Los Episodios Nacionales

El buñuelo de viento

Ljueves; a las cuatro de la tarde, me cons tituí heroicamente delante del televisor dispuesto a tragarme toda la sesión mentaria. Ya sabía yo que en el asunto de las escuchas, don Felipe González no iba a decir nada nuevo. El césar había echado por delan te a Narcís Serra como un escudo humano des tinado a pararle el golpe primero; que es el que más duele, y el hecho de presentarse en el Congreso con los dos cadáveres al hombro; el cadáver insepulto del vicepresidente y el cadáver de añadidura del ministro de Defensa, era una señal inequívoca de que el señor presidente del Go bierno daba el caso de las escuchas por cerrado. parla - iQué revelaciones impensables podía ofrecer González para añadir a la sarta de mentiras ofi ciales y de embustes desfachatados que ya había ofrecido Narcís Serra? Ninguna Cualquier reve lación que excediera de la hipócrita versión ofi cial podía costar la vida del artista. Por otra par te, don Felipe González; en un ejercicio impensable de cinismo político; había encarga do la investigación de las gravísimas irregularidades producidas en el Cesid precisamente a la misma persona que las había perpetrado, autori zado 0 permitido. El teniente general Emilio Alonso Manglano; jefe superior del Cesid es el responsable directo; por comisión u omisión, por diligencia 0 negligencia, de los graves sucesos del Cesid, verdaderos atentados a la Consti tución; a los derechos fundamentales de los indi viduos y a la esencia misma de la democracia. Y esos hechos, la primera provisión que se le ocu rre es la de encargar la investigación del caso al teniente general Alonso Manglano. Lo dijo el diputado Julio Anguita con frase expresiva que se había repetido durante esos días. '~Eso que ha hecho el señor González Márquez ner la zorra a vigilar las gallinas' Hubo lo dijo con frase aún más dura. 'Eso es encargar al atracador la investigación del atraco Yel señor Aznar recordó que el general Manglano se haIlaba en esos momentos acusado de tres delitos graves, interceptación de comunicaciones das, malversación de caudales públicos y preva ricación. quien priva-

N tales condiciones; los resultados de la investigación eran perfectamente presumibles. Don Felipe González es un santo que se enteró de las escuchas por la prensa. En todo caso, sería informado de los resultados de las pesquisas del Cesid, pero no de los métodos utilizados para su obtención. Ni siquiera se puede culpar al señor González del nombramiento de Alonso Manglano; porque lo único que hizo don Felipe fue ratificar el nombramiento hecho por el gobierno anterior. Era una manera de decir

Ramón Cotarelo, el Ioro felipista , amasaba con energia las tetas de una Iozana moza que le acompañaba en el palco Y hemiciclo en el flotaba un enorme buñuelo de viento que las reclamaciones; en cualquier caso; al maes tro armero, 0 sea, a don Leopoldo Calvo Sotelo. Don Narcís Serra es un arcángel sin mácula, ser culpa ni negligencia alguna. Y Julián García Vargas -y en eso es posible que tuviera toda la razón el señor González- es un ser que habita en el limbo de los seres que no tener ni tienen méritos ni pecados. El señor García Vargas es un alma de cántaro, un bobalías, un buen Juan, un avutardo; que diría Torres de Villarroel, un celestial 0 un cantimpla, en definitiva; uno que no se entera y que permanece por los siglos atra sado de noticias. Ni siquiera Alonso Manglano merece acusación alguna. El director general del Cesid es el responsable organizativo y funcional del organismo; y ve cómo se escucha; se graba, se ficha, se archiva; se sustrae, se saca del edifi cio; se copia; se devuelve el original y se revela un material obtenido ilegalmente y cuyo conteni do nada tiene que ver con la seguridad nacional, y que sólo servir para información del ejecutivo con beneficio personal del presidente 0 del partido. ;Admirable! un pueden puede

OS restos de Narcís Serra y García gas descuartizados por los leones de la cámara fueron echados por González al centro del hemiciclo, más hemicirco que nunca; y allí se acabó la historia de las escuchas. Caso cerrado. Al menos, pensaba yo, nos enteraremos ahora de la trama de la famosa conjura contra el Estado, la trama negra contra la liber tad, el nuevo contubernio de Munich; el pulso al sistema, el golpe de Estado denunciado por Felipe González, centinela de la Democracia. Para algo serio habrá servido el Cesid! Seguramente, para descubrir y abortar la conjura antifelipista, antidemocrática y antimonárquica. La cosa viene de lejos. La cosa viene desde aquel artículo veraniego de José Luis de Vilaen el que se metían en Ja misma cama conspirativa Antonio García Trevijano y Luis María Ansón, Pablo Sebastián y Camilo José Cela, Raúl del Pozo y José Luis Martín Prieque en cambio ha salido más monár quico que el general Martínez Campos y que mi entrañable musolari Alfonso Ussía. VarIlonga luego to,

Bueno, pues tampoco: La sesión avanzabaDon Joaquín Molins volvía a decir aquello de Así no podemos seguir' Don Narcís Serra se sumía en una teoría de nández Sito en los escaños de la derecha. Leía, ausente y ensimismado; Alfonso Guerra en los escaños de la izquierda. Ramón Cotarelo le amasaba enérgicamente las tctas a una moza que le acompañaba en un Yen el aire del hemiciclo flotaba un enorme, hinchado, huero y gigante buñuelo de viento. palco.