HABLANDO SE DESENTIENDE LA GENTE
U n dicho vulgar, «hablando se entiende la gente», invita al inútil o contraproducente diálogo entre malentendidos interesados o malquerencias ideológicas. Tal creencia se oponía a la cultura que se daba
a entender por escrito. La razón de que Sócrates no escribiera y sus discípulos adoptaran el género literario del diálogo, la dice el propio Platón. «Todo hombre serio se guardará de tratar por escrito cuestiones serias y librar así sus pensamientos a la envidia y la ininteligencia». «El discurso escrito es un simulacro». La transmisión oral de los presupuestos mentales del consenso, característica de la cultura agrícola y académica, ha sido reforzada en el mundo tecnológico por la comunicación audio-visual a distancia.
CAPITALISMO Y TECNOLOGÍA
E l capitalismo ha transformado nuestra percepción social del mundo, reduciendo su rica y compleja realidad a mercancía. Se ha erigido en verdadera dictadura que controla el poder político y militar de los esta-
dos y rige las relaciones internacionales. Son temas que he desarrollado en anteriores artículos. Hay que preguntarse entonces: ¿de dónde proviene este enorme poder del capitalismo? ¿Se debe a que expresa la forma más alta de organización racional de la economía y la sociedad? Tal cosa mantienen sus teóricos y defensores. Pero yo sostendría que, muy lejos de ello, la fuerza del sistema capitalista no reside en su capacidad de organizar positivamente la sociedad, sino en el modo en que, a través de él, una minoría dueña de la economía se ha apropiado de los logros de la revolución científica y técnica de la Edad Contemporánea. Al ponerlos a su servicio, ha obtenido un enorme poder y, al mismo tiempo, ha degradado un potencial capaz de elevar la vida del conjunto de la humanidad.
o republicana, su encuentro habrá aumentado el desentendimiento. Para la Monarquía y la República sería mejor, por ser más decoroso, que nunca se hubieran hablado.
La imprenta y las obras de arte plástico impusieron la superioridad de lo gráfico sobre la auditivo. El Renacimiento, el Humanismo y la Reforma fundaron la dignidad de la persona y la posibilidad de entendimiento entre los hombres sobre la autoridad de los textos y símbolos gráficos de la antigüedad. La hermenéutica sustituyó a la retórica. La investigación solitaria descifró el sentido de la Naturaleza. La inspiración personal, el del Arte. Los libros sagrados se abrieron a la libertad individual de las conciencias. Las leyes escritas derogaron las normas verbales de las costumbres locales. Los estados se asentaron en el prestigio de las constituciones. Todas las ciencias del hombre se hicieron documentarias.
Así ha sido confirmado por la experiencia dialogante de la modernidad y la postmodernidad. En ninguna otra época, como la posterior a la catástrofe de la guerra mundial, ha sido más intenso ni más extenso el esfuerzo internacional e intercultural para que las gentes de distinta religión o ideología se entiendan hablando. Y nunca ha sido más evidente el fracaso de los diálogos entre católicos y protestantes o cristianos y marxistas, y del encuentro entre occidentales y orientales.
El dialogante «hombre económico» de Adam Smith y el ingenuo «animal racional» de la Ilustración han dado paso, con el reciente descubrimiento de la riqueza del lenguaje social de los animales, a la nueva idea de la humanidad como reino único del «animal simbólico» de Cassirer. Los modos de entenderse y desentenderse, hombres o civilizaciones, no están basados en los diálogos de la razón ni en la convergencia o divergencia de los intereses, sino en el encuentro y desencuentro de simbolizaciones comunes o adversas. No hay más lenguaje humano que el de los símbolos. Hablando se entienden los animales, incluido el animal racional en tanto que animal, pero no la gente simbólica, que es lo puramente humano.
Mi experiencia del franquismo y de la Monarquía me llevó al convencimiento de que «hablando de buena fe se desentiende la gente». El consenso español solo pudo asentarse en la mala fe intelectual (hipocresía) y en el beneficio material de un interés mutuo (cinismo). Si el Rey dice a un sepa- ratista que «hablando se entiende la gente», y el nacionalista se entrevista con ETA y coge la frase como consigna de su campaña electoral, podemos asegurar que, alejados ambos de toda posibilidad de buena fe monárquica
Cuando digo que «hablando se desentiende la gente», pienso sobre todo en las personas que se encuentran separadas o enfrentadas por algún motivo que consideran trascendental o vital. Pero también en los baldíos intentos entre familiares y amigos de llegar a entenderse en temas ideológicos sobre los que difieren en absoluto. Un diálogo inteligente o desapasionado sobre la cuestión litigiosa es imposible. Sería preferible no intentarlo, pues el simulacro de conversación racional sólo puede servir para aumentar la incomprensión mutua y disminuir la aptitud para generar simpatía y afecto.
Antonio GARCÍA TREVIJANO
mulación de tales recursos levantó las grandes fábricas, inaugurando la radical oposición entre propietarios de los medios de producción y proletariado. Y , apoderándose del rendimiento industrialmente incrementado del trabajo a través de la plusvalía, se crean la enorme fortunas de los capitalistas. Al par que, la aplicación de este desarrollo industrial al terreno militar permitió consolidar el reparto colonial del planeta.
Surgió, en efecto, el modo de producción capitalista con una primera apropiación por parte de el sector más dinámico de las clases
«BRUMOSO» PAPEL
Q ueda apenas un mes para que se abran las urnas y los estrategas andan calibrando el impacto electoral de la «traición-Carod» con ETA. No es cosa fácil. Para el PP, según sus sondeos, es indudable que el asunto ha hecho daño al socio de Carod, o sea al PSOE. Con todo, es verdad que hay dirigentes populares que «ni se fían ni se confían», menos en Cataluña. Para los socialistas, el golpe negativo también está claro y de ahí su táctica de silencio en torno al tema, a ver si al menos consiguen diluirlo un poco. Por lo demás, estamos viviendo una campaña que parece haberse desinflado. Zapatero «gastó» sus propuestas con tanta anticipación que ahora no logra reeditarlas. Por el contrario, Rajoy ha sabido mantenerse y empieza a desgranarlas ahora. Pero ha habido un antes y un después de Carod por el que el PP ve más cerca la mayoría absoluta. Ahora la preocupación es que su electorado no se desmovilice. Mientras, aparece en
REBOREDO Y SAÑUDO
el Club Siglo XXI Felipe González y pide a Zapatero que asuma «ese papel de centralidad que a veces siento brumoso en la conciencia de los socialistas». Buen consejo, pues González no hacía más que decirle cuál es el camino para gobernar. Pero Zapatero como si oye llover. Pero claro, cuando uno ha pactado con Carod y defiende la radicalidad ¿cómo no va a hacerse el despistado?
Luisa PALMA
dominantes: la de la maquinaria creada en los talleres por la inventividad y esfuerzo de los trabajadores manuales, de los artesanos, y de los ingenieros dentro de la que Mumford ha designado como «revolución paleotécnica». La acu-
Después vendrá una segunda apropiación: la de la investigación científica, que se produce en la fase «neotécnica», también según la terminología de Mumford, al hacerse el desarrollo industrial dependiente de los descubrimientos, de los nuevos horizontes abiertos por la física de los campos electromagnéticos y por la química. La ciencia planificada y financiada por los intereses capitalistas es crecientemente desplazada de su carácter de investigación desinteresada y de su posible servicio al desarrollo humano, para supeditarse al beneficio de las empresas y a la creación de nuevos armamentos, en el modelo de universidad irradiado desde la John Hopkins.
Pero si en ambas etapas el capitalismo mantenía más o menos degradado un ideal productivo, en los últimos tiempos tal productividad ha sido inmolada en el altar de la especulación y también de la corrupción más absoluta, No otra cosa representa la llamada «globalización», en cuanto, junto al tradicional esfuerzo por ampliar el mercado, ha introducido, como rasgo más típico e innovador, la facilidad y rapidez en la transferencia de los capitales financieros buscando maximizar beneficios. Y desestabilizando, así, la economía de los estados. Es la última apropiación; la de las nuevas tecnologías.
Toda esta primera, pero larga, etapa del capitalismo está guiada por el afán de productividad, no sólo cuantitativa sino capaz de lanzar productos sólidos y fiables al mercado, susceptibles de imponerse en él por su calidad. Tales ideales se rompen en el neocapitalismo de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, con la superproducción de mercancías de «usar y tirar», sostenida por el estímulo para la compra permanente. Asistimos a una nueva apropiación. Ahora, es la de las ciencias sociales y la psicología, funcionando en la tecnología de la publicidad, con el soporte que los nuevos medios de comunicación y facultan, y cultivando e una inexhausta necesidad consumista. Surge entonces la explotación no ya sólo del trabajador, sino del mismo comprador. Aunque su explotación sea ciertamente incomparable con la del trabajo, no por ello deja de ser alienante y deshumanizadora, representando en este sentido una poderosa arma de integración.
Tal es, en síntesis, la trayectoria de un sistema que, en beneficio de una minoría, ha despojado de su poder liberador a la ciencia y la tecnología modernas.
Carlos PARÍS