JUSTIFICACIÓN DEL BIEN
E spaña todavía conserva energías de generosidad social que otros pueblos de su misma civilización material casi agotaron con el absorbente egotismo del bienestar individual, salvo en las grandes catás-
trofes naturales. La reacción extensiva del bien derrochado por la totalidad, más impresionante que la acción infrahumana terrorista, ha diluido en la pleamar de la sociedad la intensidad del mal absoluto sufrido por algunos.
cia de la voluntad de poder sin disminuir la cruel tribalidad de la ambición nacionalista.
Pero la necesidad de una justificación racional del bien no la suscita la amplitud del movimiento compasivo que, al fin y al cabo, tiene explicación natural. Lo inédito en el mundo industrializado está en que la compasión general haya respondido a una pregunta sobre la teodicea del mal, que no tiene justificación en el mejor de los mundos posibles. Las respuestas optimistas o pesimistas de los tiempos ilustrados no pueden satisfacer a las masas huérfanas de Dios que se encuentran instaladas en el bienestar social como en una finca heredada.
Al servicio de la ambición de poder nacionalista, la tecnología del terror hace precaria la duración del bienestar por la grandiosidad de la memoria del mal. Conmovidos por la tragedia aparentemente gratuita de Atocha, millones de españoles enarbolaron pancartas preguntando por qué. La cantidad de dolor no legitima la pregunta. La inocencia de las víctimas tampoco. Las guerras causan males mayores en la población civil y, sin embargo, no levantan respuestas a preguntas que nadie formula. Masas de españoles han preguntado por qué y para qué el terrorismo necesita cosechar periódicas matanzas de inocentes. Ignoran que el terrorismo permanente no busca complacencias en la carnicería de almas, ni un lenitivo a su desesperación nacional, sino el sabor de una victoria política en la guerra nacionalista que no puede iniciar ni acabar porque la sabe perdida. Ignoraban que en su porqué colectivo estaba la respuesta.
Desde el holocausto, aquella pregunta clásica dejó de tener sentido. Y ningún pensador ha osado invertir la cuestión para hallar la respuesta. ¿Cómo justificar el bien cuando la tecnología ha dado al poder sin control una capacidad ilimitada de procurar el mal? ¿Por qué la voluntad de poder insatisfecha no nos causa todo el sufrimiento de que sería capaz? Cuenta Maquiavelo que el condotiero Colleoni dijo a la corte veneciana que aún le adulaba en su lecho de muerte: «No volváis a dar el poder a un general, siempre os he tenido a mi merced, y si os causé males eso no fue nada en comparación con el daño que pude haberos hecho».
El mito responde a preguntas sobre hechos de existencia nacional, y no sobre hechos de experiencia nacionalista. Los españoles han hecho mítica la pregunta acerca de la posibilidad histórica del bien con la racionalidad existencial de una respuesta nacional antinacionalista. Así comenzó la civilización helenista de lo bárbaro. El pensamiento filosófico nació para adecuar la pregunta a la respuesta, y no a la inversa. Madrid ha cohonestado la pregunta ontoló- gica sobre la condición sustantiva del bien, con la respuesta metafísica de la necesidad del mal tras el anuncio de Zaratustra de la muerte de Dios en las puertas de la modernidad. El superhombre tecnológico aumentó la poten-
Lo sucedido en España es un acontecimiento histórico ejemplar. No la enormidad de la muchedumbre pacífica. Eso puede deslumbrar al periodista y a la clase política. Tampoco la circunstancial sintonía de las autoridades de oficio con los elevados sentimientos de la plebe. Eso puede engañar a los ilusos burócratas del poder. Lo original y genuino está en el hecho de que la sencilla pregunta popular, ¿por qué?, no precede ni antecede, sino que va entrañada en la formidable respuesta antinacionalista. La pregunta ha sido contestada. Es la primera acción política digna que los españoles acometen en masa desde el fin de la guerra civil.
Antonio GARCÍA TREVIJANO
ENGAÑO SOBRE EL TERRORISMO
E ran hombres, mujeres, también niños, que el pasado jueves se dirigían pacíficamente a sus lugares de trabajo y estudio y encontraron una imprevista y salvaje muerte en un bárbaro acto terrorista, derivado de la guerra
de Iraq. Una guerra apoyada por el gobierno de Aznar, contra la cual, seguramente, muchos de ellos, como la inmensa mayoría de la ciudadanía española, se habían manifestado. Y han resultado víctimas de la contienda que no deseaban. Han perecido a consecuencia de la barbarie propia del terrorismo indiscriminado, al tomar como blanco a personas comunes, ajenas a cualquier responsabilidad y participación en los conflictos con que los terroristas pretenden justificar sus sangrientas acciones. Pero a consecuencia también de la obstinada irresponsabilidad con que Aznar nos ha implicado en una guerra injusta e ilegal y ha situado a nuestro país en el punto de mira de las represalias terroristas. Al escribir estas líneas, sabemos ya que fue Al Qaeda el ejecutor de la matanza. Que se tratara de ET A o de otro grupo terrorista no modifica, ciertamente, el dolor inmediato y la solidaridad con
EMOCIÓN DEMOCRÁTICA
L os votantes acudimos ayer a las urnas bajo el impacto emocional de la horrible masacre de Madrid. Fuimos a ejercer nuestro voto democrático llorando todavía a las víctimas. Desde el jueves, los expertos de los partidos no sabían a qué atenerse con una campaña que resultó también cercenada. Así pues, a las urnas de ayer se llegó con una incertidumbre impuesta por los terroristas. Los primeros sondeos reflejaron claramente hasta qué punto las expectativas electorales habían variado. No se parecían en nada a lo que habían venido apuntando las encuestas durante todo el período electoral. En esos momentos sólo se quedó igual uno de los datos, la elevada intención de voto a Esquerra Republicana, con lo que Carod-Rovira seguramente pueda presumir de verse avalado en su negociación con los
REBOREDO Y SAÑUDO
terroristas de ETA. Tiempo habrá para ver quién o quiénes han utilizado el terrorismo a favor de sus propios intereses. Porque lo han hecho sin pararse en barras, tanto que ha llegado a importar si los terroristas asesinos de Madrid eran
de un lado o de otro. Por ahora, cabe destacar un dato que cobra más importancia por este terrorífico final de campaña que hemos tenido que vivir, como es que el PP sigue siendo un muy importante referente de estabilidad. El día de ayer tuvo mucho de tristeza y la noche, sin duda, fue muy larga. Parece que el terrorismo nos ha quitado también parte de la alegría democrática.
Luisa PALMA
víctimas y familiares, pero sí afecta intensamente a la lucha antiterrorista y de un modo inmediato al juicio sobre la política del gobierno Aznar, en un momento tan crítico como las vísperas de elecciones.
autoría a ETA, en efecto, podía volcar los votantes hacia el PP así como el protagonismo de un grupo islámico era capaz de actuar en sentido contrario. Y , consciente de ello, el Gobierno, especialmente a través de los ministros Michavila y Ana Palacio, se lanzó a una campaña de desinformación, ocultando los datos y análisis que los investigadores con profesionalidad y eficacia iban aportando. y presentando forzadamente el salvaje acto como obra de ETA. Hasta que finalmente ha tenido que dar su brazo a torcer.
La atribución de la
En efecto, si bien, al difundirse la trágica noticia, todos pensamos espontáneamente en ETA, ya en los primeros momentos el CNI y la Policía experta en terrorismo, según se ha publicado, informaron al Gobierno descartando tal hipótesis. ¿No resultaba sorprendente esta repentina capacidad de acción de ETA, cuando parecía tan debilitada, según el mismo Ejecutivo? Las características del golpe hacían sospechar del terrorismo de Al Queda o de un grupo islámico similar. Y luego se produjo la declaración de Otegui. No se quiso prestarle atención. Pero, por mucha desconfianza que dicho personaje inspire, lo cierto es que nunca Batasuna había condenado un acto terrorista que tuviera a ET A como protagonista. A las 10:30 de la mañana aparece un vehículo con detonadores y cintas en árabe. A pesar de ello Michavila sigue insistiendo en ETA habría que preguntarle si cree que el árabe es la lengua usual entre los etarras. Y de este descubrimiento no da cuenta el ministro Michavila hasta las ocho de la tarde.
Todos estos acontecimientos se desarrollaban en el mismo día del atentado. Y , mientras, la ministra Ana Palacio está dando órdenes a las embajadas para que difundan la autoría de ETA, dejando en ridículo la credibilidad internacional del Gobierno. Finalmente, ya el sábado, a última hora, nos enteramos de las detenciones de marroquíes e hindúes. Y aparece un vídeo reivindicativo. ET A queda descartada. Se abre un horizonte inquietante para nuestro país. Cuando el terrorismo de ET A parecía desarticulado, y en manos de sujetos afortunadamente inexpertos y torpes, se levanta un terrorismo aún más fuerte y peligroso. No sólo los expertos y encargados de combatir el terrorismo, todo el pueblo español debe saberlo y sacar consecuencias.
Por otra parte, resulta llamativo que tanto el Rey como Aznar eludan cuidadosamente la referencia directa a ETA, aunque el discurso del segundo, a través de circunloquios, como la afirmación de que no se puede negociar, resulta sólo aplicable al grupo terrorista vasco. Al parecer, el «trabajo sucio» se confía a los subalternos. Aunque es Aznar quien llama a los medios de comunicación presionándolos. Y , a última hora, nos informan los telediarios de la comunicación de Al Qaeda, reivindicando la autoría del golpe.
Carlos PARÍS