Nr. 71 Agosto 1976

REVISTA MENSUAL DE INFORMACION FRANCFORT / MENO

D 5782 E

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Entrevista con Leonard W oodcock, Presidente del Sindicato de Trabajadores Unidos del Au tom óvil Las condiciones de trabajo en la Ch rysler I bérica CHI LE: Siegue el t e r r o r

ESPAÑA: CRISIS EN LA CRISIS

¿Un gobierno para la ruptura?

El nuevo gobierno impuesto por la monarquía sucesora de Franco al pueblo español ha causado general estupor. Se dice que el propio padre de Juan Carlos, don Juan, conde de Barcelona exclamó al enterarse del nombramiento de Adolfo Suárez Gon zález y de la composición del nuevo gabinete: '¡Imposible! ¡Imposible!'

No obstante, en mi opinión, el rey Juan Carlos ha obrado con una aplas tante lógica, designando al gobierno que mejor representa a la actual situa ción española.

Desde la muerte del dictador Fran cisco Franco, que tan sagaz como brutalmente supo subordinar a la oportunidad de su régimen los egoís mos personales y de grupo del fran quismo, la nota dominante de la polí tica española viene siendo el opor tunismo. El continuismo, el reformismo e incluso muchas posturas de ciertos sectores de la oposición son sola mente facetas de este oportunismo que se pretende vender a la opinión pública como el exigido 'cambio' democrático. En vez de la prometida democracia, en España se ha estable cido la oportunocracia. ¿ Por qué ex trañarse, pues, que Juan Carlos haya formado un gobierno de oportunistas? Arias Navarro era demasiado integral en sus convicciones fascistas para poder jugar convincentemente a la oportunista contradicción que signi fica haber jurado fidelidad a unos principios antidemocráticos para, a partir de esos mismos principios, pro ceder a la transformación del régi men en un sistema que fuese a la vez democrático y autoritario. Los banda zos del ex presidente del gobierno se explican desde esta perspectiva. Co mo en el experimento con el famoso perro de Pawlow, Arias Navarro había sido educado a ponerse firme y alzar el brazo cuando Franco hacía sonar la campanilla. Por mucho maquillaje 'aperturista' que se hubiese puesto a Arias, no podía evitarse que el ex presidente obedeciese a los inculca dos instintos cada vez que oía in teriormente la campanilla de su anti guo amo. Esto es lo que solía ocurrirle cuando se dirigía al pueblo es pañol por la Televisión para anun ciarle las 'reformas democráticas' . Al final, Arias se olvidaba de la demo cracia y terminaba reafirmándose en

Rogad a Dios, en ca ridad, por el alma de la Reforma De Motrico. / Padre nues t r o . . . !

el fascismo orgánico que era lo suyo. Los ultras del búnker, como Girón, han tardado mucho tiempo en com prender la íntima tragedia de Arias Navarro, obligado a la esquizofrenia política. Y cuando tal vez la compren dieron, ya era demasiado tarde. Arias estaba roto, agotado, quebrado por sus crisis internas entre el instinto y la oportunidad. La identidad de Carlos Arias Navarro quedó enterrada en el Valle de los Caídos. Tras su cese, Arias fue a llorar tanta ingratitud a la tumba de su Caudillo.

Más tolerante con sus reflejos era Manuel Fraga Iribarne, mucho mejor dotado para el oportunismo. El mismo lo ha confesado en su rabieta al verse marginado por el monarca: 'Una cosa es parecer un guardia civil, y otra, serlo." Fraga Iribarne ha estado ha ciendo de guardia civil, es decir, de esbirro desde su ministerio de la Gobernación. De esta manera, pensa ría Fraga, podría embaucar a los ca vernícolas franquistas, para luego, cuando ya estuviesen confiados, zás, meterlos en vereda de un manotazo, quitarse el tricornio y presentarse a la opinión pública como el Gran Democratizador de España. Pero el juego le ha salido mal. Fraga es un opor

tunista demasiado soberbio y autorita rio. Como jefe de gobierno hubiese metido en un puño al joven e inse guro Juan Carlos, que ya tiene bas tante con ser el rey por la gracia de Franco y todo lo que ello significa para su corona. Fraga tendrá ahora serios problemas para explicar a sus nuevos compañeros en la 'oposición', sus antiguos 'cautivos", como García Trevijano, que todo aquello de meter los en la cárcel era de mentirijillas, para disimular. Fraga, se supone, es 'demócrata de toda la vida". Y en la oportunocracia española, habrá al guna oposición que le hará un hueco. Al final al Movimiento habrá que lla marle el Corrimiento Nacional.

Más lástima da el ex ministro de Asuntos Exteriores, José María de Areilza, conde de Motrico, tal vez, junto con Garrigues y Martín Gamero, el más honesto de los ministros refor mistas del primer gobierno sin Franco, a no ser que resultase el más taimado oportunista. A Areilza le había co rrespondido la ingrata tarea de anun ciar por esos mundos de Dios, y en varias lenguas, que el 'lobo azul" ya estaba muerto y que ya podrían vol ver los pastores. Sólo la supuesta buena fe del conde de Motrico le ha salvado de ser apedreado cuando hablaba de democracia en Europa, al tiempo que llegaban a la misma Euro pa las noticias de una represión en España tan fuerte como en los peores tiempos de la dictadura de Franco, con informes detallados de las más repugnantes torturas. ¿Qué culpa tenía Areilza de la 'dinámica política liberalizadora" de su colérico colega Fraga Iribarne? Será Fraga y no Areilza, quien algún día tendrá que responder por los sangrientos incidentes de Vito ria y por los asesinatos de Montejurra. El nuevo gobierno del monarca de la Zarzuela reúne las condiciones idea les para liquidar definitivamente al régimen de Franco o para continuarlo, según las ventoleras nacionales e in ternacionales. La única característica definida del gabinete de Adolfo Suárez es representar los intereses de los bancos y de la industria española. Y todo sabemos que los intereses de los mercaderes se adaptan a la ideo logía reinante. Si los mercaderes olfa tean que la democracia es irreme diable en España, el 'Secretario' Suárez se apresurará a montar la de mocracia. Si la constelación interna cional adopta un giro desfavorable a liberalismos democráticos, ahí está el eficiente 'Secretario' para preparar el camino a hombres más consisten tes en la autocracia. Como se trata de un gobierno gelatinoso, sin otro resor te que el mero instinto de promoción

Areilza, tropieza. Naufraga Fraga. Tor cuato ofrece tres y el Rey falla otra vez. (Torcuato F. Miranda y A. Suárez en las Cortes.)

carrerista y de conservación, para evi tar que se hunda como un flán bajo la presión de las fuerzas democráti cas, los consejeros del rey le han colocado como espina dorsal a los sesentones militares del viejo régimen.

Con su decisión, Juan Carlos ha de mostrado su absoluta impotencia, si es que realmente tiene voluntad democratizadora, para proceder a la cura radical que está exigiendo el pueblo español. El gobierno de Adolfo Suárez es sólo un parche, que no compensa todavía la ausencia de me didas decididas hacia la auténtica de mocracia. Es un gobierno que más que solucionar la crisis la agrava, planteando una nueva crisis de al cance todavía superior: la crisis del Estado. En las coordenadas refor mistas del gobierno anterior, Juan Carlos había conseguido el consenso de casi toda la oposición sobre su persona. La alternativa se inscribía en los términos de reforma consecuente - es decir, con la supresión de todas las instituciones del franquismo - o ruptura pactada. Ahora, si el nuevo gobierno se empeña en el continuis mo de un franquismo de rostro joven, si no atina con las urgentes reformas o no consigue ni el peso ni la credi bilidad para el diálogo con la oposi ción, la alternativa saltará al binomio: Monarquía o República. De esta ma nera, Juan Carlos no sólo pondrá en almoneda la legitimación popular de su corona. Lo que aún es más grave para España, lo que realmente impor ta: polarizará peligrosamente a las fuerzas políticas del país en una con frontación total que haría todavía más difícil una transición pacífica. Una vez más, el Ejército volvería a ser prota gonista del futuro de España.

En estas circunstancias, la oposición democrática, con más entidad políti ca que el gobierno, se halla en la paradójica y difícil situación de tener que gobernar el país desde la ilegali dad. Pues de la sensatez y del pulso de las fuerzas democráticas depen derá que la gravísima situación políti ca y económica no provoque el esta llido de violencia social, que tanto desearían los energúmenos del búnker para tratar de aplastar los deseos de libertad del pueblo español con una continuación descarada del sistema de terror del fenecido general Franco.

Pero, ¿quién sabe? Sería una más de las ironías de la historia de los Borbones, si el propio Juan Carlos, con este gobierno de su confección, fuera a la postre, en vez de la Platajunta, el real artífice de la ruptura demo crática. ■

Manuel Moral