"iSi nosotros gobernáramosh
El día del Pilar estuve veinticuatro horas en Madrid. Quería entregarle Yo mismo Antonio García Trevija no, flamante propietario de Repór ter la entrevista que venla de hacerle en París al honorable Josep Tarradellas Al Ilegar al aeropuerto de Orly me encontré con Carlos de Montoliu barón de Albi 'dans le vicepresidente de la Cruz Roja Española. No nos hablamos vis to desde la muerte de Aquél, Habla mos de polltica naturalmente Y, por ende, del qué me parecía el Rey? Pues Ya lo he dicho antes, sorprendente. {Que por qué? por todo. Montoliu, un poco mosca, me dice: "Pues ni 8 mí ni ninguno nunce hable dicho: 'Dojadme subir al trono Yhe de admitir que casi todo Io que he visto me ha gustado. Por eso seguiré diciendo aue me parece prendente; Y no serán del 'bun ker' los que digan lo contrario, aun que, 8 Dios gracias, por razones muy distintas. "El Røy -sigue explicándo {Y cual es meta ? , pregunto. Pues hacer de España un Estado crático Y europeo. Es decir, un Esta do normal. Me pongo a soñar . Pobre Rey! Una España europea no se pue de hacer más que con europeos de Pero con Blas Piñares , Royuelas Martín Villas, Fragas, Sixtos de Bor bón, Covisas Y Girones, Ijamás! soñando Y me digo que si don Juan Carlos pudiese escutharme levan tarla desamparado ojos hacia el crucifijo que seguramente tendrá to davía en sU despacho Y exclamaría Padre que en mi sueño resulta no ser el célebre terrorista palestino sino el conde de Barcelona vestido jo. Echanos todos Y Ilame 8 Camu serio" privé' Rey . {Que Pues los esa Sipo los qu6
Perdido estaba Yo en estas irrespetuosas divagaciones cuando Montoliu me dio con el codo: 'Mira, mire Pues nada menos que don Santiago Carrillo, de en la mano Y su periódico debajo del brazo, sin chaleco, sin abrigo sin guardia de corps. Nos abrazamos Y le presento a Montoliu. "Sl, s dice és te nos hemos conocido n palacio, Montoliu se eclipsa rápidamente para tomar el avión de Barcelona No hemos hecho más que sentarnos Carrillo una banqueta, cuando vemos Ilegar Dor el pasillo toda de azul celeste
~los ojos inclusive a Carmen Dlez de Rivera. Nuevos abrazos Carrillo me la presenta. Es mucho más guapa que en las fotografías. La inteligencia estática es una cosa fria, pero asl, con esos ojos que parecen robados de una vitrina de Cartier , con esa5 sonrisas que aprueban 0 que despre cian, con esas manos italianas que subrayan ideas dan paso a ciertas palabras, la inteligencia se vuelve be Ileza Y la belleza calidac.
Carmen Dlez de Rivera ataca sin perder un segundo:
Carrillo le dice que sí. {Por qu6?,
largas piernas enfundadas en democráticos tejanos. Carrillo explica el porqué. No la convence, pero la apacigua Y para hacerla relr risa es un deslumbramiento le cuenta que durante esa primera reunión en Moncloa, don Laureano Lopez Rodó le dijo al oido al secretario general del PCE: nar Espøñe los que ostamos sentaA lo cual , muy finamente, Carrillo contestó; biorno de concontración" El fantas món se quedó sin habla
En el avión que nos llevaba a Ma'rid, una de las azafatas se presentó Carrillo diciéndole que er8 una ca marada. Se más una botella de Chinchón Y al aterri zar en Madrid, en lugar de hacernos subir al autobús que toma la gente corriente moliente para ir al aero puerto, pusieron nuestra disposi ción una camioneta particular dentro de la cual nos encontramos de nari ces con el señor de Arespacochaga el de los hotelitos. Al caballero en cuestión no le hizo maldita la gracia encontrarse sentado entre Carrillo la gataparda que lo miraba como di ciendo: "compromotido haste moño, amigo!" Gran hombre este Arespacochaga, gran político. gran visionario. Hablando del tuturo del caba Profunda idea , profunda.
El analista político que a lo mejor nos vio al aeropuerto debió de hacerse un lío. &La gata Rivera se ha pasado al PC? Pues claro que si| dirá el analista Yo mismo la he visto a Madrid cogida del brazo con Carrillo ! Pero.. lY Vilallonga? Ah, con ése nunca se sabe A Carrillo le llama de tú Y cuando se encuentra con Areilza, se abrazan. dígame, Arespacochage Carrillo tam bien..? No, por Dios, ése no. Ese, en cuanto se bajó del coche salió por pies. Pues no faltaba más. Ilegar Ilegar