De la Junta Democrática a la Comisión negociadora

miento de la personalidad política de las cionalidades y celebración de una consulta i todas las garantías sobre la forma defmiti de Estado- y el llamamiento a algunas mov zaciones, van ampliando la mordedura de ruptura en el cuerpo del viejo régimen casi | miaño ritmo que la enfermedad roe el cansado y decrépito del general. el cuer

El pacto que nunca existió

Los radicalismos y posiciones de partido, los protagonismos, y la eventualidad a corto plazo de unas elecciones, paralizaron toda acción unitaria. 35 años de unitarismos sin posibilidades quedaban cerrados. corto

Uuís Bassets

E l trombo que se alojó en la pierna del viejo general, en aquel verano de 1974, fue la señal de partida. Los partidos, sindicatos y organismos de la oposición al régimen hablan llevado hasta entonces una vida sin otra perspectiva que la movilización contra la dictadura, la consolidación de baluartes, el avance organizativo. Ahora no. Ese pequeño coágulo de sangre se convertía en la expresión del drama que atravesaba el régimen y en el acicate para que la oposición presentara una posibilidad de poder alternativa.

Pero, ¿qué era en aquel entonces la oposición? En términos absolutos, resultaba cierta la apreciación del dictador, y toda la oposición aparecía como la hidra de cien cabezas en que se transformaba el Partido Comunista. Los restantes partidos, o eran grupúsculos surgidos de las excrecencias del PC o clubs políticos alrededor de alguna personalidad. Sólo un partido, el PSOE, que se reunía en trascendental congreso en aquel mismo verano, sentaba las bases de su actual fuerza.

Constitución de la Junta

Por eso no extraña que fuera el secretario general del Partido Comunista, Santiago Carrillo, quien lanzara y consiguiera la creación del primer organismo unitario de la oposición, en el mismo momento en que aumentaban los jadeos del viejo enfermo de El Pardo. Firmaban la primera declaración de la Junta Democrática de España -con nombre de resonancias históricas- el PCE, la Alianza Socialista Democrática, Comisiones Obreras, Partido Carlis ta, Assemblea de Catalunya y más de doscientas personalidades del mundo empresarial y de las finanzas. Pero dos curiosos personajes acaparaban, junto con Carrillo, el protagonismo del organismo: el viejo catedrático del Opus Dei, exiliado a raiz del affaire del diario Madrid. Rafael Calvo Serer y su abogado, de increíbles habilidades políticas y financieras. García Trevijano. en

La Junta quedó sentenciada el mismo día en que el viejo agonizante se convertía en convaleciente. La oportunidad de su constitución se convertía en decisión precipitada y plagada de defectos formales y de concepción. La Assemse blea de Catalunya entraba en su primera crisis seria, al desautorizar la firma de quien había actuado como representante suyo sin mandato, a la vez que criticaba con gran dureza la débil definición de los yunteros sobre el tema de las nacionalidades. La incorporación del PSUC en la Junta y la retirada de la Assemblea terminaba de consolidar la fisura y a pesar de los ingresos "del Partido Socialista Popular y del Partido del Trabajo, una gran mayoría de la oposición empezaba a identificar Junta Democrática con PCE. La obsesión del Poder andaba por los mismos pagos. Se trataba, en sustancia, de aplicar el esquema clásico del franquismo de identificación de toda oposición como manipulación del comunismo.

Sin el socialismo del PSOE, sin la democracia cristiana, con una derecha desorganizada y monopolizada en cuanto a representación por Calvo Serer y García Trevijano. la Junta quedaba desprovista de porvenir. Pero los temas lanzados en su declaración programática -Gobierno provisional democrático, amnistía total, legalización de todos los partidos, reconoci-

Sentiago Canillo, promolor de la Junta Democrélica, hombre que intentó catalizar la oposición desde el extranjero.

Hacia la Plataforma Democrática

Mientras tanto, la otra oposición, la op ción no encuadrada en la Junta, empieza I tantear el terreno para tomar la iniciativa. PSOE y la Izquierda Democrática de JoaRuiz Giménez son los principales animada de los contactos que se inician a finales aquel mismo verano que fructifican caá año después en la constitución de la Platafj ma de Convergencia Democrática. El U dej nio de 1975, el PSOE, la ORT, el MCE, quierda Democrática, la USDE. la UGT y versos partidos socialistas y socialdemócratj de las nacionalidades, junto con el Pa Carlista que sale de la Junta, firman la ra declaración de la Plataforma en la acuerdan comprometerse en el «restable to y consolidación de la soberanía pop mediante la indispensable ruptura con el men actual y la apertura de un periodo tuyente». Paru

Con la constitución de este nuevo orga se configura por primera vez una a! rnatj^ común a una amplia gama de partidos de i tura con el régimen, al margen de que dos las formas organizativas las que adopte, como resultado de problemas de «i histórico y de correlación de fuerzas. Que fuera de las dos grandes instancias uniu tres tipos de fuerzas, cuya progresiva integi ción ocupará miles de horas de reuniones | producirá un desgaste notable en la histc del proceso unitario. En primer lugar, loe ¡ tidos políticos de las nacionalidades y región que poseen una organización absoliiuune autónoma, junto con las instancias untarías | la oposición e instituciones históricas Gob no de Euzkadi y Generalitat de Catalunya! En segundo lugar, los núcleos organizativos | la derecha democrática que empieza a rea sus primeros escarceos en política. En ten lugar, las fuerzas politicéis comprometidas querellas más o menos familiares con orga zaciones próximas, cuyo exponente son quixí I socialistas. que

La lenta muerte del viejo general pill* improviso a toda la oposición. ¿Ouién no cuerda la sorpresa de tantos y tantos re'' tes de obra y de corazón al ver que no j nada? Pero la realidad es que sí pasaba · Empezaba un proceso de liberación de eneri acumuladas durante muchos años. Sí el " bo veraniego de 1974 fue la señal para avanzadilla de la oposición, el chasquido dej losa de Cuelgamuros fue el signo de para el pueblo. Mientras los organismos uffi^ ríos -nunca unitarios del todo- seguían incansables esfuerzos sus trabajos her por configurar una alternativa posible al el pueblo empezaba a invadir la caite'

La ruptura democrática democrática

¿Oué habla conseguido basta entonce»] oposición organizada? En primer lugar, un cial arraigo de masas, rico en expectauvas. las regiones y nacionalidades donde se co^ guraba unitariamente. En segundo lugar, delimitación de objetivos en el concepto ruptura democrática con las instítucione* viejo régimen que pasaba, en primerisuB ' gar, por la amnistía, y luego por las '1''ert^j políticas y nacionales. El oscuro fin de v*1!

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vera je fusilamientos y detenciones, las sentencias ie muerte que quedaron por firmar y el primer indulto real -último del franquismoproporcionaron bases suficientes para extender -:. clamor por la amnistía por toda la geo | ¡rafia. geopri-

Con este potencial, la oposición aparecía en I aquel entonces, a pesar de sus divisiones, co jmo auténticamente temible. Y más aún des I pués de los llamamientos conjuntos de Plata Ijonoa y Junta, en septiembre, contra las penas 1 de muerte y leyes especiales y en octubre, en pleno proceso agónico, convocando al pueblo a i (movilizaciones y acciones pacificas necesarias Ipara el establecimietno de órganos de poder I ejecutivo de amplia coalición» a la vez que se ] rechazaba la continuidad del régimen fuera I nal fuera la forma del Estado. des -

Los límites de Coordinación I Democrática Coordinación

aparecen ya dos lenguajes distintos. Por una parte, el programa de la POD, de signo aún claramente rupturista, que habla de «formación inmediata de un Gobierno de amplio consenso democrático que abra y garantice el proceso constituyente del Estado, como vía para unas elecciones Ubres», y que exige como puntos mínimos la legalización de todos los partidos, reconocimiento de los estatutos autonómicos históricos, etc. Por la otra, el documento Ollero, que empieza a gestarse poco después como texto base para entrar en una negociación po sibillsta con el Gobierno. La POD reivindica para sí la posibilidad de negociar, en nombre del amplísimo abanico de fuerzas de la oposición en ella integrada. Pero potencialmente sólo Coordinación Democrática, conmovida por la crisis interna entre partidos grandes y pequeños, se configura como capaz de plantear una negociación.

Las bases mínimas de negociación con el Gobierno se configuran durante el mes de noviembre, en reuniones de triple nivel: POD, CD y partidos grandes en contactos aparte. Las bases parten del reconocimiento de todos los partidos y sindicatos, reconocimiento y garantías para el ejercicio de las libertades públicas, amnistía política y reconocimiento de la necesidad de institucionalizar políticamente todos los países y regiones. En cuanto a tema ya electoral, consideran imprescindible la disolución previa del Movimiento, la neutralidad de el Las

Coordinación Democrática se constituye con I la firma de los siguientes partidos y sindicatos: PCE, PTE. PSP, CC.OO., PSOE, ID, UGT. PSD, USDE, Partido Carlista y MCE, además de las I personalidades independientes de la Junta, que le agrupan como tales para resolver el proble-a de representación. Quedan fuera de Coordinación, por una parte, agrupaciones importantes del espectro de centro izquierda y por I la otra, la gran mayoría de partidos de las na I ámalidades y regiones. Frente al posibilismo negociador de la Platajunta, los organismos unitarios de las nacionalidades plantean como cuestión de principio innegociable la restauración de los estatutos autonómicos históricos, cuando no la formación de gobiernos autónomos provisionales. Lógicamente, las discusiones es base a este esquema quedan continuamente | Angadas.

Las concesiones y debilidades de Coordina Ición Democrática no aparecen, además, plena I nenie configuradas en el momento de su forI nación ni, incluso, durante su funcionamiento hasi el verano. Si débil y desunida es la opo| Kión, más lo es el Gobierno y el aparato del I Estado. El naufragio del gabinete Arias-Fraga, á represión dentro del estilo más clásico en I Vitoria y Montejurra, el tratamiento de mu · chas movilizaciones callejeras y la ineficacia I reformista a la hora de producir cambios legaes importantes son bazas que aumentan como I consecuencia «del fracaso del refonnismo». Hasta el nombramiento de Adolfo Suárez como I presidente del Gobierno, la iniciativa política I Wenece mayoritariamente a la oposición. El I Poder se limita, o a reprimir, como hizo en la I Propia constitución de CD deteniendo a varias I Personas, o a tolerar. Pero es incapaz de rao | Afear la legalidad y de legitimar. en

la formación de la Comisión Negociadora, sin que la unidad se haya conseguido, a pesar de las continuas rebajas que sufren los puntos mínimos. Los radicalismos y posiciones de principio, los protagonismos de partido y de personas, y la eventualidad a corto plazo de unas elecciones cuyas posibilidades quedaron evidenciadas con la aprobación de la Ley de Reforma Política, producen la salida realista de las fuerzas políticas de mayor peso específico. La historia de los organismos unitarios de la transición se cierra ahí, después de 35 años de unitarismo sin posibilidades y de dos años de carrera hacia el pacto.

La historia posterior es ya sólo un epilogo, aunque termina de caracterizar las cualidades e iniciativas del Poder. El presidente Suárez sólo recibe subcomisiones de la Comisión Negociadora, en unos contactos cuyo carácter de conversación o de negociación no queda nunca precisado. Los trabajos de otras subcomisiones de

Una de las reuniones de Coordinación Democrética. con Sánchez Montero. Raúl Morodo. Carda Trevijano y flu/> Jiménez, entre otros.

la Administración, la utilización equitativa de los medios de comunicación estatales, la negociación de las normas electorales y el control democrático de su aplicación. de

La negociación con el Poder

El día 1 de diciembre queda configurada la Comisión Negociadora, con la disconformidad de la gama a la izquierda del PCE, de la Federación de Partidos Socialistas y de las fuerzas de las nacionalidades que, en algún caso como Catalunya, se limitan a aprobar mandatos para impulsar una negociación por separado. Forman la Comisión un liberal, un socialderaócrata, un democristiano, dos socialistas, un comunista y un representante por Catalunya, otro por País Vasco y otro por Galicia. Hasta el día 23 de diciembre el presidente Suárez no accede a recibir a los dos representantes que le solicitan la apertura de conversaciones.

La unidad de la oposición ha quedado ya superada como utopia útil durante un periodo, pero molesta para arrancar acuerdos con el Poder. Los esfuerzos iniciados dos años antes con la Junta Democrática terminan su ciclo en Ya

A partir del verano, la situación toma un I sesgo diametralmente opuesto. El Gobierno inilo* un camino de concesiones perfectamente I controladas que nunca llegan a los objetivos jamimosnipturistas, pero que ihaionan a los sectores I 'B*s moderados del espectro político, mientras la tole | ^Wa adquiere carta de naturaleza. Dentro de Cooradón Democrática empieza a vislumbrarse, a los I Pocos meses, la perspectiva de una negociación direcIÜ?" e' G^iemo con vistas a pactar una consulta I electoral para unas nuevas Cortes con carácter consti ente. Simultáneamente, el movimiento unitario Itiduce lentos y costosos frutos que culminan en la institución ^ Ia Plataforma de Organismos Demo«ticos a finales de octubre. un

y* unidad imposible

· i^ aparición de la PCD, el día 23 de octuconsagra, sin embargo, el viraje profundo I?/ x' ha producido en Coordinación Democrájr? .?. más concretamente, entre las fuerzas Icticas decisivas, los partidos grandes. Así, de trabajo, en coordinación con el Gobierno, fructifican hasta tal punto que un hombre de la CN -Fernández Ordóñez- llega a integrarse en la opción electoral del Gobierno. La realidad y coartada de los poderes ficticios termina de redondear la comprensión entre oposición y Gobierno, a pesar del largo proceso de legalización del PCE y de los esquinazos presidenciales a Carrillo. Pero los miembros de la Comisión ven consolidadas sus posibilidades electorales y llegan a entender que las elecciones pueden terminar y consolidar lo que Suárez no ha podido -o no ha querido, nunca se sabrá hacer. A la vez, el propio Suárez sale reforzado y legitimado de los contactos.

El episodio de la legalización del PSOE his tórico y la consiguiente ruptura del idilio Suárez-Felipe González, ponen los puntos suspensivos al funcionamiento de la Comisión Ne gociadora. El punto final lo ponen las elecciones. Los organismos unitarios y la misma Comisión, quedan como instrumentos para expresión de sentimientos comunes en circunstancias que requieren una pronunciamiento testimonial. Pero a partir del 15 de junio, no serán ya más que historia. · idilio