f SU VENENO
constructor de muñecas y juguetes mecánicos.
Su personalidad más inconfesable es muy semejante a la del Golem, ser construido de palabras, a través de los arcanos de un arte gramatical. En su caso, la ficción bien real de su identidad política se convierte en un ser sin rostro que cambia continuamente de máscara, para perder a sus adversarios y preservar las estancias vacías donde se ejerce, en solitario, el poder de continuar ocultando la realidad con nuevas palabras, nuevas mentiras, con las que intentar alargar las pasiones de la ignorancia, el olvido, la ilusión ficticia donde él enquistó su existencia y su poder absoluto. Flores de papel de un herbario marchito.
Esa estatua de sal que Mitterrand ha construido de sí mismo sólo puede contemplarse con los ojos ciegos e inmóviles. Si se mira hacia atrás, se corre el riesgo de contemplar un campo de. ruinas morales y cadáveres ideológicos y políticos. Si se mira hacia adelante, se descubre el espectáculo horrible de los hijos dispuestos al parricidio, los hermanos que no han olvidado la herencia de la que fueron despojados sin piedad, los compañeros de viaje que se levantan de las cruces donde fueron crucificados, para pedir justicia.
La muerte y el sacrificio de Sócrates y Jesús fundan nuestra civilización, afirmando la perennidad de la palabra y la ética contra el pillaje y el poder de los demagogos y los fariseos, envenenando la palabra y la moral pública. Mitterrand pertenece a la muy otra especie de los hombres sin fe conocida, capaces de comprar, vender y filtrar palabras para mejor servir a sus intereses privados. Su modelo no tiene ningún interés en el terreno de las ideas políticas, donde se sirvió de todo, y lo contrario, para alimentar la voracidad de sus pasiones personales. Su modelo si es un arquetipo de los riesgos que corre una sociedad industrial avanzada, caída de hinojos ante el aventurerismo de un solo hombre, Golem y Flautista de Hamelín, a un tiempo, pervirtiendo y emponzoñando las aguas y las fuentes donde echan sus raíces los hombres y los pueblos, las palabras.
Juan Pedro QUIÑONERO
ZIGZAG
Los jueces deben actuar contra HB
Nadie ignora que la siniestra coalición de extrema izquierda Herri Batasuna presta colaboración «ideológica» al terrorismo etarra y que en la coordinadora KAS, a la que pertenece, se encuentra la cabeza de la serpiente asesina, la «X» que hay que despejar. Habría con esto razones jurídicas para ¡legalizar a Herri Batasuna si no lo desaconsejaran estrictas razones de prudencia política. Pero ya no es sólo esto. Si se confirma, como parece, que en la sede de la coalición HB se preparaban explosivos para los atentados etarras y considera que fueron detenidos jóvenes de los comandos «Y» de ETA, ya no se trataría sólo de apoyo político sino de colaboración activa en el terrorismo. Por eso el ministro Juan Alberto Belloch pudo decir con toda la razón ayer, que los jueces deberían actuar contra HB si se confirman estos hechos. Políticos, jueces, policías y ciudadanos son, cada uno a su manera, corresponsables. Es cierto que sólo las personas físicas y no las organizaciones pueden delinquir, pero eso no impide que jueces y fiscales actúen de oficio contra todos los responsables de la comisión de hechos delictivos y éstos no son sólo los que aprietan el gatillo o accionan la carga explosiva. El Estado de Derecho tiene sus límites pero está lejos de ser un Estado inerme. Es la hora de los jueces.
ADRIANO
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ABC SEVILLA (Sevilla) - 09/05/1995, Página 19
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Escenas políticas
LA CONSPIRACIÓN
Y A está otra vez don Felipe González a vueltas con la conspiración contra el PSOE. Se conoce que vive aterrori-
Presidencia de la III República. Sexto, ya ha triunfado la conspiración, y penetra por las puertas de la Historia la ambu- zado por una supuesta conspiración judeo-masónica, o nazi-fascista, o liberal-conservadora, o marxista-leninista, o republicana y antiborbónica. La última conspiración que salió a relucir en la Historia de España fue la que organizó Antonio García Trevijano, más conocido co-
mo «el Trevi» en las covachuelas de los conspiradores de profesión, para alzarse con la presidencia de la III República española con la colaboración en el motín de Luis María Ansón, que ahora se firma «Ansón» para despistar a los sabuesos constitucionalistas, Pedro J . Ramírez, Pablo Sebastián, que ahora borda la bandera tricolor vestido de «Aurora Pavón», y Raúl del Pozo, que está empeñado en jugar una mañana al golf con Su Majestad el Rey.
Esa famosa conspiración fue descubierta y abortada en el verano por el famoso espía legitimista José Luis de Vilallonga, ars longa y mano también, establecido cautelosamente en tierras de Francia, París y por ahí, al denunciarla en las páginas de «La Vanguardia» y luego en las de «El país» gracias al riesgo que tan heroicamente corrieron los leales don Javier de Godo y don Jesús de Polanco, salvadores de nuestra Monarquía en el último y grave peligro que ha corrido y que ha superado. José Luis de Vilallonga desveló las sucesivas fases de la conspiración, que tenía, al mismo tiempo, carácter antimonárquico y antifelipista. Primero, se desprestigia a Felipe González, mediante el procedimiento de borrar de la Historia todo lo que ha hecho el felipismo. S e gundo, se presiona para que convoque elecciones generales anticipadas. Tercero, se forma un gobierno Aznar, mucho más débil y manejable por los conspirados que el tradicional y largamente experimentado gobierno González. Cuarto, el Rey abdica en el Príncipe Felipe, que llegaría al Trono ayuno de toda experiencia. Quinto, se prescinde de Aznar y del Rey, y se instala García Trevijano en la lancia de los loqueros.
Como habrán adivinado ustedes, queridos lectores, nos encontramos en estos momentos en la primera fase, o sea en la del desprestigio. En la conspiración antifelipista ya figuran muchas más personalidades que en un principio. Ya no están sólo García Trevijano, Ansón, Ramírez, «Aurora Pavón» y Raúl del Pozo. Se han incorporado Martín Prieto, Paco Umbral, Antonio Herrero, Norma Duval, Lendoiro con la plantilla del «Dépor», los intelectuales del «Manifiesto», los ciento cincuenta novelistas de Carmen Romero, que ya se niegan a ir a la «Bodeguiya», el ujier de la coleta, el ordenanza del pendiente, el Chato de Málaga, Lola la Piconera, Vizcaíno Casas, Manolo el del Bombo, Fran Rivera, Antonio Burgos, Tip y Coll menos Coll, Ricardo y Nacho, Ana Belén, Vázquez Montalbán, el juez Baltasar Garzón, la novia de Luis Roldan, «Tomatito», Marta Ferrusola, García Damborenea, los fletaneros gallegos y muchos más.
Y se espera que de un momento a otro se incorporen a la conspiración el barón de Montesquieu, los Doce caballeros que acompañaron al Cid en el destierro, los Trece de la Fama, los cien caballeros de Isabel la Católica, los mil quinientos gaiteiros de Fraga, las once mil vírgenes, los cien mil hijos de san Luis, el millón de muertos de la guerra civil, la generación del 98, el jardinero de los bonsáis, el karateka de Laos, el sobrino de Paesa, el obispo de Mondoñedo, la hija apócrifa de Miguel Boyer, los dieciséis hijos de Ruiz-Mateos, los cuatro millones de parados, el alcalde de Móstoles, el cura Merino, incluso el duque de Alba, la Massielona, el doctor Cabezas, «Imperioso», la «Albóndiga», el tambor del Bruch, el héroe de Cascorro, Paco el de la Bomba, las mujeres de Almodóvar, y el cronista, servidor para lo que ustedes quieran mandar, todos menos Ramoncín.
Jaime CAMPMANY