MAYORÍA ABSOLUTA
L a Transición ha trastocado la jerarquía de valores en los conceptos. La consagración del consenso como fundamento del orden constitucional ha traído consigo, entre tantas ideas taradas, la profanación del prin-
cipio básico de la democracia: gobierno de la mayoría absoluta. El significado de la palabra absoluta se impone a la idea relativa de lo que expresa en tanto que adjetivo de la mayoría gobernante. A tal punto llega el vicio del hombre público de pensar la palabra en vez de hablar su pensamiento, que hasta el jefe de la mayoría absoluta promete gobernar por consenso.
evidencias históricas ni piensan por sí mismos ni han leído a Stuart Mill.
El poder de una mayoría absoluta, muletilla de los celos oligárquicos y báculo de la democracia, jamás puede ser despótico si está bajo el poder absoluto de control por la minoría. En una relación equilibrada de poder, la fuerza de uno de sus términos no pueda ser medida sino por la fuerza del contrario. Lo absoluto en la democracia está en el poder de control de las minorías. Este principio, desconocido en el parlamentarismo, fundó la democracia representativa en los EE UU. Los padres fundadores de la primera República extensa no se rebelaron contra el principio monárquico de gobierno (lo instauraron con el presidencialismo), sino contra el principio liberal del poder absoluto de la mayoría parlamentaria. La de uno o la de varios partidos asociados.
Las combinaciones de partidos para formar mayorías de gobierno después de las elecciones, vicio clásico del parlamentarismo si el conflicto social no divide en dos bandos a los gobernados, suponen un fraude para los votantes. Los participantes en el gobierno tienen que incumplir sus promesas y programas. Como también las incumplen los jefes de gobierno por mayoría absoluta cuando anuncian que gobernarán en favor de todos y no en interés de sus votantes. Otra idea tarada. Ninguna promesa de gobierno puede permitirse ser partidista. La deslealtad a todos no está en el cumplimiento de un programa ganador, sino en su incumplimiento.
Cuando oigo decir a los partidos minoritarios y a los intelectuales de la izquierda que las mayorías absolutas dañan el respeto de las minorías, no puedo evitar sonreírme como ante el desesperanzado grito del cojo a los que escapan de un peligro galopante: «No corráis que es peor». Aparte de la confusión entre despotismo electivo y tiranía social, una cosa es que la mayoría absoluta no pueda ser regulada como normalidad en el Estado de Partidos, y otra muy diferente ignorar que sin esa mayoría no es posible gobernar de modo leal como en la democracia.
Es imprudente citar frases de un pensador sin conocer su obra, como hacen los pseudointelectuales de la Transición. Cuando Madison y Jefferson hablan de «despotismo electivo», por ejemplo, no se refieren a un peligro que aceche a la democracia, sino al sistema parlamentario. Cuando Tocqueville habla de «tiranía de la mayoría», tampoco piensa en la de un partido absolutamente ganador, sino en la del consenso de todos los partidos constitucionales. El colmo de la opresión de la libertad por la libertad se produce cuando, en un clima intelectual de tiranía social (consenso), el sistema proporcional de listas de partido crea mayoría absoluta de un despotismo electivo. Los que desconocen estas
Los partidos nacionalistas tienen motivos para temer la mayoría absoluta de un partido que encarna el nacionalismo contrario. Pero, reducido a la esfera abstracta de los soberanismos de las nacionalidades y al grado concreto de competencias autonómicas, el ámbito de su temor es mucho menor que el de las libertades individuales de pensamiento, expresión y acción. Sometidos los ciudadanos a la dictadura del consenso oligárquico de todos los nacionalismos y desguarnecidos del poder de control efectivo de la mayoría gobernante, carecen de personalidad y de los derechos políticos que importan.
Antonio GARCÍA TREVIJANO
CONSTITUCIÓN PARA MESOPOTAMIA
U na esplendorosa noticia para el pueblo iraquí. A pesar de las bombas de cada día, de los atentados de todo jaez, del riesgo cotidiano de perder cabeza y vida al pasear dentro o fuera del «triángulo
sunní», los iraquíes ya tienen constitución. Es verdad que provisional. Cierto que aprobada por un Consejo de Gobierno interino a las órdenes de USA, cada vez más aferrada a sentar sus posaderas en todos los pozos petrolíferos de la riquísima y paupérrima nación mesopotámica. ¿Quién confía en la aplicación real de esa constitución, en la garantía veraz de derechos y libertades proclamados con solemnidad teologal? ¿Quién piensa que, vigente la constitución provisional, serán universales e indivisibles el respeto a los derechos humanos en Iraq? ¿Quiénes confían en que la resistencia política armada frente a los ocupantes decrecerá o se desvanecerá con la relativa vigencia de la Constitución interina? ¿Morirán más
¿HAYMOTIVO?
L os directores de cine -algunos de ellos, claro- no han querido quedarse esta vez tampoco fuera de foco y de la foto y han reunido más de una treintena de cortos repartiéndose una visión crítica de la sociedad. «Hay motivo» se ha convertido, tras la de Medem y su pelota vasca, en la película de moda y, como la de Medem, amenaza con ser el filme clandestino más visto de la última década. No compartí las iras de algunos fundamentalistas ante el aburrido documental de los pelotaris. Y, contra lo que dicen voces airadas, cercanas todas a la misma opción política, no me parece mal que los cineastas, que practican un arte tan conectado con la realidad, ejerzan de conciencia crítica; ¿qué sería del cine, y del arte en general, sin la voluntad de contribuir a cambiar la sociedad para mejor? Ahora bien, confieso que no sé si el loable
REBOREDO Y SAÑUDO
propósito de «darle una patada en los genitales al Gobierno» (sic) es el que debe justificar tal crítica y, encima, en plena campaña. Yo también creo que hay motivos para votar a unos en lugar de a otros, pero tucional, su simple firma burocrática y pendolista, servirá para acallar la indignación y reducir la humillación, el odio y el sufrimiento de los ciudadanos iraquíes? ¿Lo pensarán los otros dos de las Azores? Blair está intentando destruir el poder judicial británico pasándolo de la independencia en los Lores a la dependencia administrativa de un Tribunal Supremo a la usanza continental. Sólo mira de reojo a sus súbditos iraquíes. Aznar está ultimando la campaña del miedo al miedo, con sus insultos y proverbiales agresiones a los adversarios y pavoneándose de ser el único de las Azores que no da explicaciones a su pueblo y a su parlamento de sus malas fechorías contra Iraq. Ninguno de los dos está para fijarse demasiado en la Constitución interina del Gobierno interino del Iraq interino del imperio perenne. Que Bush y Bremer hagan lo que les pete en la vieja Babilonia atropellada por el apocalipsis de mierda y de mentira que arrojaron sobre ella los imperiales y su séquito de gente mendaz, guacarnaca y asesina.
también hay motivos para no votar a esos unos y sí a esos otros. Un lío típico de indeciso hasta última hora, vaya. De lo que no estoy seguro es de que la visión de «Hay motivo» vaya a servir para decidirme. Qué suerte estos directores -y lo digo en serio- ilustres que tienen las cosas tan claras y todo lo ven blanco o negro y no en technicolor...
Fernando JÁUREGUI
felices los muertos de cada día? ¿Serán más que nunca las estrellas de Babilonia ojos de amigos muertos que se acuerdan de su patria agredida y usurpada? ¿Pensará el virrey americano que la firma del texto consti-
Blair se concentra ahora en las próximas elecciones. Su lucha contra la BBC y los medios independientes no le va tan mal como se creía. El juez legendario que designó resultó pariente de Panurgo y lo hizo tan bien como debía. Su ex ministra ha dicho la verdad tardíamente, cuando las verdades pierden parte importante de su luz por los legajos que las agobian. Su opositor conservador ha sido tibiamente ratificado por los suyos. Es como un Rajoy cualquiera, pero más soso y con algunas convicciones tan profundas que apenas se pueden ver. El débil pensamiento registral de Rajoy es más patente, negro y grande. Y Aznar sigue a lo suyo, convirtiendo España en arma de destrucción masiva. Engrandeciendo cárceles y reformatorios. Bendiciendo las prácticas del Klan. Y aspirando a ocupar en el Gotha de la comunidad internacional, algún cargo que le permita liberar sin obstáculos su fuerza y su pundonor frente a rebeldes discrepantes y cismáticos de toda laya. ¡A mí el pelotón, que los arrollo! ¡Nadie loco se interponga temerario en mi carrera! Mientras tanto, Blair y Aznar confían en Bremer, un excelente mayordomo bushista que asiste sin parpadear a las enormes matanzas que se producen junto a sus manos y sus ojos. La sangre llueve sobre él como la lluvia. Como llovía sobre el general Franco en la gesta del genocidio celtibérico que tan brutalmente ejecutó con los ojos cortados por el odio y la pasión de poder. Mucho mejor mayordomo que Bremer, Blair y Rajoy juntos. También hizo constituciones interinas hasta alcanzar, con su «longa manu», la vigente.