La semana por delante
El síndrome Bérégovoy
JUAN VEGA
yer mismo; Antonio García Trevijano, uno de los A pocos hombres presentes en la vida política (la vida política no se ceñir a los grupos de presión institucionaliza dos) española que compatibilizan la dignidad personal con el ejercicio de la sabiduría como un deber ético del ciudadano libre, culminaba una entrevista en cierto periódico de Madrid con un aserto memorable: (Cuando una institución de no está vigilada y controlada por otra institución de poder, no es que corrompa a los hombres; es que Jos hombres que entran en ella ya cstán necer por derecho propio a la estirpe de los ilusos tiene derecho a entusias marse con el último atentado contra la separación de poderes promovido por ese gran irresponsable que es el actual presidente del Gobierno espa Felipe González , creador durante los últimos tiempos del mito público del juez Baltasar Garzón. Quicn albergase alguna duda al respecto; si no está ciego, 0 no tiene intereses en negocio, la habrá desterrado defi nitivamente; al contemplar, el sábado por la noche; en uno de los panfletarios programas de la televisión oficial del régimen, Informe semanal un panegírico desvergonzado con cl nombre operación Pitón III Ileno de poses cinematográficas; con el patético superjuez convertido cn mocín de la película, en el que la información judicial se escandalo samente al servicio dc los intereses de una candidatura al Congreso de los Diputados en las próximas elecciogenerales . puede poder perte ñol, ponía
Garzón, con la corrupción
El periodismo ha consagrado una larga serie de nombres mágicos que evocan en la ciudadanía profundas sensaciones de malestar. Rosendo Filesa, Tres Cantos; Prenafeta . El territorio lestá salpicado de casoS conocidos a través de los medios de comunicación, que scñalan a los partidos políticos incluidos, por supuesto, los nacionalistas como máquinas dedicadas la recaudación de comisioncs a través de nego- cios sucios tolerados a cambio de la mordida, con lo que se convicrten en causa objetiva de un fenómeno; mal conocido y peor explicado; como es la putrefacción de las instituciones desde dentro, fenómeno en el que se confunde sistemáticamente la captación de fondos para el colectivo organizado en lucha por el poder tico, con el enriquecimiento personal de los mediadores, de los funcionarios partidistas de muchos representantes del pueblo. polí -
el camino que estamos tomando. El poder judicial y la clase política mantienen, en las democracias europeas, un pulso de poder; enriquccedor y gratificante cuando se mantiene el equilibrio; desestabilizador y perverso, cuando ese cquilibrio se rompe en favor de una de las partes.
símbolo Italia como
En Francia y en Alemania, por poner dos ejemplos, el statu se estableció hace ya muchos años; con episodios singulares en los que se constata cómo los parlamentos van logrando eludir la acción de la justi cia sobre sus miembros al elaborar disposiciones ad hoc, como la célebre Asamblea Nacional gala. El <autoenvuelto en uno de los innumerablcs escándalos que acosan a los podero sos del vecino; se convierte en el trágico emblema de un sistema que permite huir de las responsabilidades, pero no de la propia conciencia . El caso de Italia cs diferente, la fragmentación de los grupos representativos; a causa de su accntuado sistema proporcional, impide una respuesta homogénea, solidaria, de todos cuantos se alimentan del pastel estatal, en contra del acoso legal y de la presión ciudadana. quo país pues verdad es dura, terrible: nuestra sociedad, Occidente; esa ci-
En Italia son ya siete los politicos encausados que recurricron al suicidio, enlo que puede bautizarse desaparecido gobierno de Giuliano una toamnistía), pero no logró aprobarla. Allí, los secretarios generales de todos los partidos que <tocan están procesados. Las revelaciones sobre las implicaciones mafiosas del democristiano Giuliapo Andreotti, con presunciones inculpatorias que vinculan su figura con el secuestro y el asesinato, aterrorizan a la ción. La desverguenza parlamenta ria al negar el suplicatorio del ex secretario general del Partido Socia lista, Bettino Craxi, en los cuatro supuestos más graves que se le imputan; está colmando la paciencia de los italianos que asisten, impotentes, al descubrimiento de la verdad poderpobla -
En nuestro sistema sólo existen dos poderes institucionales; al margen de los grupos de presión: el ejecutivo y el judicial. Por eso es tan dañina la jugada de González. El sevillano no tiene límites a la hora de ponerse el mundo por montera, al servicio de su mitomanía, de su obsesión por el triunfo personal, aunque para ello tenga que introducir para siempre la sospecha en la magistratura, descomponiendo de forma culpable la credibilidad de un colectivo débil y mal organizado; que carece de la solidez propia de la catura de un verdadero sistema democrático. Es una artera jugada de poker. El magistrado Marino Barbero había logrado romper el cerco, la tremenda presión desatada desde la Moncloe, encaminada a hacerle abandonar su loable empeño por sentar en cl banquillo a los responsables, políticos y empresariales; de la trama de corrupción descubierta tras la delación del contable Van Schouwen. El informe de los peritos de Hacienda, delimitando de manera objetiva las irregularidades; daba pie para comenzar un proceso eficaz. González, al poner a su servicio un juez investido con el halo mítico de una imagen peliculera, pretende crear un estado de encantamiento público, un espejismo maniqueo, con elque divide al poder judicial en dos falsos bandos; de artificioso en canto popular, y sabor culebronero: el de los jueces buenos, en el que se alinean el propio Garzón y Ventura Pérez Mariño, convertidos así en los al presentarse las listas del PSOE yel de los jueces malos, a encasillar por el inconsciente colectivo como los perversos servidores dc la reacción conscrva dora. El <farol Garzón) nos indica 'judi-
vilización que contemplaba sa de sí misma la caida del muro de Berlín, se permitía el lujo de creer en cl final feliz de la Historia, en el falso mundo de Francis Fukuyama. El superhombre; libre de Dios, carcnte de imperativo categórico; desprcciador de la utopía solidaria del socialismo, dedicarse librcmcnte a <crear riquezas, en la armonía de un sistema guiado 'por el mito de la libre competencia y el egoísmo individual como fuente de emulación. Esa gran mentira la vamos a pagar muy cara La naturaleza humana es dual nuestra conciencia ética se debate entre dos El superhombrc que creía alcanzar el cielo en la tierra, al librarse del estorbo de las ideas, un monstruo insaciable; dispuesto lo que sea para vivir mejor los Nuestra sociedad está rrompida hasta la médula, porque la corrupción cstá en nuestra propia naturaleza; y sólo el esfuerzo contrario; la moral individual y social, buscadas continuamente como una aspiración ética, dc una ética construida sobre ideas y no sobre pasiones primarias, salvarnos de la barbarie . orgullopodía polos. que puede
Un demonio sin cuernos
El demonio anda suelto y no tiene cuernos ni rabo; tampoco tridente ni su piel es de color rojo. El demonio es el monstruo del mo, aliado con la ignorancia y la ambición ilimitada. Las masas In dignadas se están rcbelando en Italia, como bárbaros a las puertas de Roma, ante el descaro de quienes roban, protegidos por la inmunidad parlamentaria El pueblo paga con sus impuestos el espectáculo fastuos0 de las liturgias del poder, mientras sufre una tremenda recesión; producida por la presión especulativa que gobierna las rapaces cconomías de tres bloques enfrentados por el dominio del mundo. No solución dentro del sistema. Sólo la críti implacable y la acción colectiva por un compromiso ético con regeneración pueden detener la catástrofe. Lo contrario es aceptar pasivamente el sandio camino hacia el suicidio de una civilización que emulando, colectivamente; porta egoishay guiada está