12 jumo 1976

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CRONICA POLITICA

¡Que vienen los partidos!

La apoteosis del reformismo, la victoria de Fraga, será el día que se abran la ventanilla para apuntarse a los partidos políticos y comparezcan los socialistas. Ramón Pi examina el momento político. La democracia va ganando terreno día a día, sobre todo después de los deseos inequívocamente manifestados por el Rey en Norteamérica.

Se va desgranando el tiempo, y la reforma del Gobierno sigue avanzando a pasos lentos, pero al parecer inflexibles y de manera inexorable. El señor Fraga, a juzgar por los síntomas más a la mano, está ganando ampliamente la batalla del reformismo, tanto frente a las actitudes rupturistas como a las resistencias del bunker. Eso, al menos, es lo que parece vislumbrarse. Pero en la realidad, las cosas no son exactamente así. Por una parte, en el reformismo de Fraga hay una considerable carga de ruptura, sólo que la oposición no la acepta, al menos verbalmente, porque el procedimiento de llevar a cabo esta democratización con cuentagotas y de mido otorgado le resulta bastante humillante, por otro lado, el llamado bunker ha acreditado que, esencialmente, consiste en un entramado de intereses, de posiciones, de privilegios, de succiones de los presupuestos generales del Estado, y hasta ahora, al menos de momento, nada de eso está modificándose sustancialmente. Si para conservar todo lo conservable hay que ceder en temas doctrinales, se cede y asunto concluido. La formulación tal vez sea un poco tosca, pero la realidad es que las resistencias puramente doctrinales carecen de fuerza alguna, como se demostró casi escandalosamente en el primer pleno urgente de las Cortes, y como con toda probabilidad volverá a ponerse de manifiesto en las demás ocasiones reformistas.

Y. sin embargo. Fraga gana. Y ganará rotunda y definitivamente el día en que se abra la ventanilla de apuntar partidos políticos y comparezcan los socialistas. Entonces será la apoteosis del reformismo, y habrá comenzado el veloz camino de la «reforma de la reforma», es decir, la verdadera ruptura. Quizás el «establishment» de ahora intente manipular todo lo que pueda las primeras elecciones, para que las cámaras resultantes no sean demasiado difeTenles de las Cortes actuales; incluso tal vez se consiga ese objetivo. Pero el resultado no sería más que un retraso en la verdadera revisión de las leyes de este país, muy necesitadas, como

DON JUAN CARLOS EN U.S.A. Por una democracia sin españolismos acaba de decir el ministro Garrigues en Bruselas, de una revisión global y a fondo.

EL REY Y LA DEMOCRACIA

A lo largo de su viaje por América, pero sobre todo en su discurso ante el congreso de Estados Unidos, el rey don Juan Carlos ha puesto de manifiesto de manera inequívoca que quiere para España una democracia, exactamente tal como se entiende el término en todo el mundo occidental, sin calificativos, ni peculiaridades, ni «españolismos » . Los aplausos de los congresistas americanos a los párrafos más inequívocamente liberales del discurso del Rey español no dejan lugar a dudas en este punto. Y la consideración de don Juan Carlos como «motor del cambio» -expresión felicísima del ministro Areilza se ha consolidado después de este viaje real al otro lado del Atlántico.

El Rey, pues, quiere la democracia. Pero algunos episodios ocdrridos en las últimas fechas permiten temer que la velocidad del paso de la dictadura a la democracia está siendo bastante más lento de lo que sería de. esperar. Los dieciocho años -dieciocho años - de cárcel solicitados. para Simón Sánchez Montero, la detención de Rafael Calvo Serer en cuanto pisó tierra española después de cinco años de exilio (episodio comentado negativamente estos días por el «Times» de Nueva York), la discriminación demostrada con Antonio García-Trevijano al ser retenido privado de libertad sin fianza, y la declaración como secreto oficial, en un comunicado de lectura e interpretación nada fáciles, son otros tantos botones de muestra de que, en la realidad cotidiana de la vida política española, siguen operando los mismos esquemas de discrecionalidad, de relación mando-obediencia de la época de Franco. Este Gobierno, en líneas generales, está actuando como si estuviera haciendo esta tímida reforma a regañadientes, empujado por las actitudes del Rey y por la presión social pero no por sus propias convicciones. La situación, ciertamente, es sumamente confusa, desagradable para cualquier ciudadano con algún sentido jurídico y político y, sobre todo, extraordinariamente inestable. Cualquier lector un poco atento de periódicos puede llegar con facilidad a la convicción de queel Gobierno o

no sabe con mucha precisión que es lo que tiene que hacer, o ni siquiera debate el tema en su seno, y cada cual se las averigua como puede tratando de sacar adelante su pareelita, como en la época en que Franco dejaba hacer a sus ministros, permitía que se enfrentasen entre ellos y, si las cosas llegaban a mayores, procedía a hacer unas cuantas sustituciones.

Pero eso, obviamente, tiene muy poco que ver no ya con la democracia, sino con el camino que pueda conducir a ella.

EL GOBIERNO Y EL CALENDARIO

Los rumores de que el Gobierno iba a entrar en crisis han remitido considerablemente desde que el Rey marchó a América a finales del mes pasado. Ahora no parece que sea inminente la sustitución del señor Arias Navarro, pero flota algo en los medios políticos que invita a pensar que no está del todo desechada la idea de una remodelación profunda del Gobierno para un plazo bastante breve.

' La pregunta, ahora, es «cuando». Y en verdad que el calendario que tenemos por delante no favorece esta operación sustitutoria. Si se procede al relevo de Arias justamente al regreso del Rey de América, sería muy dificil evitar la impresión de que don Juan Carlos actúa bajo la presión - o la impresión, para usar un término más dulcificádo de nuestros aliados los poderosos americanos. Incluso cabe pensar razonablemente que a Washington no le haría demasiada elusión la perspectiva de que en España se recrudeciese un mal ambiente hacia Estados Unidos, con el fantasma de la ingerencia en un asunto interno y el espectro del imperiálismo sobrevolándolo todo.

Pero tampoco parece que esperar hasta después del verano para un eventual cambio del Gobierno sea lo más aconsejable: el referéndum estará en puertas, y los preparativos de toda índole en marcha para la obtención de un resultado lo más satisfactorio posible. Pero todo esto podría cambiar si se modificase el sentido de ese referéndum, para pasar de ser una consulta aprobatona de una pura reforma legal a constituir la luz verde para que, desde arriba, se acometa la reforma constitucional y se den los pasos políticos necesarios para - se le llame como se le llame la inauguración de un proceso constituyente.

Si no se modificase el sentido de la consulta de otoño, tampoco tiene demasiado sentido pensar en una crisis de Gobierno para después del referéndum pero antes de las elecciones. ¿Para qué? ¿No resultaría problemático el pensar que en los primeros meses de «rodaje» de ese hipotético nuevo gobierno se pudieran preparar unas elecciones trascendentales como las previstas para la próxima primavera? Esos razonamientos parecen bastante coherentes, y no obstante persiste en el Madrid político la vaga idea de que a este Gobierno le queda muy poca vida como tal: unas semanas, tal vez unos pocos meses, pero en ningún caso más de un año, que es el plazo que señaló el ministro Villar Mir como más probable ante los periodistas acreditados en las Cortes.

NOTAS BREVES

El último consejo de Ministros ha tenido entre sus acuerdos una amplia «combinación» de gobernadores civiles. Algunos son nuevos, otros sencillamente cambian de lugar. Desde que el señor Fraga Iribarne es ministro de la Gobernación y el señor Suárez lo es del Movimiento, el caso es que se han producido bastantes cambios entre los poncios provinciales. En medios políticos se observa con atención todo este movimiento de personal, porque tradicionalmente los gobernadores civiles han sido piezas absolutamente claves para los procesos electorales. No se trata de hablar lisa y llanamente de manipulaciones, pero la capacidad de obediencia del aparato oficial es de tal modo efectiva, que la personalidad de los gobernadores es un elemento en el cual es imposible pensar que no haya reparado muy detalladamente el ministro Fraga.

Otro de los nombramientos considerados como importantes y significativos es el del teniente general Gutiérrez Mellado COMO jefe del Estado Mayor Central. El general Gutiérrez Mellado es uno de los miembros del generalato con más prestigio y con mayor fama de hombre moderado y racional en su concepción política nacional. Su nombre ha venido circulando en los rumores cada vez que se hablaba de un eventual presidente del Gobierno vestido de uniforme. En este país estamos todavía en cierto modo mirándonos unos a otros fijamente, y quizás esta ausencia de datos electorales nítidos y claros hace especialmente digna de atención la figura del general, porque podría representar, en un momento determinado, una especie de alternativa, aunque seguramente el no piense ni remotamente en semejante posibilidad. RAMON PI

CALVO SERER EN PRISION El «Times,' lo comentó

F ERNANDEZ MADRID Predestinado