LOS ALCALDES
EL MUNDO. 09-05-1995
FRANCISCO UMBRAL
http://fundacionfranciscoumbral.es/articulo.php?id=2540
Bobos, maricones, caciques, ladrones, prevaricadores, traficantes. Todo esto y más les dicen sus vecinos a algunos de los alcaldes que concurren a las elecciones. A Mario Arias, alcalde de Fonsagrada, Lugo, lo sacaba este periódico zarandeado por un vecino. En la izquierda y la derecha, o, para ser más exactos, en el PSOE y el PP, conozco alcaldes trincotrileros que se lo han montado en unos años de alcaldía. No son todos, claro, pero lo que importa es la tendencia, la costumbre, que se ha convertido en uso. Hormaechea, un suponer, empezó paseando un león por Santander y de alguna manera sigue simbolizando al PP en Cantabria, activo y beligerante. «Me han dicho de todo, menos bobo y maricón», dice el alcalde canario de La Oliva, que es marqués. Nuestros alcaldes principian predicando reparto y escuela bajo la olma dominical, y suelen acabar guarnecidos de civilones y meados por el vecindaje. El otro día dedicábamos aquí una columna a los caciques. El cacique a veces es la misma persona con el alcalde, pero otras no. El cargo de cacique no tiene por qué confundirse siempre con el de alcalde. A veces son dos a robar. Al pueblo le conviene más que sean la misma persona, porque así roba uno solo. Dice Raúl del Pozo (cuya nueva novela espero con pasión): «En España, frente a la dejación, la cobardía y el colaboracionismo de las clases dirigentes, han surgido a veces alcaldes valientes y dignos». En Madrid tenemos ahora un alcalde loquitonto, Alvarez de la cosa. El no es malo en sí. Lo malo es que va a ser reelegido. Manuel Torres, Josefa Babiano, José María Peña, Ramón Vaqué, Avelino Fernández, Luis Cartagena, etc., son algunos de los alcaldes con pasado borrascoso (bogascoso, decía María Félix), que reinciden el 28, o sea que se presentan. Están muy repartidos entre el PSOE, el PP y los independientes. Entre unos y otros azotan las provincias de Cádiz, Ciudad Real, Burgos, Barcelona, Pontevedra, Alicante y en este plan. Yo pienso que Hormaechea en Santander y Peña en Burgos son la derechona rampante en su expresión franquista, en su síntesis integrista y culpable. Y me quedo corto, porque con Franco guardaban más las formas. Lo que no se explica uno bien es por qué José María Aznar no se ha deshecho ya de esa gente. O no tiene tanta energía como dicen, Aznar el del carisma, o hay compromisos secretos, males sagrados, corrupción, que mantienen vigentes tales figuras en el naipe de la derecha. Burgos es una ciudad donde no hubo guerra civil por cuestión de unanimidad. Todo era derecha. De modo que la cosa no viene de ahora. Mover a Peña es más difícil que desplazar unos centímetros la grandiosa catedral, cuyas luces góticas se encienden para el turista, por la noche, si vas a la tasca de al lado, pides un tinto con tapa de fletán y dejas propina. Los independientes supone uno que deberían ser el momento mágico de la democracia natural: un hombre sin partido, que confía sólo (y quiere que confíen) en su pana y su conducta. Pero luego ocurre que roban como los otros o son submarinos de un partido, al que en seguida se venden. Lo siento por mi amigo Trevijano, pero la democracia natural también se pudre por do más pecado había. Cuando allá por el Cristo, en las pueblas de España se celebran las fiestas despeñando una cabra por el campanario o poniéndole banderillas de fuego a un toro republicano y de izquierdas, yo pienso que el animal es la víctima vicaria, el alcalde en figura de macho cabrío o berrendo en hambre, que es lo que quiere significar el rito. No somos Las Antillas, pero nuestro triste trópico son los alcaldes de Calderón y Lope, que siempre se pasan. La democracia natural, en la España profunda, consiste en linchar al alcalde. Y a veces con razón.