PROMETER HUMILDAD
S eguramente Zapatero ha querido decir otra cosa distinta. Pues la humildad no se puede prometer sin falsearla con afectación. El origen latino de la palabra indica ya que la humildad, derivada de «humus»,
no designaba una cualidad personal, sino la condición de una humanidad apegada a las duras labores del campo. Catón la exaltó, como virtud romana, contra el vicio griego de cultivar el espíritu, importado por los Escipiones. Juvenal la cantó en los modestos techos, de sueños cortos y manos agrietadas, que no dejaban ocio para la vida digna. Sin convertirse en virtud cardinal ni teologal, la humildad se identificó en el cristianismo con el rebajamiento de la humillación ante la grandeza de Dios: «Señor, yo no soy digno de recibirte en mi humilde morada».
ma de la miseria y la crueldad en el mundo.
La humildad no se puede prometer porque es un sentimiento que no procede de la razón ni de la reflexión. La dignidad de la persona y el amor propio, resortes de la acción, se oponen a la pasión de humildad. Esa tristeza que, al buen decir de Spinoza, acompaña a la idea de impotencia o incapacidad de obrar. La rebelión renacentista del individuo recluyó la humildad en los agobiantes reductos de la miseria medieval y en los claustros de las órdenes mendicantes. Desde entonces adorna con cuernos de consentida a la servidumbre voluntaria y aureola con destellos dorados la cabeza de los santos.
La humildad ni siquiera es, en el hombre político, una virtud defectuosa o incompleta como en los santos o los sabios, que lo son no por razón de su accidental humildad, sino por su sustantiva santidad o sabiduría. Para ser tales no necesitan ser humildes, aunque la conciencia de su pequeñez o insignificancia como mortales aumente la grandeza del objeto de su vocación. Los héroes pueden ser modestos si no los hace engreídos la magnitud de unas hazañas que jamás hubieran emprendido de ser humildes.
En el mundo actual, la humildad en un gobernante elegido, es decir, un mandamás que no sea rey aspirante a la beatitud, denunciaría su falsedad a la vez que el desconocimiento de la naturaleza íntima de esta pasión degradante de la acción. Un gran sabio es humilde cuando se destoca y saluda con reverente alegría la grandeza del ideal que anima su vida. También es posible que la humildad acompañe en casos excepcionales la condición naturalmente sencilla de un genio de la intuición artística. Pero en hombres o mujeres de mundo, en estadistas o empresarios, en personas que necesitan convencer, seducir o imponerse a otras, la humildad sería una impostura demagógica o un precipicio suicida de la acción.
En los filósofos de la acción sólo conozco uno que haya exaltado la humildad. Para ello tuvo que transformarla en virtud opuesta al vicio de la soberbia, contra la opinión tradicional (Descartes) que, frente a los hábitos de magnanimidad o de orgullo, la asimiló a la bajeza. Pero incluso Benedetto Croce, cuando dice que «al humillarse en la obra sólo en ella se exalta», excluye la humildad en el gobernante, pues humillarse en la obra es lo propio del santo y del sabio. Ningún gobernante puede sentirse humilde porque no tenga la soberbia de creer que con su obra está resolviendo el proble-
En el contexto donde Zapatero promete humildad de gobierno sólo cabe pensar que está prometiendo no caer en el vicio de la prepotencia que caracterizó los mandatos de González y de Aznar. Con lo cual cae en el mal endémico de la clase política de no usar las palabras del idioma en su sentido propio, a la vez que evidencia su desconocimiento del origen institucional y no personal de la prepotencia de partido, de la que trataré en otro artículo. En éste solamente he pretendido ilustrar la acertada intuición de Umbral sobre la imposibilidad de que la humildad gobierne. Lo extraño es que este escritor haya sido el único que ha ridiculizado, en el año de Cervantes, el enorme idiotismo de la humildad gobernante.
Antonio GARCÍA TREVIJANO
LA DERECHA Y LA ÍNSULA BARATARIA
H ay personas que cometen una torpeza y, tras ella, tratando de justificarse con poca habilidad, le dan mayor eco y empeoran progresivamente su situación. Hace ya unos cuantos años, el rector de una universidad es-
pañola, de cuyo nombre por discreción no quiero acordarme, en el solemne acto de inauguración de curso se levantó a hablar y, suelto por descuido el cinturón que oprimía su amplio abdomen, se le cayeron los pantalones. Algunos medios de comunicación dieron cuenta del cómico episodio, y nuestro magnífico rector organizó y difundió tan airada protesta que mucha más gente se enteró de la ridícula anécdota. Hoy estamos asistiendo a este erróneo tipo de conducta, protagonizado no por un sujeto singular sino por todo un colectivo, y en materia mucho más grave. Me refiero a la actuación de los dirigentes del PP . Cuando ha quedado manifiesto ante la ciudadanía la manipulación de la información sobre la tragedia del 11-M y la incompetencia del Ministro del Interior, en lugar de disculparse y hacer la autocrítica, o al menos guardar silencio, se han embarcado
MOBIL IN MOBILE
C reo que fue Vargas Llosa quien subrayaba que todavía no concebimos a los adversarios políticos como tales, pues persistimos en entenderlos como enemigos a los que hay que silenciar, degollar, asfixiar, asesinar directamente y enterrar a ser posible. Y con todo lo sucedido en los prolegómenos de las pasadas elecciones, lo hemos vuelto a comprobar. Se han comportado así los políticos, algunos medios de comunicación que difícilmente podrán alcanzar en el futuro cotas de sectarismo como las que han practicado, y hasta grupos de familiares, amigos o vecinos influidos por este insano clima. Pero entre todos, se lleva el premio un señor llamado Llamazares que se permitió alentar desde su móvil los mensajes en contra del PP en la jornada de reflexión. Puede que los demás necios y reaccio-
REBOREDO Y SAÑUDO
narios que se concentraron no supieran que cometían un delito, pero él desde luego que sí. Sin embargo, es tal su resentimiento y su odio que no sólo ha llevado a IU al
borde del ridículo, sino que ha mostrado hasta qué punto le importa un bledo la democracia. A Zapatero, un señor por fortuna exento de odio y que forzosamente ha de apostar en esta legislatura por el diálogo, le complace decir que su victoria no ha tenido que ver con la masacre de Madrid. Me parece bien que lo diga, incluso casi una obligación por su parte... Siempre que no olvide que ha sido así.
Luisa PALMA
Hay gente a quien tan insistente y ciega torpeza le sorprende. A mí no. Por una razón fundamental y de la cual al parecer no todo el mundo se percata. Y es que la derecha considera que el poder, la verdad y la honestidad le pertenecen, no accidentalmente sino de un modo esencial y además en exclusiva. Consecuentemente, la verdad no son los tercos hechos sino lo que ellos dicen. Como en los concilios, como en la condenación de Galileo. Como en las armas de destrucción masiva. Están ahí, aunque no se las encuentre.
en tal intento de presentar su actuación como correcta, inculpar a los demás y premiar a los principales responsables del desastre, Acebes y Zaplana que, como resultado, cada vez hunden más a su partido en el pantano del desprestigio.
En anteriores artículos me he referido a la visión jerárquica de la realidad como esencia de la derecha. Conforme a ella, la sociedad humana está estratificada en seres superiores e inferiores. Unos son ricos, se han formado en colegios -o en universidad- de altas tasas, por lo tanto, aunque su preparación científica a veces deje que desear, poseen gustos y maneras refinados, están bien alimentados y visten con elegancia, son emprendedores que no se resignan a vivir de un modesto salario, son benefactores, entonces, que crean puestos de trabajo y prosperidad. Otros forman las masas que viven de sueldos y salarios, conseguidos por muchos de ellos mediante el trabajo de sus manos, su aspecto está en consecuencia deteriorado por el duro faenar, no han accedido a una distinguida educación y, como decía Alberti en un irónico poema, «no están preparados» para altas responsabilidades. Consecuentemente, la función de gobernar les corresponde a los primeros. Su poder proviene no de otra cosa sino del derecho natural. O del divino, como el de las monarquías y el del Caudillo, por la gracia de Dios. La única misión de las urnas es refrendar dicho poder natural, si no se pronuncian en tal sentido es que los votantes están bajo emociones irracionales, como se ha dicho ahora, o están engañados por agitadores irresponsables, que van a traer el caos. ¿No ha sido en cierta manera éste el discurso dominante de Rajoy en la campaña? Somos los únicos competentes, cualquier alternativa representa el abismo y la desintegración.
La genialidad de Cervantes concibió la más perfecta parábola de esta mentalidad de los eternos poderosos, como comento en mi libro «Fantasía y razón- Don Quijote Odiseo y Fausto». El gobierno de un labrador no puede ser sino un disparate en una inexistente ínsula. Una diversión de ociosos duques. El bueno de Sancho muestra una imprevista lucidez, el pueblo no es tonto. Pero hay que hacerle la vida imposible. Primero será sometido al acoso del hambre por el falso médico don Pedro Recio de Tirteafuera. Si un gobierno pretende cambiar el orden establecido en nombre de una política social, se le cortan los créditos y se le somete a bloqueo. Si aún resiste vendrá la conspiración y el golpe militar, como al pobre Sancho empalado entre dos escudos.
Carlos PARÍS