NO VOTAR
DIARIO RC, FEBRERO 2009
ANTONIO GARCÍA-TREVIJANO
El amor a la libertad, la verdad y los valores del espíritu impide que los que se consideren humanistas puedan votar en las elecciones totalitarias del 9 de marzo. Pues ellas no elegirán la representación de los ciudadanos en el Parlamento, sino el partido estatal que tendrá en su mano todos los poderes del Estado. Pero la cultura española, sin suelo para el arraigo de lo socialmente refinado, ignora el significado vital del humanismo.
En Roma, una familia aristocrática lo importó de Grecia para escándalo de la cultura republicana tradicional. Lo más original del Renacimiento fue el humanismo de la herejía hermética del cristianismo, que a través del arte penetró en el Vaticano. Pero el cristianismo no puede ser humanista sin contradecirse. La necesidad de redención es creencia tan atractivamente humanitaria como antihumanista. El espíritu europeo, alimentado con el dualismo cartesiano, dejó cojos los andares humanos. La pierna derecha, con botas de siete leguas, avanza sobre las cosas extensas de la economía, la técnica y la naturaleza. La izquierda, de zocos en colodros, se arrastra cargada con las cosas intensas del alma, la dignidad y la religión.
El humanismo nació en China como “armonía del ritmo de la hora física con el ritmo de la hora moral”. Por eso el brahamanismo, no siendo humanista, pudo explicar el humanismo budista, donde la ternura de Buda equivale a la caridad de Cristo, y prescindir del sacerdocio. La diferencia del humanismo hindú con el chino consiste en que aquél es una religión y una moral sin historia, mientras que éste es una política, una historia y una ética. Ghandi introdujo la política y la historia con un ardid humanista. No el de su resistencia pasiva y boicot a las manufacturas inglesas, eso concernía a la acción práctica, sino el de una acción espiritual acorde con la religiosidad india. Convenció a las masas de que la Independencia era cuestión de dignidad y lealtad consigo mismo, de honorabilidad con los demás, antes que un asunto político o de logro material. En esa época, Europa experimentó lo peor de la humanidad, y Asia, lo mejor del humanismo. De aquel antihumanismo europeo nació el Estado de Partidos, con urnas y sin libertad de elección. La no violencia se manifiesta hoy primordialmente con la honorabilidad de la abstención.
FLORILEGIO
“La creencia en la Redención impide al cristianismo ser un humanismo. El hombre se salva a sí mismo, en éste, por su propia libertad, mientras que en aquél lo logra mediante la gracia de Dios. La idea de una culpa original, pese a sus fundamentos antropológicos y sublimadores, no es humanista”.