LAS CERILLAS DEL POLVORÍN

E L otoño también se ve en el agua del río Henares, que baja pletórico junto a las terreras de don Miguel de Cervantes, preñado de luces rojas, marrones, doradas, verdes, blancas y amarillas. Allí bebe agua, parsiminioso y pensativo, el camaleón viudo, el pupilo que don Camilo, el del premio, tenía realquilado en el piso de arriba en una habitación con vistas al campo y derecho a cocina. Ésta es la estación del año que prefiere el ca-

maleón, porque, aunque en la primavera se ponen en celo unas camaleonas guapísimas y golfas que anidan por las inmediaciones de la yeguada, a nuestro pupilo lo que le divierte a su edad es el juego del camuflaje. Y, a decir verdad, los tonos pardos y ocres del otoño son los que mejor se le dan, y ahora, el animal está en su salsa.

Pero al margen del «divertimento», el camaleón viudo, conocido como el licenciado Trujuleta Barbóles Aladren, está pensativo y reflexiona sobre el cúmulo de cosas que están ocurriendo, todas de signo contrario y, además, a la vez. Y ello le preocupa, como le extraña que doña Salud, la señora que plancha su traje de sauño, no le llame ni siquiera para explicar su ausencia.

Ustedes dirán que doña Aurora se ha vuelto loca con esto del pupilo de su tío don Camilo, quien, por cierto, está como una rosa, como dice femenina, Marina, cantarína. Pues no, estoy en mis cabales y cada vez mejor, aunque algo gorda y mandilona, pero nunca dispuesta a que me encierren en Yeserías, como* propone, en desigual dilema, Federico Jiménez Losantos. Menuda alegría: el ciego al paro o servidora a la horca. Ya sé que hay amores que matan, y si no que se lo digan a Felipe González, que quiere liquidar, como a una chinche, a su gran amigo Alfonso Guerra.

Cuaderno de notas

¡NIÑAS, AL SALÓN!

L O que más sorprende es que traten de cubrir con tanta ingenuidad las apariencias. Todo el mundo sabe que prietas. Aquel partido cohesionado por la tarta recién conquistada ofrece ahora el espectáculo de la clásica disper-

están a la greña, que las disensiores internas son profundas, que hay guerra de límites en la parcelación de los i n t e r e s e s . Y, sin embargo, periódicamente, se reúnen de manera oficial en torno al jefe supremo los «califas» de autonomías, los jefes regionales y provinciales del partido y los miem-

bros de la Ejecutiva federal. Sonríen a los fotógrafos, consumen un tiempo de conversación circunstancial y, finalmente, el «Dios» socialista anuncia «orbi et orbe» q i e en el PSOE no pasa nada, que todo está en regla y que la amistad y la armonía presiden las relaciones intrapartidarias.

No hay terapia de grupo, que sólo podría darse con un intercambio profundo y sincero de puntos de vsta sobre las realidades de la organización. Hay otra cosa. Algo parecido a lo que ocurría en las antiguas casas de tolerar cia. La gobernanta gritaba: «¡Niñas, al salón!», y todas ellas se alineaban sonrientes ante el cliente o los clientes recién llegados. Normalmente se llevaban a matar o salían de una riña de gineceo. Pero aquello parecía Versalles, un Versalles caricatural e ínfimo, en el que la sonrisa formaba parte de un «marketing» rutinario y triste.

Un cualificado sector de la opinión pública, con un importante número de electores socialistas en su seno, se ha asomado a ver qué hay. E inmediatamente ha sonado la consigna: «¡Niñas, al salón!» Todos sonríen, políticamente travestidos. Sonríe González, sonríe Guerra, sonríe Solchaga... Lo mismo hacen Leguina, Rodríguez Ibarra, Bono. Sobre todo, Bono, qu€¡ tiene una especial manera de comunicar la felicidad que le insufla su satrapía toledana.

Lo que ocurre es que a fuerza de repetir la ceremonia del «prietas las filas», el recurso se ha desacreditado. Ya casi nadie se c r e e q u e estén sión. Ni siquiera parece inquietarle la relativa proximidad de las elecciones. Como ha comentado Álvarez Cascos, secretario general del PP, parodiando una famosa frase de Alfonso Guerra sobre el futuro de España, a este PSOE ya no lo conoce ni la madre que lo parió.

De todos modos,

harían bien los populares en no forjarse excesivas ilusiones. Hay todavía una inercia electoral y un público crédulo que se deja impresionar por las fotos de familia. Además, no hay que perder de vista la alta probabilidad de que se repita aquello que les sucedía a los mafiosos del Chicago de los años veinte cuando estaban en plena pelotera: que al sonar las sirenas huían todos en el mismo coche.

Esta imagen se la debo a un viejo periodisa de derechas pasado al felipismo, como es lógico. Huir en la misma dirección y bien apiñados por el común temor a las pérdidas, menoscabos o detrimentos reconstruye para mucha gente el espejismo de la unidad. ,

En cualquier caso, el señor González debería cuidar mejor la repetida foto de familia. Porque hay en ella sonrisas matadoras, aunque el espectáculo pretenda ser bello. Decía Rilke que lo bello es sólo el comienzo de lo terrible. En este caso, lo pretendidamente bello es el documento fallido de una avenencia irreal. En la mayoría de los notables socialistas que intentan sonreír - n o todos lo hacen- hay rictus para la posteridad. Excepto en Bono, insisto. Un verdadero artista de la compostura. Se le ha puesto cara de mazapán jubiloso en l a tierra de los duelos y quebrantos.

(Esta crónica se la dedico a mi vecina Aurora Pavón, que sabe mucho de golfos.)

Lorenzo CONTRERAS

Aurora PAVÓN ABC SEVILLA (Sevilla) - 06/11/1991, Página 32 Copyright (c) DIARIO ABC S.L, Madrid, 2009. Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa, a salvo del uso de los productos que se contrate de acuerdo con las condiciones existentes.

Pues era precisamente para analizar la lucha a muerte entre Guerra y Felipe para lo que servidora había recurrido a la astucia del camaleón, porque mi otro investigador privado y, sin embargo, amigo, Hércules Poirot, está ocupado en averiguar qué pinta Jacques Hachuel en el cierre de un periódico, una intriga de la que ya les contaré. Pues bien; me dice el camaleón viudo, alias licenciado Trujuleta, que lo de Alfonso y González no es como dice la prensa, sino mucho peor. Es decir, que el enfrentamiento y la ruptura personal, ideológica y política existe, pero que, además y para colmo, ni uno ni otro encuentran una salida que no incluya unos cuantos cadáveres en la solución. Por ejemplo: meter a Benegas y a Cercas en el Gobierno y dar entrada a Solana y Serra en la Ejecutiva del partido podría ser una solución temporal, pero sólo un parche.

El asunto es rriuy grave y, además, nos pilla en plena crisis económica y desprestigio de las libertades y de la vida democrática, como lo subrayaron, en el inolvidable programa 500 de «La Clave», José Luis Balbín, Antonio García Trevijano y Pablo Sebastián, otro santo al que Federico también se las promete canutas. El momento, insisto, no puede ser peor, ni el enfrentamiento tiene fácil salida. Dicen los pelotas del diario guberna-

mental (donde Vázquez Montalbán le ha pegado un repaso a Pradera) que Felipe arrasa desde el poder porque tiene el «BOE» y el teléfono oficial. Pero se olvidan, como me recuerda poniéndose colorado mi camaleón, que Guerra tiene las llaves del armario de los muertos políticos y las cerillas del polvorín. Que Guerra lo tiene todo perdido y Felipe todo por perder. Y si no, al tiempo.