El Burladero

EN EL NOVICIADO

Por Víctor MÁRQUEZ REVIRIEGO

N O pudo elegir mejor sitio Antonio García Trevijano para la presentación de su libro que el paraninfo de la vieja Universidad Central, en el antiguo noviciado de los jesuítas. La obra tiene un muy largo título que dice así: «Del hecho nacional a la conciencia de España o el discurso de la República». Pero bien hizo el autor en recordarnos la conocida frase de Terenciano Mauro cuando señaló que los libros tienen su destino (más les sonará a ustedes en latín: «habent sua fata libelli»).

Enrique Múgica

El destino inmediato de este libro va a ser nominalmente platónico: la gente lo llamará el libro de la República; aunque sea, como quiere ser, más un libro sobre la democracia, según señaló allí José Luis Gutiérrez. Era el leonés uno de los tres directores de diarios nacionales presentes y presenun de tadores, junto a Pedro J. Ramírez, que aquella noche celebraba su primer quinquenio mundanal, y Luis María Anson, de este periódico en el que un padre republicano me enseñó a leer y que cumple sus celebraciones por siglos (el diario ABC, y no mi padre, que desgraciadamente murió joven).

Pero vamos al acto, que el espacio es poco. No me sorprendió lo dicho por Trevijano. En un debate triunfal, moderado por Alonso de los Ríos, ya sostenía, y era aquello en el verano de 1976, lo ilusorio que resultaba hacer una democracia desde la negación de la democracia, en la que hasta entonces se ha- bía vivido. Compartían mesa con él -que no ideasJoaquín Ruiz-Giménez, Raúl Morodo, Enrique Múgica y Armando López Salinas. Joa-

Vuelvo al acto. Lo declaró su protagonista trascendente y creo recordar que incluso histórico. También memorable, en cuanto que reunía las características indispensables de solemnidad y ridiculez; la primera aportada por los millares de personas presentes, y la segunda por los críticos ausentes. Más que eso a mí, que ya a todas partes asisto sólo de oyente, me pareció más bien y en su hermosura, que la tuvo, un acto que quería proyectarse al siglo XXI, desde un marco del siglo XIX. Magnífico Trevijano en su saber estar, que tiene esa ventaja de los calvos, ausente en ellos el testimonio temporal y delator de las canas. No parece haber nevado en su alma ni en su cabeza, vitola de personaje barojiano, y lo recuerdo igual en el «pub» Dickens, en los tiempos del diario «Madrid», en su despacho de Carbonero y Sol o firmando un talón de dos millones o así para la Junta Democrática en el cercano restaurante Jai Alai... Pero otra vez estamos en los recuerdos. Y es que por mí sí pasan los años. A veces pienso que hasta los siglos, y acaso por eso me encuentro tan a gusto en este periódico pronto secular, cuyo director llegó allí con el espíritu de los mártires: dispuesto a dar testimonio de su fe monárquica. en de sede Y y del cercano que

= Cuaderno de notas

IMPERTÉRRITOS

Por Lorenzo CONTRERAS

V ISTO y no visto. Javier de la Rosa en la cárcel e inmediatamente, como no podía ser menos, Miguel Roca, secretario general de Convergencia, que advierte a los socialistas: «O todos impertérritos o habrá elecciones anticipadas.» En otras palabras: «Todos quietos, pues de lo contrario se acaba el idilio, el matrimonio y la sociedad de gananciales.»

Dicen que Roca hablaba de manera lo esencial. Como debe ser. Porque, de lo contrario, todo va a ser hoguera. Y se irían al diablo muchos ense-

informal. Lógico. Estas cosas tan gruesas no se pueden formular solemnemente. Hay que decirlas con la inmensa seriedad de la advertencia velada. Hasta aquí habéis llegado, felipistas, pero ni un milímetro más. Habéis excitado el celo del fiscal, habéis hecho posible que el amigo íntimo del «honorable» vaya a la Modelo, pero Convergencia es otra cosa. Pujol es otra cosa. Vosotros, filesios, tentaos la ropa.

Por consiguiente, a callar todos, mientras don Javier cumple su purgatorio en la trena. Después de los incendios forestales de Cataluña, el incendio del escándalo político. Pero esta vez con cortafuegos. Arden unas cuantas hectáreas de prestigio, de credibilidad, de decencia presunta y, al final, los bomberos de la Generalidad preservan de res valiosos, esos intereses modelados con el arte de la transacción bético-fenicia. Tanto tiempo intercambiando guiños de complicidad para entregar finalmente al enemigo político la obra maestra de la gobernabilidad inimitable. Eso no puede ser.

Y no será. La financiación ilegal de los partidos ya tiene sus monumentos. No hay que añadirle otro. Los filesios le han dicho a los fenicios que fuera preocupaciones. Que la comisión investigadora de las cuentas y financiaciones de los partidos políticos ya ha tenido en el pasado materia con la que entretenerse.

Lo malo es que, cuando oficialmente se da por cancelada la «cultura del pelotazo», la última grieta del edificio se cierra en falso, como tantas otras historias que no consiguen llegar a sus actos finales. Dejan, eso sí, una estela de intriga, de ilimitada especulación, de sospecha inextinguible. Los romances truncados se perdían en situaciones abiertas donde la imaginación del lector trabajaba. Era un plus de emoción por cuenta ajena. Sólo que ahora, estos romances indecorosos, por

truncados, sustituyen la emoción lírica con las tormentosas divagaciones de la novela negra.

El felipismo, como su acompañante el pujolismo, no es seguro que pierdan pronto el poder. Pero habrán perdido, han perdido ya, la justificación histórica de la decencia indispensable. Van a convertirse en el gran mausoleo de la honradez difunta. Un Taj-Mahal a la española que, por encerrar una inmensa galería de pecados sin expiar, dejará a las futuras generaciones, más bien a las inmediatas, una larga posibilidad de investigación.

ABC (Madrid) - 22/10/1994, Página 32 Copyright (c) DIARIO ABC S.L, Madrid, 2009. Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa, a salvo del uso de los productos que se contrate de acuerdo con las condiciones existentes.