, sino como fin en sí misma. ¿Añoranza de los tiempos homéricos y medievales? No exactamente, frente a la exaltación del héroe individual y aristocrático los fascismos aspiran a la movilización y organización de las masas. Algo que en el fascismo español nunca llegó a cuajar. Pero sí en el italiano y sobre todo en el nazismo. Nada más ilustrativo que contemplar en los documentales de la época el impresionante espectáculo de las multitudes nacional-socialistas marchando en férreos bloques y haciendo ondear legiones de banderas. Una estética de la fuerza que arrastró a gran parte del pueblo alemán, incluso a importantes intelectuales. Y que respondía a una época en que, a diferencia de las últimas guerras científico-tecnológicas, el potencial de un ejército de masas resultaba decisivo en el campo de batalla.
En el social los fascismos originariamente se declaran anticapitalistas. Se pretende arrancar la bandera de la revolución al comunismo y al anarquismo Pero las tendencias izquierdistas fueron barridas, Incluso sangrientamente. Y los fascismos se aliaron con el poder capitalista de sus países. Revelaron, así, su rostro de movimientos contrarrevolucionarios
La exaltación de las virtudes bélicas hace que los fascismos se muestren como la forma más radical de la derecha en dos aspectos. En uno de ellos, en cuanto tales virtudes se proclaman como propias en su plenitud de los pueblos superiores, entendidos además biológicamente como raza. En otro en cuanto son atributos «viriles» que relegan a la mujer a un lugar secundario. Tan combatido como el comunismo resultó el feminismo.
Hoy asistimos a una nueva crisis de la democracia en el imperialismo belicista de Bush, y en su política policíaca. Pero no hace falta invocar el heroísmo, ni movilizar masas. Basta con el poder de la tecnología, la bélica sobre el campo de batalla, la de la propaganda sobre las conciencias. El «Estado Guardián» no requiere guerreros sino sumisos ciudadanos amedrentados.
Carlos PARÍS