El Burladero
DE CONTRARIOS SUCESOS
E L buen sentido no es la característica más destacada de nuestra historia, pero sí la que se enarbola más. Con esto de la huelga general de mañana, ha vuelto a circular mucho. Y, seguramente, con toda la razón.
Amando de Miguel habla de una huelga general «más bien particular». Pablo Castellano destaca su carácter político, aunque se convoque por una reforma laboral, precio pagado a Jordi Pujol por el apoyo al Gobierno. Aznar se asombra al ver cómo los que votaron a Felipe González en junio del año pasado le hacen huelga en enero re-
Jordi Pujol
de este año. Otros aseguran que los sindicatos no deseaban la huelga, pero que la necesitaban como alarde y demostración de fuerza para no desaparecer... Se podría pensar, pues, que todo será ruidoso e inútil, además de contradictorio.
Pero ocurre que las contradicciones están en nuestra vida, sin necesidad de seguir al hoy olvidado y denostado Gyorgy Luckács. ¡Qué mayor contradicción que ésa de ir a votar como si eligiéramos un primer ministro belga y que luego salga un caudillo caribeño! No me extraña nada que, visto lo cual, pida García Trevijano una separación de la elección presidencial y de la parlamentaria. Si tenemos un régimen presidencialista de hecho, tengámoslo de derecho; y de paso evitemos que el legislativo se convierta en séquito del ejecutivo.
El poder es como un tragón que deglute todo. Y así es que los pesimistas creen que también digerirá la huelga. Los optimistas del «todo va bien» esperan que contribuirá al desgaste filipino; y, si son de la especie aznarista, que eso acerca el momento de la sucesión ordenada, de las llamadas «previsiones sucesorias» (como bien podría decir Julio Anguita) o de las vanas esperanzas cortesanas, donde al más astuto nacen ca- nas, y que padecen los que tienen el ansia y la sed de los oficios. Tengo el indemostrable palpito de que Felipe González puede hacer la siguiente composición de lugar. Si fracasa la huelga, gana el Gobierno. Y todo sigue igual. Supongamos que la huelga es un éxito: en lo laboral habrá que negociar (diga ahora lo que diga el presidente); pero en lo político alguien puede pensar y preguntarse lo que en otro párrafo escribimos.
¿Si esto pasa con el PSOE en el poder -siendo o aparentando ser un partido así como de izquierda- qué no pasaría con el PP en el poder, siendo como es de derecha o de centroderecha? Lo cual refuerza el pesimismo de los que creen en la eternidad filipina. Algún amigo, en la derecha; algún otro, en la izquierda; muchos, en la estadística, que ven transcurrir en el duodécimo o doceno año triunfal. Y mientras, pueden seguir las cuentas sobre lo precario de nuestra coherencia o lo insuficiente de nuestra sindéresis. iz de
Pablo Castellano
Sentimientos diversos (miedo, amor, rechazo, nostalgia, conservación de lo que se tiene, etcétera) mandan cuando se vota y cuando se va o no se va a la huelga, y acaso pueden apartar a la razón. Y en ocasiones conveniencias concretas y contables, como dijo alguien cercano a la Moncloa: «Al final, buena parte de la derecha nos votará porque le somos rentables; la izquierda, porque Aznar le resulta impresentable y porque Anguita no es de este mundo»... Lo malo de los sofismas es que hay veces en que sirven para explicar situaciones planteadas de manera falsa, pero que duran y duran y duran... y
Víctor MÁRQUEZ REVIRIEGO
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Cuaderno de notas
EL TINGLADO DE LA ANTIGUA FARSA
R ESULTA esperpéntico que guerristas y felipistas se acusen a estas alturas, recíprocamente, de utilizar con fi- nes partidistas o de facción los fondos del Plan de Empleo Rural (PER). Los primeros han callado hasta ahora respecto a esos usos y no tiene sentido que se rasguen las vestiduras con el espectáculo de lo que siempre consintieron e incluso alentaron. Todo ello demuestra el grado de divi-
su trayectoria anterior. Hay que insistir, por si quedan ingenuos en España, que felipistas y guerristas han sido y si-
sión interna que se ha producido en el PSOE. Una división no ideológica, aunque el guerrismo trate de aparecer como situado a la izquierda de los llamados renovadores, sino basada en groseros intereses de poder.
La verdad es que unos y otros demuestran tener una bochornosa cara dura. Los dineros del PER tan abusiva' mente manejados son fondos públicos, y para nadie es un secreto que una buena parte del éxito electoral de los socialistas (es un decir) responde a esa compra sistemática de voluntades. y
Obsesionados con el próximo congreso federal, no dudan en tirarse a la cabeza todos los objetos que encuentran a mano. Guerra, por ejemplo, ha tenido la audacia de invocar una vigencia del marxismo, o el próximo retorno de esa vigencia, a propósito de la política desnaturalizada del Gobierno y su renuncia a los postulados de la izquierda. Con ello intenta tomar la bandera más ultrajada de este fin de siglo y actualizarla. Cosa terrible para la causa de esa izquierda ideológica, pues Guerra perjudica a todo lo que intenta servir, del mismo modo que ha deteriorado con sus desprestigiadas y desprestigiantes admiraciones la reputación de Mahler y de Antonio Machado. el por
Al guerrismo se le ofrecía ahora la oportunidad de arriesgar un poco en pro de la clase trabajadora en su conjunto, pero no ha exteriorizado el menor gesto en favor de la huelga general, cosa que sí ha hecho la corriente Izquierda Socialista. el
Reprochándole al felipismo la utilización política del PER, los guerristas de Andalucía olvidan escandalosamente toda guien siendo intercambiables. Hay una sólida identidad de fondo que no quiebra por el hecho de que haya surgido una crisis de reparto. Superada la cual, volverán en haz las banderas victoriosas al paso alegre de la paz.
De momento, cualquier argumento sirve para el intento de la descalificación recíproca. El despistado de Narciso Serra acaba de decir que sería paradójico o irónico no renovar un partido que ha servido para transformar a la sociedad española. Con lo cual, queriendo fusilar al guerrismo, le ha disparado un chorro de agua. Porque lo único que el felipismo ha transformado es la poca decencia que quedaba en la política nacional. Del brazo, por supuesto, de las mesnadas que capitanea don Alfonso Guerra, quien ya anunció en su momento, sin prever su lacerante realidad, que con el PSOE a España no la iba a conocer ni la madre que la parió.
Y ha sido cierto en el sentido más negativo de la palabra. Claro que también habría que extender ese juicio al propio PSOE, cuya transformación en una especie de escaparate de la nada no le faculta para sentirse positivamente renovador.
Una interpretación burlesca sobre el actual momento del partido es presentarlo como entregado de nuevo a sus antiguas divisiones entre caballeristas y prietistas. O sea, Guerra reencarnando a Largo Caballero y González a Prieto. ¿Habráse visto blasfemia política mayor? Los huesos de uno y otro se habrán conmovido en sus tumbas. Por muy mal juicio histórico que se tenga de aquellos líderes, habrá que reconocerles, al menos, alguna autenticidad socialista. Como auténtica fue la rivalidad que los separó hasta extremos de tragedia para la causa que en el fondo les unía. Comparados con ellos, González y Guerra componen un guiñol desesperante. O el tinglado de la antigua farsa.
Lorenzo CONTRERAS