REVISTA

El pistoletazo de salida fue el asesinato de Carrero Blanco, en diciembre de 1973. Personajes por encima de toda sospecha comenzaron viajar a París, donde estaba instalada la oposición de toda la vida. Con el telón de fondo de la primera enfermedad de Franco, la capital francesa se convirtió en del dramatismo del momento, mueven más a la sonrisa nostálgica que a un severo juicio de historiador .

París 1974, de España capital

Conspiraciones y esperpentos en vísperas de la muerte de Franco

FELICIANO FIDALGO

Estamos en septicmbre del año 1974,en el madrileño barrio dc Salamanca, en el número 51 de la cade Joaquín Ruiz-Giménez , el único disidente del franquismo más 0 mcnos respetado por los guardacspaldas que aún le quedaban a régimen Mi visita, por vacaciones en España, fue amistosa, pero de lo único se habló, como sicmcn aquclla época, fuc dcl final dc la dictadura, de París, donde yo vivía y trabajaba como correspon sal de prensa, y dc la Junta Democrática, que se había revelado públicamente, en cl hotel Interconti nental de la capital francesa, pocas scmanas anles; Y, naturalmente; se habló largo y tendido del inspirador más odiado por cl franquismo beligerantc de aquel contubernio: del diablo, del hombre símbolo de la peste para quiencs aún rezaban por los mártires de Paracuellos: Santiago Carrillo. En un momento determinado, cortantc, no sé si algo inconscientemente, Biré la conversación dirigiéndome que

Tienes quc ir a París a conoccr a Carrillo.

  • ~Tú sabes bien, y 1o has dicho, que podrías ser el puentc dc unión entre la Junta Democrática y los socialistas y demás partidos democráticos.
  • ~Ya veremos, ya veremos; no te creas que no lo he pensado ya.

Sí, sí; ya veremos. Quizá dentro de algún tiempo; no tardando, te diré algo.

No pasaron muchas semanas; a finales del mes dc novicmbre dcl mismo año 1974, Ruiz-Giménez me telefoneó para anunciarme que dos días más tardc viajaría a París, entre otras cosas, para impartir una conferencia invitado por el Movimiento Internacional de los Juristas Católicos. "Y podíamos haccr algo de lo que hablamos aquí hacc unos días añadió.

Yaen París, cl fundador de Cuadernos para el Diálogo entró en hotel Montalembert, que puedes decirle a don Santiago quc estoy su disposición para encontrarnos como mcjor le convenga Yo ya lc había anticipado a Carri llo mi conversación con Ruiz-Giménez en Madrid.Yel líder comu nista, al evocar la eventualidad dc un encuentro cntre los saltó como un resortc: "Si vicne a París, dile estoy dispucsto a ir a donde quiera y cuando le venga bien' En cualquier caso; adclanté, "podéis veros en su hotel" . Lo único que descaba Carrillo era tencr frente 9 4 a un hombre de la talla moral y de la reprcsentatividad que simbolizaba el ex ministro de Éducación de Franco. Fue lo que le hice saber este último cuando me llamó desde su hotel parisien se: "Si viene a mi hotel, me parece perfecto; pero si don Santiago lo desca, nos vemos en me propuso Ruiz-Giménez. Pero todo conccrtado había previsto: al día siguiente, a las cuatro de la tarde, Carrillo acu diría al Montalembert para entrevistarse con un personaje rcalmente importante (el primero; pOsiblemente, que se echaba la cara) de la España de después de civil. así dos, quc qucdó gucrra

'Fruto probibido'

Al día siguicnte, pocO después dc las seis de la manana, antes de misa, scgún me confiaría, Ruiz-Giménez me telcfoncó: por fa vor, yo quisicra que Ic insistas don Santiago en que no es necesa rio que sea é quien venga a vermc que sepa que yo estoy quicra Lo tranquilicé sobre el particular, pero; no obstante, un par de horas después, tclefonicamente, Ic comunique a Carrillo el Mira , quiero

ruego de su futuro interlocutor. No problem:

Los dos hombres en el hotel de la cita sc saludaron con cierta efu sión y Ruiz-Giméncz confesó inMás que descar ver usted, lo necesitaba Les cluir que su acuerdo era total s0bre el programa dc la Junta Dcmocrática, mcnos en el punto referen le a las regiones. Había que unirse para dar con la democracia en EsYa nadie los desuniría Alfinal, tras una hora y cuarto de conversación, al despcdirse casi frapana.

El hijo dc Ruiz-Giménez , de su mismo nombre, y otros amigos y conocidos, quc viajaron a Paris expresamentc 0 que sc encontraban en la capital, deseaban Lambién conocer al fruto prohibido de aquellos últimos colctazos de la saga franquista; A mediodía se organizó una comida en mi casa. Carillo llegó el primcro y me ayudó a poner la mesa. Durante el almucrzo; ante un público quc lc escuchaba con la boca abicrta, Ilcgó a cntreabrir la puerta de la importancia de las infiltraciones del partido comunista en Ejército, pcro el tiempo corría. Poco antes de las cuatro de la tarde, Carrillo se excusó € hizo mutis.

ternalmente, Ruiz-Giménez concluyó "históricamente según comentaría más tarde un dirigente comunista: Don Santiago, Ic rue80 que escuche bien lo que voy & decirle: si la unión con las demás fuerzas dcmocráticas no se produce, nOS uniremos usted y yo

El primer atisbo del jaleo democrático cspañol que sc iba 8 vivir en París ya lo saborearon algunos, muy pocos; en mayo de 1973. Carrillo, táctico inigualable, maquia vélico, enterado de la situación española como nadic, producto fino dcl centralismo democrático comunista, aparccía a veces como un visionario. Y no dejaba de serlo. Durante el mes precitado, el entonccs presidente de la Conferencia Episcopal Española, monsenor Enrique Tarancón, visitó

oficialmente a su colega parisiensc, monscñor Marty. El pintor dirigente comunista José Ortega me telefoneó antcs de que el purme sugriólo que a él le había sugcrido Carrillo: {cómo dcmonios convencer a Tarancón de que debía entrevistarse secretísimamcntc con Carrillo? ;Menuda confirmación para el líder comunista, para su partido, para la democracia, para todo el antifranquismo , exclamaba Ortega Uno de los días de la estancia de Tarancón en París, fijado como el dia J , Ortega, en su casa, esperaba ansioso mis noticias, da telefónica, vaya, con cl 'sí" de Tarancón; Carrillo, con su tranquilidad inalterable; esperaba en otro lugar desconocido; y yo, en €l obispado parisicnse, hacía cabriolas incnarrables ante monseñor Tarancón; quc en un momento determinado, sin que Ilegara a rarse muy bien creí dc la proposición que le estaba haciendo mcdiando cufemismos € imágenes y metáforas (yo era corresponsal del diario Ya) no sé si sublimes bochornosas , me cortó: Pero hijo, tc parece a ti que voy yo entrevistarsc con Carrillo el mismo día que en Madrid están Ilamami cntc icómo

Cuando cl líder democristiano el Rubicón para conocer quicn, entonces, cra el fantasma más temido cl franquismo y el regalo más codiciado por todo que aspiraba lavar sus salpicaduras dictatoriales, París ya era "la capital de España como exanal de uno de los mítines multitudinarios que se celebraban en la legendaria Mutualité. saltó por

Además, yo ya he visto a comunis tas y cstoy en contacto con los comunistas

El auténtico estallido de la predemocracia espanola, de todas mancras, se produjo en París, como en Espana (aunque con Franco cn cl timón) el dia 20 de diciembre de 1973, cuando cl atentado de ETA puso fin a la vida de Carrcro Blanco. Aqucl suceso hizo de 1974 el año milagroso de la de enero de cste afo, Rafal Calvo Screr convocó a algunos periodistas españoles 'de confianza cstipuló cn el restaurante Procope, dcl Barrio Latino. La conversación no fue sensacional pcro Calvo aprovcchó para dccir que el posfranquismo futuro ofrecía dos cracia Cristiana Y nos dio la noticia que iba & traer cola: Dentro de unos días va a venir don Juan a París; podría organizarse una reunión con €l"

Toma y daca

El día 18 ya cstá el conde de Barscis periodistas dc la cena del Procopc fucron invitados a ver a don Juan cn el hotel Meurice, donde se alojó siempre Dalí y, dicho sca de paso, el comandante en de las fucrzas de ocupación nazi.Los pcriodistas acudicron a la cita sin sachaban algo. Lcs cxtrafó ser recibidos por un sobrino de Calvo. Más tarde llegaría al vestibulo del tariode don Juan, quien nos advirtió que se trataba dc saludar al hcredero de la Corona de España Nada más

Poco dcspués ya nos habían urasladado a la habitación del con dc de Barcclona. Un minuto de gestos y miradas locas, y de silenmos de salir de la habitación después de saludarle; pero uno de los pcriodistas rasgó las vestiduras y así se cnzarzó un diálogo realmente brutal que nunca conoció le opi nión espanola. Durante casi tres cuartos dc hora, en un toma y daca de preguntas y rcspuestas, en pic don Juan, como los pcriodistas, todo salió a relucir. Don Juan también se rasgó suS vestiduras: "El hcredero de la Corona soy yo" muchas formas dc democrapropósito de la legalización de los comunistas: 'Eso ya lo no tengo nada que vcr con el PCE Eso se lo dejo Para Borbón Parma Se cl eventual lalante liberal dc su hijo, cl Príncipe de Asturias: "Dc tal palo, tal astilla ~hay comcntó

mos la habitación de don Juan, en el vestibulo del hotel, como por arte de magia, cmpczaron a aparedesaparcccr personajcs que nada más: Antonio Trcvijano; Mario Rodríguez de Aragón, otra vez clsobrino dc Calvo Sercr. Los sonajes que iban a protagonizar el tica, cn París primcro y después €n el resto de Éuropa, pululaban aqucllanoche cn torno a don Juan. dos supimos quc algo ya estaba en marcha.

En pocas semanas, los aconteci mientos, como un terremoto, hicicron dc París la locura democrática española: la revolución de los claveles dio al traste con cl salaza rismo, la Prensa curopea se conmovía y como nadie, cl PCE Carrillo más precisamcnte vía pcones con mano macstra; Je sús Izcaray, dirigente comunista, escritor, sC puso en contacto con un periodista de los demócratas y expuso la intención de Carrillo de realizar una conferencia dc prensa clandcstinaEl periodista consultó compañcros. Todos estaban dispuestos todo, pcro concluyeron que debían scr invitados todos los rcpresentantes de la Prensa española cn París: dicho y hecho. Los periodistas fuimos convocados en Le Thcrmometre, un pub de la plaza de la República. Izcaray había advertido por tcléfono: Me rcconoccréis porque llevaré un Ya en la mano" con él Drancy , cn la pcrifcria parisiense Carrillo existía Y durantc cuatro horas el lder comunista se explayó.En España, alguna prensa dio a conocer frases dc Carrillo; Y sobre todo interpretaciones tendenciosas Pero € impacto fue cataclismal para aquellos tiempos_ Dos pcriodistas, imprudcnte 0 inocentementc, grabaron todo 1o que se dijo durante la ccna. Aqucllas cindespués, fueron robadas enviadas a Madrid, a departamenoficiales. Dos corresponsales (Pcre Fages y un servidor) fucron apaleados, mi caso, por la noche; a rcgreso a suS domicilios . Emilio Romcro sc atrevió publicar cn Pueblo algo de lo que le envió su corresponsal, Javier Martíncz Revcrte., Carrillo había dicho: 'Emilio Romero es al único que no he recibido cuando mc lo pidió. Romcro es una espenándcz Alguicn dio una versión calumniosa de esto y contribuyó a envencnar €l ambiente parisiense. La conferencia de prensa de Carri Ilo fuc una bomba rcalmcntc histórica. Dcsde Espana sc solicitaba por todos los conductos, la Embajada cspañola no sabia hacia dóndc mirar. Y muerlos empezaron tas, tos español

De Izqulerda a derecha; Y de arrlba abajo, Joaquín Rulz-Glmenaz, don Juan

quismo futuro. Carlos Hugo de Borbón Parma invitó a dos corresponsales al bautizo de una hija suya en cl castillo de su padre, en Lignièrcs, cn el ccntro de Francia, Y esto para clamar, entre Otras afirmacioncs vigorosas: 'El carlismo ha sido siemprc popular, inclus0 Carlos Marx lo considcraba un movimiento Cuatrocien tos carlistas legados en autocar vivían ya el manana democrático y uD tanto carlista popular"

Olor 9 historia

La primera enfermedad de co, en cl mes de julio, atizó las bra sas. En e hotei Lutetie, Carrillo, con su plana mayor, anunció ya el futuro. La Embajada de Espana, aqucl día por la mañana, avisó todos los corrisponsales sobre la prohibición de asistir al acto convocado por el PCE A casi lodos los corresponsales les ocurrió igual: telcfoncaron periódicfccto, les corroboraron la prohibición oficial, añadiendo: "Pero entératc como sea de lo que diga Carrillo y envía una informaFran- ción sin pérdida de ticmpo' , que publicaría:

LaJunta cra un hccho. Ylos demás personajes empezaron a subir la escena parisiense. En primer lugar, siempre, el futuro presidente de la República, Antonio Trevijasidente de la República; eso es iocucstionablc" , le animaba Carrillo de cuando en cuando. Y Trevijano

Franco pO murió la sala Aiglon del hotcl Intercontinental, nació la Junta Democráti ca. Se sudaba y se olía a historia: "Estamos haciendo la historia de España mc dccía un compañero. Toda la Prensa internacional se había citado: 60 pcriodistas, sin contar los fotógrafos y cámaras de televisión. Y en la tribuna, Carrillo y Calvo Serer: 'Esto cs imposible" susurraban incluso algunos militantes comunistas. Pcro cra cicrto. Durante la conferencia de prensa; Calvo fue atacado @ muerNadie entendía nada Yo, días más tarde, le interrogué Carrillo sobre su asociación con Sercr; ";Qué más quisiera yo que cogerme del brazo de Ruiz-Giménez y de Areilza pero ellos no quierenr cuasi ejercía, incluso rcpartía cartcras puestos.

Los hechos se precipitan. La Junta, dominada por los comunistas, y la Convergencia, por los $0cialistas , no quería sabcr nada con "tipos como Trevijano" Don Juan tampoco se entendió con la Junta, dc cuyo origen sólo algún día se sabrá la realidad En España, los milita míngucz, llamado El Cuchi se disrcgresar Madrid para ir dc cabeza 8 la cárcel también, pero dos periodistas Ic convencieron de que iba a cometer una tontería Ysc convirtió en otro portavoz del antifranquismo a través de todas las cntrcvistas y mítines que protagonizaba, una vez vestido un traje que lc prestó Adolfo Marsillach. ponía

Tras la Junta, los demás movimientos políticos antifranquistas sucedían cn París: cl FRAP ETA, revolucionarios ultras que valoraban la Junta como continuación del franquismo Ycl Fcli pe González dcscorbatado y cncazadorado, con Luis Yáñez siempre, empezó rendir pleitesía París de la mano de los socialistas franceses; pesar de quc Mitterrand y González nunca sc miraron de frente. Los periodistas de confianza organizábamos cenas en el restaurante Laperouse para dia logar y conocer, simplemente, los futuros dirigentes demócratas. Fclipe cstuvo corrccto con Tierno pcro no así éste con su rival: "Es un guitarista guapito; sin duda Tierno llegó la capital francesa para cmpczar a vender su PSP conoció Mitterrand, quien le afirmó que el verdadero socialista cra él y no Felipe: Mire usted afirmó, la dictadura del prolctariado y la socialdemocracia, cscojo la dictadura del prolctariado" Evidentemente respondió su interlocutor,

Ya hemos Ilegado a octubrc de 1974: el PSOE cclebra su XIII Congreso en Suresnes, París, y Felipe (llamado Isidoro) empieza su carrera hacia la Moncloa París una olla hirvicndo democracia cspadola: En el Olympia cantan Llach, y Pi dc la Serra, y Menescs, y Paco Ibáncz; cada concicrto cs un mitin: Carrillo ya babía visto a Franco de Pobil cp €l Auberge du Vert Galant, el restaurantc dc tantos hombrcs libres Liados: 'Le voy dar un consejo: ustedes, los liberales de la familia de Franco y el Principe, lárguense vivir a Suiza y quizá salven algo" , lc espctó Carrillo al enviado especial del Príncipe de Asturias. "Supongo que cs una broma respondió PobiL exi-