El Burladero
PASA EL MAR
Por Víctor MÁRQUEZ REVIRIEGO
C UENTAN las económicas páginas abecedarias que la empresa constructora de los últimos yates de Mario Conde y Javier de la Rosa no anda bien. Pérdidas, disminución de la cartera de pedidos y despido de muchos trabajadores. Tan facilón resulta el artículo, que trataré de oscurecerlo, siguiendo en ello el consejo del maestro que, cercana la hora del mediodía, entraba en el valle de los juncos pensadores. Pero, claro, cómo no recordar que hasta Felipe González -que no me estará
Felipe González
leyendo- tal vez navegue ahora por las bajuras de Arenas Gordas, y en su día y su verano se embarcó en el «Azor», propiamente la llamada nave del Estado.
Nada más oscuro que los viejos símbolos. Y a ellos recurro para esclarecer todo. Juan Eduardo Cirlot une la caza y la navegación entre esas cosas que enloquecen el corazón del hombre, perseguidor del éxito social, acaso para olvidarse del enemigo que siempre lleva dentro. A su extraña y homérica manera, Ulises fue también un cazador de sensaciones que navegaba camino de ninguna parte, como en el viaje de Fernán-Gómez, para regresar al sitio de donde partió. Dichoso quien, como él, ha hecho un largo viaje para luego vivir entre los suyos el resto de su vida.
Esto del barco (pues lo de hablar de yates es cosa de pobres) tiene que ser, sin duda, muy importante. Lo fue para los argonautas del ideal, y, a lo que parece, no lo es menos para lo que algún malvado podría lla-
Cuaderno de notas ==
NO A LA «RAZÓN NACIONALISTA'
Por Lorenzo CONTRERAS
cribe la Historia.
Arzallus quiere una vida confortable y normal no sólo para los reinsertados sin sangre, sino
E STAMOS tan habituados a los mensajes estupefacientes de Arzallus que ya no producen los efectos de antaño, aunque conserven algunos. Ahora, ante la pretensión judicial de que los etarras reinsertados hagan frente con sus haberes a las indemnizaciones que merecen sus víctimas, el dirigente nacionalista se ha revuelto como un tiburón, alegando que ello haría casi imposible su devolución a la vida nor-
mal. Puede que sea verdad, pero siempre cabría arbitrar alguna fórmula para que quienes, sin delitos de sangre, merezcan la reinserción social, lleguen a resarcir. Arzallus aspira a convencer de sus argumentos, y no lo logra. Menos normal que la vida de cualquier beneficiado por la clemencia penitenciaria es lo de aquellos que soportaron el zarpazo terrorista. Lo que el líder nacionalista vasco sí consigue es persuadirnos de que la excarcelación de los presos etarras es una prioridad de su política y de la política de su partido. Así se explica que no invocara cenizas celestiales cuando Amedo y Domínguez obtuvieron el régimen abierto. Estaba en juego un trueque político pactado con el Gobierno, por más que su denuncia política y periodística quiera presentarse, por quienes pactaron, como una infamia. Así se es- mar los argonautas del pelotazo. Mi querido Luis Herrero, en un libro revelador y recomendable, «El ángel caído», describe la comisión exigida por Conde a Juan Abelló tras la venta del laboratorio familiar. Fue un «swan» llamado «Pitágoras», como el hombre del triángulo, de la armonía y de la música de las esferas. Abelló contó a Luis Herrero:
-Me hace un chantaje afectivo claramente inmoral. Pero él sabe que yo soy un «gentleman» y, conscientemente, abusa de mí.
Para más información, léanse programas de mano, como se decía en las antiguas ferias. En este caso, el libro; revelador, como dije, y no sólo por lo que en él se ha destacado de investigación y novedades, sino por algo para mí mucho más significativo. Como sin darle importancia, a lo largo del relato embebedor que no embobador, suelta el autor un conjunto de pequeños hechos que son definidores de cómo está el patio y de quiénes navegan por la espuma de ios días de nuestra madre España (y parte del extranjero, que algo sale también de Italia). No son detalles ornamentales, y sí acaso restos del naufragio. Como aquellos cajones rotos, desvalidos sombreros y fruta fallecida que flotaban en los puertos chilenos de las navegaciones y regresos del poeta de Isla Negra. No sé si habría pitagóricos cisnes por aquellas riberas. Recuerdo del puerto del Valparaíso los enormes pelícanos, en aquella aguas que se habían resignado a la inmundicia y a las huellas digitales del aceite...
también, cómo no, para los sanguinarios. Los nacionalistas de su estirpe aspiran a que la Historia se reescriba no tanto en clave de reconciliación como en clave de capitulación política de España ante la «razón nacionalista». Pretenden que lo ocurrido hasta ahora, toda la sucesión de crímenes y atrocidades, esté enmarcada en los términos de una guerra ni siquiera civil, de una guerra clásica entre un pueblo que desea emanciparse y otro que lo oprime. De esta manera se llegaría a una paz también clásica, en la que, a cambio de un silencio temporal de las armas, la Justicia y hasta la gloria estaría de parte del presunto oprimido. Los callejeros de las ciudades vascas no tardarían en rendir homenaje a los nombres de unos supuestos «gudaris», liberados del baldón de- haber matado alevosamente a tantos cientos y cientos de personas inocentes e indefensas.
Pero lo que, en realidad, procede es perder el complejo histórico frente a los nacionalismos (igualmente ante el catalán) y saber darles la dimensión histórica menor que tienen, su carácter de invención ideológica inscrita en una circunstancia que
ha servido de punto de partida para una gigantesca tergiversación de la realidad nacional, que no nacionalista. Lo ha dicho lúcidamente en El Escorial e¡ abogado Antonio García Trevijano, del que no se podrá pregonar una carencia de ejecutoria democrática.
Urge recuperar en este final de siglo, que tantas evocaciones trae de una profunda crisis de la moral patria, la idea de una España reafirmada y decorosa frente al aldeanismo nacionalista, que sólo sería de opereta si no hubiese hecho durante tantos años una disculpa del crimen.
ABC (Madrid) - 18/08/1994, Página 26 Copyright (c) DIARIO ABC S.L, Madrid, 2009. Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa, a salvo del uso de los productos que se contrate de acuerdo con las condiciones existentes.