APATÍA EUROPEA
P ocas personas serias siguen con atención las vicisitudes que entorpecen y retrasan el proceso de la unidad europea. Cualquier documental sobre la conducta de los animales o el origen del cosmos despierta más
nan los Estados de Partidos, dentro de ellos no nacerán las emociones colectivas que escoltan y guardan las instituciones de la libertad.
curiosidad que las informaciones sobre la UE. El aislamiento de los españoles, su larga reclusión en el estrecho habitáculo de la dictadura les hizo creer que su entrada en la comunidad europea les cambiaría la vida y los haría modernos. Ha bastado una generación cultural para que su inicial ilusión se transforme en indiferencia. Aparte de subvenciones, nada de orden cultural o civilizado se espera ya de Europa. Aznar ha sintonizado con esta apatía y nadie le exige cuentas por su portazo a la Constitución de la UE.
UNA VACUA CAMPAÑA ELECTORAL
¿ C ómo debería ser una seria y responsable campaña electoral? Desde luego bastante distinta de la que empieza a dar sus primeros pasos de cara a los próximos comicios. Y en que el análisis en profundidad de
Sin embargo, aunque la UE tenga su causa fundacional en los Estados de Parti- dos, el carácter abierto y acumulativo de sus elementos permite abrigar la esperanza de que, por su causa final, evolucionará hacia la democracia. No hay pues contradicción alguna en pedir a los gobiernos que aprueben la Constitución no democrática de la UE, y propiciar a la vez la unión masiva de los europeos contra las Constituciones cerradas y bloqueadas de los Estados de Partidos, que no han tolerado la menor transformación de sus estructuras oligárquicas en democráticas desde que se fundaron. La novedad de la UE está en la posibilidad de que, en coyuntura favorable, el aumento cuantitativo del poder económico-demográfico determine la necesidad de su transformación cualitativa en poder democrático.
Antonio GARCÍA TREVIJANO
los problemas que afectan a nuestro país y la exposición de las políticas adecuadas para resolverlos es sustituida, en la confrontación entre los dos partidos mayoritarios, por aéreas ofertas numéricas, cuya viabilidad ni siquiera se explicita. Como si los candidatos fuesen prestidigitadores que se sacan conejos de la chistera. Así, mientras nuestras escuelas públicas se encuentran mayoritariamente en un estado penoso, situación inevitable dada la insuficiencia de nuestros presupuestos para educación, y los que nos dedicamos a la enseñanza vemos como se ha degradado la capacidad de redacción en las nuevas generaciones, se promete por Rajoy que los niños y niñas van a empezar a aprender el inglés a los tres años. Sería de temer que, dentro de esta guerra de fútiles ofertas, la oposición anunciara como iniciación para el estudio de tal lengua la edad de dos años, dejando para los tres el estudio
PALABRA DE ZP
N os quejábamos de que la campaña estaba un poco sosa, cuando en estas apareció Pepe Blanco presentándonos el lema del PSOE y el acrónimo del candidato y nos animó la cuestión. Para nada quiere esto decir que le quite méritos a Llamazares y su lema para IU «Palabra», el mismo que utilizó Aznar en el 89 aunque aderezado con «la estrategia del champiñón» que atribuye al PP , lo cual indica que IU está hecha una seta, pues copia hasta lo que critica. Y es que tenemos unos líderes que no nos los merecemos. Mientras, otros tratan de ser originales, como los socialistas, con lo de ZP . Y lo han conseguido sobradamente: el chorro de chistes que han proliferado a costa de la ocurrencia no tiene desperdicio y a ZP le atribuyen de todo menos el significado que el PSOE pretende, o sea, el de Zapatero Presiden-
REBOREDO Y SAÑUDO
te. ¡Qué se le va a hacer! Te gastas una pasta en «expertos internacionales» y te salen con ZP . Pero lo estupendo es lo de «Merecemos otra España mejor», pues aquí no hay
más remedio que preguntarse cuál es esa «otra» España, ¿la que quiere el socio del PSOE Carod-Rovira, es decir, ninguna? ¿La de las 17 agencias tributarias o 17 Tribunales Supremos de Zapatero? Es comprensible que el PSOE utilice la palabra «España» para tranquilizar después de sus concesiones a los radicales o sus propuestas disgregadoras. Lo malo es que piensan que «Zon la Pera». Palabra.
Luisa PALMA
complementario del francés, italiano y alemán. ¿Una divertida caricatura? Ya no lo es el debate pintoresco sobre el número de ordenadores de que van a disponer los alumnos en las escuelas, en que se ha entrado en una guerra de cifras Un or-
¿Se ha hecho inalcanzable el elemental derecho a una vivienda? Compitamos para ver quién ofrece más cientos de miles de viviendas en alquiler o en compra en condiciones favorables Las promesas se disparan grotescamente sobre el papel. Pero no se explica cómo se va a combatir el precio del suelo y poner freno a las enormes ganancias y a la corrupción de los constructores. Ni mucho menos se afronta la patología de un desarrollo en que la construcción alcanza un papel preponderante sin beneficiar al conjunto de la sociedad. ¿Hay preocupación por la inseguridad ciudadana? Después de haber reducido el número de efectivos en la Fuerzas de Seguridad, en favor de los servicios privados, el PP anuncia un aumento de policías, sin confesar su anterior reducción.
Y, ¿qué diremos de la necesidad de programar un eficaz modelo de desarrollo? Estamos viviendo de las ayudas de la Unión Europea, como nos recordó Schröder, del turismo y la construcción. Mientras en el delirio de la oferta capciosa habla Rajoy del «pleno empleo», se marchan empresas y no trabajan nuestros astilleros. Se hunden nuestras fuerzas productivas. Y dedicamos cifras mezquinas a la investigación, sin la cual no cabe desarrollo a largo plazo.
denador por cada dos alumnos, uno para cada alumno, se podría llegar en este delirio a dos por alumno. Y se olvida que estamos a la cola del desarrollo en nuevas tecnologías.
Y los grandes problemas se evaporan en esta competición de ofertas, en la cual, que yo sepa, sólo Llamazares se ha negado a entrar calificándola de «subasta». Decisivamente se rehuye el problema de aumentar los ingresos del Estado, tan bajos en relación con los países de nuestro entorno, y que son necesarios para obtener adecuados servicios públicos. Muy por el contrario, se habla por el PP de «bajar los impuestos», tendiendo una trampa al ciudadano que habrá de compensar la insuficiencia de tales servicios a costa de su bolsillo. Una función fundamental de un sistema fiscal progresivo es conseguir una mínima redistribución de la riqueza. Que la derecha se oponga a ella forma parte de su lógica, pero no debería ser ésta la actitud de la izquierda, que en el caso del PSOE no se atreve a acometer tal problema. Y es que el esfuerzo de ambos partidos mayoritarios por situarse en la ficción del centro y arrancar votos al contrincante desvirtúa toda nuestra política.
La política es arte de elegir y programar el funcionamiento y camino de una colectividad, sobre la base económica de recursos escasos y la social de múltiples intereses que llegan a ser contradictorios. Entonces ni económicamente cabe el milagro de los panes y los peces, ni socialmente es posible sustituir el compromiso y el proyecto de sociedad por la universal sonrisa que contente a todos los sectores sociales.
Carlos PARÍS
La Europa tecno-burocrática que se está construyendo a espaldas de los ciudadanos no puede levantar el entusiasmo que despertaría la aurora de una Europa democrática y soberana. Pero no es a causa de estas carencias por lo que Aznar muestra reticencias nacionalistas y atlánticas a la perspectiva de su unidad constitucional. Pues la desea menos democrática (con privilegios para España y Polonia) y sin política exterior y de defensa propias. Dejando de momento la cuestión de la ausencia de libertad política en los ciudadanos europeos, tanto el nacionalismo español como el vasco-catalán alimentan la indiferencia popular sobre la que se afirma la apatía europea del Gobierno.
Los procesos de creación parecen divinos. Para muchos pensadores solo ocurren en el arte. Las épocas se llaman modernas por la admiración que despiertan las novedades. Era el punto de vista de Baudelaire. Pero como no hay genuina novedad sin originalidad, y ésta es tan rara en el mundo político, los tiempos de la novedad por la novedad, esos en que cualquier cosa baladí hace historia, son más aburridos y monótonos que los de estimación de lo tradicional. ¿Hay alguna novedad creadora en la UE?
La emoción nacionalista concibe como derechos los deseos de gozar de privilegios fuera de su ámbito territorial. Sean los de pretender para el Estado español más votos de los que proporcionalmente le corresponden en la UE, sean los de integrar en esa comunidad de Estados a regiones o nacionalidades sin Estado. Cuando exceden a su objeto, el amor y el odio se abrazan a espectros autocomplacientes, surgidos por encanto de vaporosas ensoñaciones que no controla la inteligencia. Ante la falta de emoción que ocasiona la carencia de soberanía europea, tan fantasmal es la reivindicación española como la vasco-catalana. Dos caras desgastadas por la historia narcisista de una misma moneda arqueológica.
Sin las creaciones de la libertad no habría mundo moderno. Los europeos dejaron de ser modernos desde que aceptaron y se acostumbraron a la ausencia de originalidad en el mundo artístico y de libertad democrática en el político, o sea, desde comienzos de la segunda mitad del siglo XX. Mientras que los ciudadanos no se rebelen contra las oligarquías políticas que gobier-