INGENUIDAD DESLEAL

D os conflictos institucionales acaparan la atención. Los dos derivan de la incoherencia en los preceptos constitucionales que regulan la relación entre los poderes del Estado de Partidos. Uno de ellos

enfrenta de nuevo al TS con el TC a propósito de una sentencia de aquél contra éste, que pone en juego la supremacía jurisdiccional, no resuelta en la Constitución. Sin la intervención de un poder constituyente que la reforme, este asunto escapa de la mutua lealtad o buena voluntad a que recurren las malas constituciones. Diderot lo explicó.

LA DICTADURA CAPITALISTA

A l mismo tiempo que se condenan las dictaduras políticas, en el discurso que cotidianamente nos bombardea, se oculta la más poderosa dictadura actualmente existente: la representada por el capitalismo a través de

Como nunca tuve sueños restauradores de la República parlamentaria y siempre identifiqué la democracia política con la República Constitucional (que se instaurará cuando se haga históricamente necesaria), vivo un ideal

La torpe acción de Rovira no debe justificarse con su posible buena voluntad, pues entonces cabría preguntarse si ineptitud en política equivale a bribonería en moral. Los partidos y sus votantes se fascinan con los ineptos fantásticos. Menos mal que no suelen ser diligentes. Gramsci ilustró el peligroso activismo del «tonto-granuja» con el caso del «inteligente que puede fingirse tonto y conseguir que lo tomen por tal», frente al «tonto que no puede hacerse pasar por inteligente, a menos que encuentre gente más tonta que él, lo que nunca es difícil». Las elecciones situarán al «romántico cap» en una de esas categorías mixtas.

las grandes empresas multinacionales y los organismos que dirigen, con arreglo a los intereses de tales empresas, la economía planetaria. Pensemos, así, dentro de nuestra ámbito más próximo, en el hecho, muy poco comentado y criticado, de que, mientras se discute pomposamente el proyecto de Constitución para la Unión Europea, como gran realización, por encima de todo proceso democrático y prohibiéndose cualquier influencia gubernamental, se levanta desde Maastricht la soberanía del Banco Central Europeo, cual poder indiscutible.

objetivado donde no se respeta más ni se juzga peor a ER que a CiU, PNV, PP, PSOE o IU.

El otro enfrenta la Generalitat al Gobierno español, por la entrevista en suelo francés del consejero en «cap» con dirigentes de ETA. La falta de cultura política enfoca equivocadamente el tema desde un punto de vista moral. Como si hablar con un terrorista, sobre la renuncia a la sangre y a la coacción de las conciencias a cambio de un apoyo activo de Cataluña al Plan Ibarreche (única baza del «cap de la Generalitat»), fuera una ilicitud descartada de la acción política. Las precedentes negociaciones de los gobiernos españoles deberían bastar, puesto que nadie sano puede compartir la inmoralidad del terror, para situar la deslealtad del Sr. Rovira en la órbita de la inmensa ingenuidad política donde se ha manifestado.

Se acusa a Rovira de un pecado capital de inmoralidad cuando lo asombroso es precisamente la candidez de su triple ingenuidad. Era pueril imaginar que su acción permanecería secreta y no sería estimada, con razón, como una deslealtad a su partido, al gobierno del que forma parte, al de España y al de Francia. Era infantil negociar con ETA sin hablar en nombre de los poderes efectivos que tienen la responsabilidad de combatirla. Era quimérica la esperanza de obtener alguna rentabilidad catalana de tan impopular atrevimiento.

El Sr. Rovira se ha hecho acreedor, por supuesto, a la crítica política, pero no a su descalificación moral. Esa crítica debe extenderse, por reacción inadecuada, al desconcierto del presidente de la Generalitat y del secretario general del PSOE, como también, por maniqueísmo puritano, a la precipitada destemplanza de Aznar, Rajoy y PP. ¿No hay una última y secreta legitimidad en la iniciativa de Ezquerra Republicana? ¿Se hubiera atrevido a emprenderla sin el ánimo independentista que le insufla la Constitución de las nacionalidades? ¿No ha realizado la hazaña nacionalista que sus socios de gobierno deseaban y no osaban ejecutar? Hipocresía de aliados. Demagogia de adversarios.

Porque soy republicano me parece mal que un partido se apodere de la palabra, como si él solo pudiera encarnar ese ideal, y me río del republicanismo de los partidos que sostienen la Monarquía sin haber tenido libertad constituyente. Porque soy demócrata no apruebo a ningún grupo político que esté incorporado al Estado de Partidos, financiado con fondos públicos y no sea representativo de la sociedad civil.

Antonio GARCÍA TREVIJANO

Una visión superficial, atenida a las exhibiciones de potencia bélica que, desde la guerra del Golfo hasta la de Iraq, se complacen en realizar periódicamente los EE UU y su instrumento la OTAN, podría creer que es el poder militar el que dirige el planeta, continuando los tiempos guerreros. Aunque ac-

LA ABERRACIÓN

E l Gobierno del PP ha combatido a ETA dentro de la legalidad. Los gobiernos del PSOE no, recuérdese el GAL. Carod Rovira negocia con ETA, con la muerte, con los verdugos de unas víctimas atónitas ante tanta desvergüenza. Carod, socio de los socialistas, no es tonto, ni mesiánico, ni ingenuo como algunos quieren hacer creer. Lo ha hecho porque va contra el Estado y, además, no se arrepiente. A Carod no sólo no le ha pasado nada, sino que Maragall le ha permitido la salida de concurrir a las generales cuando debería haberlo fulminado. Encima le dice que tiene «la puerta abierta» para volver a su gobierno. En plena precampaña, el PSOE, consciente de que como partido se tambalea entero, piensa que su única salida es volver la tortilla contra el PP . En el colmo del delirio, Maragall disculpa como

REBOREDO Y SAÑUDO

«ingenuidad» la aberración de Carod y dice que la prefiere «a la pasividad del PP ante ETA». ¿Estamos locos? ¿Se puede tachar de «pasividad» al único Gobierno que ha conseguido acorralar con-

tra las cuerdas a los terroristas, o acaso a su presidente, quien sufrió un atentado en sus carnes y salió vivo de milagro? Pero no, no hay locura en ello. Lo que hay es peor. Son intereses inconfesables los que llevan a restar importancia a la traición de Carod y a culpar al PP de que se haya conocido. Ése es el fondo y lo más grave. Otra cosa son las formas.

Luisa PALMA

les regímenes militaristas, dependen oficialmente del poder civil. Y , en cuanto éste no es supremo, a través de él, no constituyen sino el brazo armado de los intereses capitalistas, mostrándose a veces más partidarios los políticos y dirigentes de la economía del uso y abuso de la violencia que los mismos militares, Y es un brazo que, además, sólo actúa esporádicamente, en ocasiones límite, mientras que la coacción económica representa una presión constante controlando toda la política mundial y finalmente la vida cotidiana de la ciudadanía.

tualmente tal potencia se cifra mucho más en la tecnología que en la preparación de unas tropas que, entre suicidios, deserciones y acciones provocadas por el pánico, vemos desfallecer en Iraq. Pero los ejércitos, salvo en los hoy en día excepciona-

Según acabo de apuntar, en cuanto el poder civil dirige el militar caeríamos en otro grave error, basado esta vez en la ilusión de la democracia, auspiciada por el discurso oficial, si pensamos que son los políticos, elegidos en los comicios, quienes dirigen el destino de la sociedad. Pero la realidad es que el poder económico presiona los procesos electorales y los desvirtúa. En primer lugar, interiormente, en la medida en que tales procesos están condicionados por la capacidad de gasto de los partidos y, sobre todo, externamente, amenazando con la retirada de ayudas y el estrangulamiento, si se anuncia la posibilidad de que candidaturas rebeldes, propiciadoras de una distribución más justa de la riqueza, basadas en el interés de las clases empobrecidas, accedan al Gobierno. Por esta vía se llega a la situación que he oído denunciar muchas veces a José Saramago, en que los gobiernos se convierten en meros delegados de los poderes económicos internacionales.

Ciertamente, la dictadura del capitalismo actual es una dictadura hábil, astutamente enmascarada. No en balde es la astucia, como comentaba en mi anterior artículo, la virtud política propia del mercader. En lugar de ejercer el poder directamente, mediante coacciones visibles y, por ello mismo, fácil y escandalosamente denunciables, como en las dictaduras políticas, se oculta tras el escenario y mueve los hilos de las marionetas. Son éstas los partidos políticos, que no se atreven en su inmensa mayoría a anunciar programas y propósitos de acción que cuestionen el orden de los poderosos, Y , al mismo tiempo, el aparato cultura troquela las mentalidades, convertido en «industria de la conciencia». Empezando por la mera información. Es expresiva, en este sentido, la consigna de ocultar los féretros que llegan desde Iraq y el hostigamiento hasta el crimen de los periodistas independientes. Y , más allá de la información, el control de los medios de comunicación de masas, en manos sólo de los económicamente poderosos, induce en los mismos programas de ocio las imágenes del amigo y el enemigo y los valores y modelos de conducta que forman una ciudadanía inconsciente de su falta de libertad. La dictadura del capitalismo se disfraza, así, de algo que no deja de invocar y prostituir al mismo tiempo: la democracia.

Carlos PARÍS