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El contraataque del Rey

La Insolencia histórica y el tono destemplado de las palabras de Arlas contrastan con la respuesta de la Corona a la política del momento actual.

Josep Meliá

L a respuesta del Rey al discurso de Carlos Arias ha sido magistral. Allí donde el presidente del Gobierno fulminaba a la oposición integrada en la Platajun ta, don Juan Carlos respondía invitando a uno de sus dirigentes y conversando durante una hora y media con él. La cosa, desde luego, no llega a rozar la posibili dad de que Gil Robles sea nombrado presidente del Gobierno, como algún insensato ha insinuado. Pero por lo menos es un signo de que en las alturas también exis te un claro contraataque contra la ortodoxia tridentina del franquismo del presidente Arias. du es u exis

La Corona necesitaba dar esta respuesta. La insolencia histórica y el tono destemplado de las palabras de Arias podían arras trar a la Monarquía. Por eso, de alguna manera, se hacia preciso que las cosas que darán en su sitio. Y poco a poco las cosas comienzan a quedar en su sitio. Frente a la versión anacrónica de un Departamento de Estado (Kissinger) que cree todavía que Arias es el artífice de la democratización posible, la gran prensa mundial comienza a calibrar el verdadero protagonismo del Rey. El «Washington Post» habla de una voluntad de desmontar paso a paso la dictadura. Y «Le Monde» afirma que el Rey desearía acelerar el programa de reformas. La conmoción que tales afirmaciones producen en el «establishment» es tan eviden te que al ministro de Información y Turismo se le descompuso la cara cuando José del una prO

Gil Robles ha mdo el primer miembro é\ oposición que se ha entrevistado con « r

La prensa mundial comienza a calibrar el gran protagonismo del Rey.

Oneto le gastó la broma de que este martes volvía a Madrid Amaud de Borchgrave.

La ceremonia de la confusión

¿Ha llamado el Rey a Felipe González? EH sábado un columnista del diario «Arriba» afirmaba que en el transcurso de la nueva semana el Monarca recibirla en audiencia a «un socialista nada histórico». Pode la en au cas horas después, como reca_ guante, Francisco Rústelo afirma» "| llcia que «Felipe González no ira a zuela mientras haya miembros °e * ción en la cárcel». Simultáneanienw. dem, Tamames y Triana sallan de cel. El Ministerio de la Gobemaoj"^ más aún el rizo al separar las realidades inherentes al intento de en una manifestación y las <lerivaX¡L»i cho de haber intervenido en la co^^j. de la Platajunta. Gracias a todo eiw j d respac

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eodo la iiKP»fh>' paradoja de que en el ato que los tres citados sallan en 11el Juzgado de Orden Público núuno confirmaba el procesamiento de ¡ida Trevijano, Camacho, Aguado y Alrez Dorronsoro. Por si no fueran bastan ¡ contrasentidos, Nicolás Redondo era con por el Tribunal Supremo por per er al PSOE. 7 es que, nos guste o no, 1 tolerancia tritura cuando entra en juego j gu lógica implacable, el mecanismo de legalidad. Y quizá por ello, con sus deciones y sus divergencias de rumbo, el agrama reformista ha acabado por im la convicción de que hace falta un do transitorio para salir del sistema or y configurar una verdadera etapa cambio democrático. A la negociación i «a etapa intermedia, que haga posible I mínimo horizonte de libertad para que grupos políticos reales se manifiesten, ir dirigidos los pasos más signifi ttivos dados últimamente desde el poder. |iSe dico -afirma el diario "Informaciof- que incluso algunos miembros de la ación estarían dispuestos a pactar un de reformas presidido por el Rey ! diera paso a un periodo constituyente.» i estas materias, de todos modos, la es dón se hace extraordinariamente diQue Josep Pallach o Heribert Barrera con Fraga no tendría demasiada sigción si no fuera que el contenido de afirmaciones divulgadas por sus interores reflejaba un planteamiento algo positivo que el que se desprendía de rieres contactos con otros miembros de | oposición. Me han dicho, además, que a no le hace ninguna gracia que le quen en el mismo platillo que a Arias lia hora de degollar las reformas. Uno ] sus fieles me contaba que Praga aceptó arse de administrar el orden públi [para realizar el cambio, no para boico "o. Y la pesadumbre prohibida por la loración de sus gestos seria la causa de [relativa decepción que se advierte en la i promesa de que en el mes de mayo retirarse a pescar. Seria ésta, tárala causa de que ahora el horizonte [Batería de conflictividad aparece más dejado; Praga hubiera jugado muy fuerHjf» que la reforma parlamentaria re mínimamente creíble. Lo que ha Tido de puertas adentro en esta materia |ne escapa. Pero los últimos siete días «do escenario de una violenta batalla " dos grupos del Gobierno. Y si al fi-_ llegado a una solución de comestá claro que éste se ha produa mucha distancia de lo que habían i tos propuestas presidenciales al COTÍ 1 <« Ministros del pasado día 29 de abril. el A de im u u es dile 1a de ficom de Ministros del pasado día 29 de abril

tónuismo o cambio relativo

"Prendo que todos ustedes, como un "w. estén también confusos por la baPenodistica en tomo al sistema bicarf ^ guerra de informaciones y con"ormaciones tiene una lectura fácil. · todo. Si Martin Camero no pudo «"a palestra tras el penúltimo Con Ministros, no fue, a buen seguro, « tratara de una reunión extraor ·nie porque las posiciones estaban r"¡J" y no se habla llegado a un acuerITeSí^rto. A partir de ahí. los pro =«aaos mayores de la Administración "ra^er'¡n a romper el secreto oficial lo ¡r" los documentos de trabajo bus iQUe r, reJacción que tenía obligadamen Vr .P^utírse. Me costó mucho con e| d^n0s diplomáticos extranjeros de Aumento que se daba por apro u con {ácil, con hado ni siquiera había ng*An a estar escrito. Pero lo que ocurre es que Arias quizá midió mal su fuerza. Creyó que le seria más fácil que el Consejo de Ministros aceptara sin discusión su proyecto de transformación del sistema orgánico, pero man te niendo intactos sus fundamentos y sus procedimientos indirectos de elección. Y el Consejo se le revolvió. No sería improbable, pues, que tras la audiencia concedida a Gil Robles, el Rey se hubiera visto precisado a intervenir.

Esa es, a mi modo de ver, la explicación más consecuente con esa danza de notas y contranotas que han mantenido las agencias informativas y que tanto desasosie go han causado en los medios políticos y diplomáticos. No es que el Gobierno quiY agenqui-

Hace ya muchos años que vengo diciendo que la única condición que el Ejército pondría para respaldar el cambio democrático sería que la reforma se hiciera desde la legalidad y no contra ella. Pero Franco dejó las cosas muy atadas y no es sencillo reformar una legalidad dictatorial y cripto fascista, cuyos fundamentos responden, en último lugar, a la imposible quimera de evitar el cambio. De ahí que a veces el ritmo zigzaguee y las jugadas se detengan al borde del área sin llegar a consumar el gol que reclama la afición. Pero todo tiene una explicación. De ahí ese do ble condicionamiento a que me referia El de evitar un enfrentamiento en bloque contra los Inmovilistas, que detendrían cualquier ataque global a sus privilegios, cuandemo des sen s Pero cual qu

Fernandez Miranda entró a degüello contra el bunker.

siera o debiera controlarla. Es que por vía indirecta la fomentaba. Y gracias a ello, según las palabras de Paco López de Pablo, se ha «llegado a una solución de compromiso que lógicamente será transitoria, pero que puede resultar útil si permite llegar hasta las elecciones generales legisla Uvas de mayo de 1977». ello de Pa

¿Util? Habría que decir que según y cómo. Depende en gran medida de cómo se plantee el referéndum. Tal como les decía hace quince días, el reformismo ha llegado a su etapa final. El paquete de reformas está completo. Lo que en cambio no se ouede ni siquiera admitir a beneficio de inventario es la afirmación de Carlos Arias le que esta reforma hará innecesarias otras posteriores. Nada de eso. Porque la reforma ofrecida, precisamente, se presenta cada vez más como una bomba de trillta para hacer saltar los restos del sistema perso palista, de la concepción autocrática del poder. De ahí sus ambigüedades y sus cobardías. Pero en función de ello, al propio tiempo, las infinitas posibilidades que contiene si se saben jugar a fondo los resor tes que van a existir para que el pueblo logre desplazar a la clase política franquista y arrebatarle su pretensión de convertirse en heredera del pasado. Y có se Do se de para conreSOI

Las timideces de la reforma, a tenor de ello, obedecen a un doble condicionamiento que no se ha podido o querido evitar.

do lo que se les pide, por el contrario, es que den vía libre a las reformas propues tas, y el de efectuar una ruptura progresiva en lugar de efectuarla de una sola vez. Está claro, en este orden de cosas, que se ha intentado recortar todo lo que se ha podido. Pero que han existido límites a la tolerancia, a la capacidad de digestión de la clase política Y esos limites han obligado a quienes hacían la reforma a plantearles, a quienes están en la Cámara por via sindical, municipal o corporativa, la exis lencia de un horizonte que les permitirá sobrevivir. Se ha querido salvar el problema filosófico, aunque sometiendo la peripecia a sufragio universal. Con lo cual, a fin de cuentas, se les hará callar. Pero, en cambio, esta misma estrategia se ha quedado sin argumentos para ofrecer una alternativa a quienes no tenían más res pal do que el dedo omnipotente del dictador. Porque, como dice la publicidad de la Telefónica, «el camino más corto se hace COTÍ el dedo». Y por este motivo los «cuarenta principales» van a sobrevivir en una primera fase. Es el precio que se ha tenido aue pagar para que el Consejo Nacional del Movimiento no le ponga luz roja, al in tentó de modificar las Leyes Fundamentales. El principio de «sálvese quien pueda» parece haber sido la única máxima fiable aue ha regido en este inquieto periodo que ahora termina * ha 8 la de peri que al

T precisamente por ello fue tan estimulante ver al señor Fernández Miranda entrando a degüello contra el bunker. Cuando el presidente de las Cortes afirmó que la Cámara no habla sido pensada para una responsabilidad como la que ahora cargaba sobre sus espaldas, estaba haciendo un balance de la filosofía que inspiraba el Régimen. 7 cuando añadió que la reforma era imprescindible y que él quería servirla por su lealtad al pueblo expresada en su lealtad al Rey, se hubiera podido cortar el silencio glacial con que sus dardos iban dando muerte a muchas nostalgias. Es el lenguaje que el bunker necesita. El que lo anonada y empequeñece. El bunker sólo se resigna ante el poder. Como no es más que un fleco de su omnipotencia, se resigna ante el ejercicio de la autoridad. Me estimu en Cuanque una bael en cor que más se re- cas incluso se está violentando para dar entrada a la palabra «partidos» en el articulado de la futura ley. Y aun el inquieto procurador vasco Manuel Escudero Rueda quiere plantear una intervención que tenga como punto crucial el reconocimiento legal de los partidos. Con lo cual, en resumidas cuentas, la homologación de la vida política con la realidad saldría extraordinariamente enriquecida. Por último, y eso no parece una utopia después del recital de Fernández Miranda, Fraga les declaró a cuatro grandes periódicos que las reformas que tienen en estudio las Cortes serán aprobadas. enen quie

Queda por saber, desde luego, qué harán los grupos políticos cuando la Ley de Aso elaciones quede aprobada si no queda claro el tema del Partido Comunista. Pero a mi me da la impresión de que en este terreno se m

En e/ referéndum, el pueblo se pronunciará sobre la reforma.

encantó, sobre todo, cuando alguien le dijo al presidente de las Cortes que él hacia martingalas con el Reglamento. «Todo lo que sé -lo he aprendido de ustedes. Lo que pasa es que a veces los discípulos aventajan a sus maestros.» Pensé que alguien se levantaría. Pero no. Se limitaron a callar. lo que

Los partidos, en junio

Fraga les dijo a Pallach y a Barrera que los partidos funcionarían en junio. Lo ha repetido Gabriel Cisñeros en Canarias. Martin Camero ha añadido que los partidos jugarán en la vida interna y en la mecánica electoral de las dos Cámaras. La ponencia dsl proyecto de Ley de Asociaciones Pollti- sstá produciendo un considerable viraje hacia el pragmatismo. Y que los partidos se preocupan menos de las formas que de usar la legalidad como trampolín para favorecer si verdadero camino hacia la democracia y la libertad. se Y

Gracias a todo ello, oreo apreciar que el juicio que merece la Ley de Asociaciones es bastante más positivo que en un primer momento. Algunos, incluso un considerable sector de las Cortes, querrían que el Gobierno interviniera menos decisivamente en su autorización y control. Y confian, ahora que ss ha dado el paso decisivo de configurar un verdadero Tribunal de Garantías Constitucionales como Sala Especial del Tribunal Supremo, que el control de legalidad Go en en materia del derecho de asociación i ca fuera confiado a dicha institución, aparte de todo lo dicho, se va imp la tesis de que el proyecto tiene muchcñ aprovechable. Y que, en la práctica, ba todos los prejuicios, o casi todos, . hicieron abortar la deforme criatura del ] Ututo de Asociaciones Políticas del miento. 0 del Yor

Si se repasa la historia, en efecto, se1 que los temas verdaderamente tabú fu entonces la pervivencía del Movimiento," expresa aceptación de los Principios ~ mentales, la intervención inoportuna e in_ licada del Consejo Nacional, el requisito ( las veinticinco mil firmas y la necesidad i que las asociaciones funcionaran en un i mo de quince provincias, lo que deja fuera de combate la mera posibilidad fundarlas en el área de las nacionalidades] comprometidas con su problemática y i raciones colectivas. Todo ello ha de cido en el proyecto Fraga y si bien es'l tan te lo que se podría mejorar, tampoco ( cuestión de decir que deja las cosas tal ( mo estaban. dejay m

Por este motivo, el horizonte del mes i junio adquiere verdadera virtualidad, vez que si los partidos comienzan a fu nar antes del referéndum la consulta se i mará y tiene más probabilidades de < zar se correctamente. El cauce legal que I Junio puede entrar en juego no será lo perfecto que algunos desearíamos, puede ser un revulsivo considerable que las cosas se pongan en su sitio y se i be lo qua se tiene que- acabar. Lo más i cil del asunto, probablemente, será que I guien se atreva a dar el primer paso.

El Vía Crucis de Montejurra

El vía crucis del país, de todos modos, I rece que quiere seguir. Lo de Monteji ha sido triste y doloroso. En otro lugar ( sste número se lo contamos. Montejuml sido una pequeña reproducción a escala I nuestra capacidad para la guerra civil idiota, loco, capacidad pura y simple de < garramiento y de intolerancia. Ante « espectáculos ae valora más todavía la non pina de la libertad. Y ae reafirma uno fflj necesidad de buscar fórmulas suaves evitar balances irreparables y cóleras i ñas en personas acostumbradas a Imi su voluntad fanática a golpes de pisto!»-1

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